Maniac Meat Maniac Meat

Álbumes

Tobacco TobaccoManiac Meat

6.3 / 10

Tobacco  Maniac Meat ANTICON / GREEN UFOS

Está claro que los puntos geográficos marcan a las personas, de la misma manera que lo hace la posición de los planetas en el momento del nacimiento. En mi búsqueda por encontrar alguna justificación contextual al sonido de Tobacco he aprendido un montón de cosas del Estado de Pensilvania. Este señor del que poco se sabe, a parte de que se llama Tom Fec y que es oriundo de Pittsburg, comenzó su andadura musical liderando la formación Black Moth Super Rainbow. Fue en ella donde aprendió a manipular el sonido (siempre fiel al dogma analógico) para conformar un híbrido de pop brumoso y psicodelia fría. Antes de continuar con el señor Tobacco, volvamos a Pensilvania: estado fundacional de la nación de Coca-Cola, bañado de ríos navegables, amplias explotaciones agrícolas y calado de frondosos bosques atlánticos es, junto con Iowa, hogar para las comunidades amish de América del Norte. De esa gente que va en carro, que no sabe lo que es el wi-fi y que viste como La Casa de la Pradera tenía una idea muy sectaria y ortodoxa. Sin embargo, los anabaptistas (los amish lo son) sitúan la aceptación de la doctrina en la edad adulta. Antes de eso, en la adolescencia, les dicen a los chavales: “Id, descubrid el mundo que os rodea y, si os gusta, no os bauticéis”. Ellos han crecido sin electricidad, pero yo ahora sudaré sangre para que el Vaticano me dé la apostasía…

Otras de las bases de la doctrina amish, además del rechazo tecnológico que les ha hecho famosos, es el pacifismo. Mientras el planeta se da de hostias por dominar los recursos naturales para exprimirlos, esta gente ni siquiera obliga a sus niños a adoptar su religión. Ahora mismo, esta gente me cae de puta madre. ¿Y qué tiene que ver todo esto con este “Maniac Meat”? Bien, este disco, así como el primero de Tobacco ( “Allegheny White Fish” cuenta a medias como disco porque resultó de rescatar esas casetes que atesoramos desde la adolescencia más por cariño que por valor real), tienen en su sonido y en sus formas algo del manierismo amish: veneración analógica como forma de rechazo tecnológico en plena era digital y algo parecido al pacifismo. El sonido llama la atención porque sus texturas abruman, aturden y desconciertan, pero jamás lo hacen violentando los sentidos, apelando a despuntes de intensidad o crestas de volumen. Hay algo pacíficamente lineal en un disco donde los sinónimos de “exacerbado” no tienen cabida. Algo que recuerda mucho a la sensación que da estar frente a la inmensidad majestuosa de un paraje natural: transmitiendo paz no puede dejar de conmoverte. Debe ser justo lo que comunican esos frondosos bosques de Pensilvania.

Por supuesto, todo esto es extrapolable al sonido de BMSR y es aquí donde cojea el invento. El sonido que ha conseguido el hombre con la cabeza de pelota de baloncesto es tan genuino como el señor del anuncio de Malboro; pero siempre es el mismo. Y aunque él haya querido marcar la diferencia entre su banda y su proyecto en solitario con categorías estilísticas diferentes –lo de BMSR era más indie pop, lo de Tobacco tiene más que ver con el hip hop– las texturas crujientes, turbulentas y nubladas (ni la presencia de Beck en “ Fresh Hex” y “ Grape Aerosmith” ha conseguido traer un cálido rayo de sol al disco) pesan más que las estructuras y las bases. Quizás es por eso que, a oídos de servidora, lo más valorable del disco se encuentre donde los bombos y cajas acercan más la fórmula al hip hop, como en “ Stretch Your Face” o “ Nuclear Waste Aerobics”. Si no son los bombos y cajas, son las líneas de sintes que encontramos en “ Six Royal Vipers” y que sirven de guiño a la actual escena “beat-electrónica” aproximando el resultado de nuevo a la escena hip hop. También hay mucho loable en este disco que recuerda a Beck y su “Loser”; y no es precisamente en los temas en los que aparece el californiano. Las cadencias entre perezosas y vacilonas de “ Motorlicker” o de “ Overheater” son un ejemplo claro. De esta última hay que decir que es una lástima que no dure tres minutos más, pues el continuum de ruido blanco hibridado con ese particular ritmo hace que gires tu pulgar hacia arriba sin pensarlo. Como en “ Sweatmother”. Y es que, a pesar de ser valedor del ruidismo, Tobacco tiene en la sencillez, muchas veces, su mejor aliado.

Mónica Franco

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