Manafon Manafon

Álbumes

David Sylvian David SylvianManafon

8.8 / 10

David Sylvian  Manafon SAMADHISOUND

Un buen día David Sylvian se fue a vivir a una montaña de Nueva Inglaterra para dejar atrás su pasado como icono new romantic y dar un volantazo radical a su trayectoria en solitario. Harto de la popularidad heredada de un pasado épico y de las exigencias creativas de sus antiguos fans, saturado después de una ambiciosa y multiforme andadura fuera de los márgenes de Japan, Sylvian sorprendió al mundo en 2003 con “Blemish”, bellísima obra de reinvención artística basada en la conjugación de ambient, electrónica experimental, avant-pop, improvisación y avantgarde, territorio hostil para todos aquellos que seguían esperando un regreso a los tiempos de Japan o, cuando menos, una prolongación de los discos más accesibles firmados con su nombre. Ese álbum era una pirueta radical en el entorno sonoro de un autor como él que, si bien ya se había aventurado por territorios arriesgados y fronterizos con la heterodoxia, fue en esta apuesta abismal donde empezó a despojarse de todo lazo con el pasado e incluso con el presente.

Desde entonces, Sylvian se ha movido a sus anchas en ese terreno, sin presiones ni injerencias externas, conduciendo con mano firme su propio sello, Samadhisound, colaborando con algunos artistas de renombre dentro de la escena experimental y asentando su nueva posición en el mapa del pop avanzado. Y como parece que el músico británico nunca está cómodo parado o establecido en un sitio, ahora en “Manafon”, su primera grabación en solitario en estos cinco años (sí publicó con Nine Horses, su proyecto paralelo, harina de otro costal, igual que aquel “When Loud Weather Buffeted Naoshima” compuesto para una instalación multimedia), vuelve a desmarcarse de su propia estela para desaparecer en un borroso, duro y exigente pozo de música improvisada, free-jazz y electrónica minimalista que así, en su primer impacto, asusta y desconcierta.

La impresión que se tiene cuando uno escucha este disco es que Sylvian ha querido desconectar por completo de sí mismo. La estructura, musicalidad, ritmo y dinámica de “Manafon” se basa en la improvisación y el silencio, dos atributos que hasta hoy no habían ejercido de piedras angulares de su discurso. Es como una versión más abstracta, seca y compleja del debut en solitario de Mark Hollis, el que fuera cantante de Talk Talk, otro de esos discos-milagro que sirven para aislar, todavía más, a un creador huraño y hastiado del mundo. Como le pasó a Hollis, este es un lenguaje nuevo para el autor y, sobre todo, para sus seguidores y, también, un sonoro ‘take it or leave it’ que ahuyentará a muchos. Así como “Blemish” contenía resortes melódicos y cierta estructura en las canciones, a pesar de que ya por entonces se incluían argumentos rupturistas y fragmentadores muy explícitos y evidentes, en este nuevo disco apenas queda nada de eso, la línea argumental es la voz de Sylvian, punto de apoyo durante todo el recorrido de los instrumentos. El artista se ha rodeado de amigos y colaboradores como Fennesz, Otomo Yoshihide, Evan Parker o Sachiko M, entre muchos otros, para pulir al máximo sus intenciones, que no son otras que dejar que los instrumentos (una guitarra acústica, un piano, un laptop…) digan la suya sin levantar la voz más de la cuenta, armando pequeñas piezas de cámara por debajo de la voz, siempre melancólica y cautivadora, de un Sylvian especialmente involucrado con sus letras y su capacidad expresiva como cantante.

El que avisa no es traidor: “Manafon” es una putada de disco. No hay guión melódico, no hay ningún amago de estructura ni tampoco hay rastros de musicalidad. Necesita, exige, demanda atención y absoluta participación del oyente, que se convierte en cómplice activo de un experimento incómodo pero precioso, prueba de fuego para fans impacientes y nostálgicos. Opaco, poco comprensivo, este nuevo David Sylvian juega con los límites de la paciencia y puede llevar a más de uno a la exasperación y a la desesperación. Hay que darle tiempo y escuchas. Si se supera la primera fase de inquietud y nerviosismo, el premio está plenamente garantizado.

Julio Pardo

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