Man Made Machine Man Made Machine

Álbumes

Motor MotorMan Made Machine

6.6 / 10

La mugre, la grasa, el aliento cargado de cerveza, la lengua de esparto, los sudores de la coca… La noche puede ser a veces un camino sembrado de serpientes y vísceras. Una guerra para lo que no todos están preparados y que solo legionarios del calibre de Motor saben librar sin miedo, desenvainando la espada con el orgullo de los cruzados que fueron a luchar contra la morería. Bryan Black y Oly Grasset se mueven como anguilas en las tinieblas del electropop con crepado y maquillaje. Les gusta el miedo. Se pirran por las voces cavernosas. Quieren mugre, grasa, halitosis, sequedad bucal y transpiración farlopera en el mismo pack, y lo consiguen a base de postales industriales y synth-pop afectado de guerrilla en clave 80s. El dúo francés ya dejó claro lo que se nos venía encima cuando el año pasado publicó el single que da nombre al disco, un corte muy revelador donde participaba, en calidad de cantante, ni más ni menos que Martin L. Gore, de Depeche Mode.

No se trata de un featuring gratuito, pues Motor fueron los teloneros del legendario grupo durante el accidentado Tour Of The Universe. Es más, “Man Made Machine” es un álbum cocinado durante el hiato obligatorio que se vivió en la gira por culpa de una inoportuna enfermedad de Dave Gahan. De ahí surge un amplio recorrido por todos los tics bailables de la electrónica pop más teatral y lóbrega de los años 80s. No es casualidad tampoco que aparezca por ahí también Gary Numan haciendo gárgaras en “Pleasure In Heaven”, una aplastante mezcla de electropop estilo túnel del terror y efectos de siderurgia al cuadrado; gran tema. Y qué decir de la inclusión de Douglas McCarthy en la luciferina “The Knife”: hard techno, voz de posesión demoníaca y vomitonas EBM con tropezones y todo. Con tres capos de la laca y la hombrera como estos, poco se puede añadir para describir los contornos de este artefacto; Black y Grasset actualizan la obra de Depeche Mode, Nitzer Ebb y similares aportando un filo más digital y enriquecedor a un discurso cuya capacidad inspiradora sigue intacta casi tres décadas después de su alumbramiento. Los 80s son eternos, como el Barça.

De modo que “Man Made Machine” cumple con la papeleta de cruzar la línea de vida del synth-pop industrial vintage con la de ritmos bailables contemporáneos. Y casi todos los tracks acompañados de vocalistas. Como “Hello”, esplendorosa combinación de melodías pop femeninas y descargas ácidas que van directas al píloro. Como “Control”, con un parecido a “Personal Jesus” que va más allá de la sospecha: ahí se nota sobremanera la desbordante influencia de Martin L. Gore y sus cachorros en la gestación del álbum. Y la canción peta. Mucho. Por cierto, resulta curioso que este siniestro monolito de electrónica vocal ochentera aparezca justo cuando aquí se estrena Un Lugar Donde Quedarse, una película en la que Sean Penn aparece maquillado como si fuera el hermano lelo de Robert Smith o la caracterización de Tú Cara Me Suena de Eduardo Manostijeras. Sincronicidad, que diría Iker Jiménez.

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