Man Alive Man Alive

Álbumes

Everything Everything Everything EverythingMan Alive

8.5 / 10

Everything Everything  Man Alive

GEFFEN ¿Recuerdas cuando te comprabas un disco y lo saboreabas durante un mes, aprendiéndote las letras y cada acorde? Ya hemos superado eso. ¿Recuerdas cuando el primer álbum de un grupo era capaz de cambiar el panorama musical? También lo hemos superado. ¿Recuerdas cuando lo cool era decir que el EP era mejor que el debut de la banda? Incluso esto lo hemos superado. Y la culpa no sólo la tienen los hipsters rastreadores de tendencias. En este caso, habría que culpar a bandas como Everything Everything, a las que (con razón) se les intuye prematuramente cansadas de las aguas de una escena en la que sólo han metido, por ahora, el dedo gordo del pie. No es para menos. El panorama británico es desalentador: por una parte, es fácil admirar la capacidad de hacer que la música sea rentable como negocio; pero, por otro lado, es cansina la tendencia a hacer de toda la música una celebración comercial que ni el Carnaval de Río de Janeiro.

Por eso, se agradecen posturas como las de Everything Everything: en 2008, debutaron con un single (“ Sufragette Suffragette”) que les puso pronto en el radar del NME, siempre adicto a poner los ojos sobre Manchester con la esperanza de una recuperación que nunca acaba de suceder, por mucho que esté sucediendo ya. Posteriores temazos, como “ MY KZ, UR BF” o “ Photoshop Handsome” (todos incluidos en este debut en largo) no hicieron más que amplificar la leyenda. Pero entonces, hace unos meses, cuando ya se había anunciado el lanzamiento de “Man Alive”, adelantaron “ Schoolin’” y enarcaron más de una y de dos cejas. ¿Un tema que no podía venderse como rock moderno porque, básicamente, la suma de una percusión marcial, un silbido, unos riffs de guitarra minimalistas, unos coros ochenteros y una voz en falsete no dan como resultado lo que conocemos como “hit”? Depende de cómo se mire. En cuatro singles, Everything Everything habían recorrido el camino que a Foals (y a muchos otros) les ha tomado dos discos: conseguir que los modernos con pantalón pitillo y bigote irónico exclamen “awesome” y retar a la crítica a que utilice la palabra “maduro”. En Foals, en cualquier caso, se intuía pose. En Everything Everything, sin embargo, “Man Alive” prueba que aquí hay chicha.

Ya lo demostraron The xx la temporada pasada: ser joven no implica componer con el público en la cabeza y los clubs en la suela de los zapatos. Otros mundos son posibles. Y si aquéllos exploraban un planeta nocturno y sensual, Everything Everything se adentran en un mundo perdido en el que el espacio se pliega sobre sí mismo para, por capas, permitir que en un mismo instante sucedan cosas que, por coherencia (e incluso decencia), deberían suceder a miles de kilómetros las una de la otras. Pero no estamos hablando del típico caso de fusión de géneros que deja al descubierto sus referencias para que te quedes fascinado con la improbabilidad de mezclar la bachata con el techno de Detroit. Por suerte, también hemos superado a Gotan Project. No. Las canciones de “ Man Alive” suenan originales pero verosímiles, como hits radiofónicos de un planeta en el que la comercialidad no se basa en un trabajo de mímesis en cadena, sino en un premio a lo genuino.

Se intuye en el debut de Everything Everything una voluntad de despistar, de quitarse a hostias el corsé del rock modernillo británico. El disco arranca con “ MY KZ, UR BF” e incluye en su primer tramo los temas ya conocidos, rellenando sus huecos con composiciones que huyen del término “hit” (a excepción de la arrolladora “ Qwerty Fingers”, capaz de dejar en bragas cualquier alarde de energía apoteósica de ese nuevo rock norirlandés, con Two Door Cinema Club a la cabeza). Las nuevas canciones prefieren dirigirse hacia el synth-space-pop melancólico (“ Leave The Engine Room”), desnudar y dinamitar los parámetros de percusión post- Vampire Weekend (“ Final Form”) y darle caña al clavicémbalo para reformular el pop coral de cámara (“ Two For Nero”). Todo esto sin perder las coordenadas de identidad que la banda ya había marcado en su brújula particular: la voz aguda, la espina dorsal en forma de batería escarpada y los sintes desquiciados. Ya en el tramo final del álbum, cuando casi has abandonado la esperanza de que Everything Everything firmen un tema que les conduzca a esa fama que llevas deseándoles desde la tercera canción, sorprenden con dos nuevos hits-to-be: “ Come Alive” empieza como el single de pop-rock perfecto y acaba rompiendo la baraja con unas trompetas gloriosas; y “ Weights” cierra el disco sublimando una emoción abruptamente nostálgica por encima de un tema que parte de las convenciones del nuevo world-pop de bandas como Yeasayer.

¿Recuerdas cuando escuchabas un tema y sabías perfectamente que ese grupo se iba a convertir en la próxima next big thing? Pues esto también lo hemos superado. Everything Everything tuvieron y tienen hits como para marcar el paso de la próxima temporada musical. Ahora bien: es imposible saber qué va a pasar. Puede que su propuesta, más compleja de lo habitual en los páramos de la eterna (estúpida) juventud británica, les deje en un segundo plano en el que, pese a todo, pueden acabar labrándose el camino hacia el término “banda de culto”. O puede que las leyes de la física y la cuántica se inviertan y, en una de esas conjunciones astrales tipo The xx, Everything Everything se conviertan en uno de esos eclipses que, por pura fascinación, el gran público no puede evitar mirar directamente y acabar con el sol prendido en la retina durante mucho tiempo.

Raül De Tena

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