Make A Scene Make A Scene

Álbumes

Sophie Ellis-Bextor Sophie Ellis-BextorMake A Scene

6.8 / 10

UNIVERSAL-EBGB’s

Loser diva. Dícese de aquella mujer de armas tomar destinada a acabar cantando debajo de los puentes (como Whitney Houston), pero que en algún momento pasado de su carrera fue más grande que la vida. Algunas, como Kylie Minogue o Madonna –recordemos que, en la era “Erotica”, cuando se dejaba retratar con Naomi Campbell simulando comilonas de carne en barra, no tenía reparo en ponerse fundas dentales de oro) tienen superpoderes para reinventarse y ser abrazadas por la modernez mamarracha y volver a partir la pana haciéndonos olvidar sus manchones curriculares. Sophie Ellis-Bextor, más que una mancha, siempre ha sido un chapapote andante. Esta británica que nació hace diez años como una muñeca de porcelana siempre se ha tenido que resignar a ser una wannabe del pop, una figura reivindicada por pocos a sabiendas de que nunca firmará un álbum redondo que nos haga explotar el escroto. No hay nada malo en ello, más bien todo lo contrario: cuando en un pub inglés suena “Murder On The Dancefloor”, “Get Over You” o “Me And My Imagination”, el tiempo se paraliza para mucho futuro opositor a la obesidad mórbida. Sophie lo sabe y se enorgullece de su función social.

Han pasado cuatro años desde aquel apañadísimo “Trip The Light Fantastic” y, desde entonces, ha tenido un nuevo hijo, se ha montado su propia discográfica y no ha dejado de colaborar con todo ser viviente de la electrónica dance y electropopera que le permitiera hacer gala de su cerrado acento inglés. Buena parte de “Make A Scene” es un contenedor de dichas coaliciones musicales conocidas con anterioridad. Ahí está esa joya del palotismo llamada “Heartbreak (Make Me A Dancer)” a cargo de Freemasons, que data de 2009; “Can’t Fight This Feeling” (nos vale como spin off de “If I Can’t Dance”) de Junior Caldera, uno de los hijos bastardos de David Guetta; la dosis eurotrance de turno firmada por Armin van Buuren que el holandés errante publicó en su álbum “Mirage”, “Not Giving Up On Love”, o ese “Bittersweet” que el verano pasado tenía que haberlo petado en los chiringuitos tomando prestado el sobado “Fade To Grey” y se coló (como siempre) mediocremente en los charts. Para alguien, como un servidor, que se presta a que le escupan por la calle después de elogiar hasta la extenuación el último disco de Britney Spears y ha perdido la vergüenza hace ya mucho tiempo, no le queda otra que afirmar que con la primera media hora de “Make A Scene” se lo ha pasado pipa. Afilen los cuchillos, haters.

Del resto del minutaje, como viene siendo costumbre en un álbum de pop palomitero con catorce temas en total, la morralla sale a flote en coñazos perpetuos como “Starlight”, el medio tiempo “Synchronized” (¿descarte de “Read My Lips”?) o “Homewrecker”. Richard X y Greg Kurstin ya aburren. Pero pese a ello, existen dos grandes aciertos en este álbum que nació con la perspectiva de ser un greatest hits de sus tres largos anteriores. Por un lado, “Off & On”, producida por Calvin Harris (aunque podría haberla firmado cualquier otro, realmente) y que en su momento fue rechazada por Róisín Murphy para “Overpowered” y, por otro, el tema titular bajo la protección de Metronomy: en esos vientos sobrevuela la sombra del debut en solitario de la ex Moloko. La Bextor, imperfecta y tarada como ella sola, es más que consciente de que su suerte no variará ni un ápice con este disco. Aunque a los que siempre hemos estado enamorados de ella ya nos va bien. Siempre será nuestro guilty pleasure predilecto.

Sergio del Amo

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