Majenta Majenta

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Jimmy Edgar Jimmy EdgarMajenta

7.5 / 10

Después de “Majenta”, ya nadie podrá decir que Hotflush es un sello de dubstep, como tampoco se podrá utilizar ya el argumento de que se estaba escorando al deep house volátil ése que está tan de moda. Con “Majenta”, las categorías que habíamos utilizado para indicar la dirección de la discográfica de Scuba ya no sirven porque aterriza en Hotflush como un meteorito mecánico y sexy, como un artefacto llegado de una época distinta a la nuestra. Después de “Majenta”, también, podemos dar por zanjado el debate alrededor de Jimmy Edgar, un muchacho que en sus comienzos anunciaba con instalarse en la elite de la IDM tras entrar en chez Warp y que, poco a poco, se ha ido descolgando por razones no del todo explicables, pero que aquí parece recuperar parte del tiempo perdido con un álbum de movimientos rectos y ágiles, más robótico que nunca. “Majenta”, por decirlo en pocas palabras, es un disco de electro de inspiración clásica que por momentos se desvía hacia el techno primitivo y, muy raramente, hacia ese R&B futurista que tanto aparecía en la música de sus principios. Un álbum que no acaba de encajar en la filosofía que había identificado a Hotflush, pero que salva la carrera de Edgar gracias a un baño de clasicismo que le venía bien después de tanto desenfreno y zascandileo.

Antes de “Majenta”, Jimmy Edgar había iniciado un periplo de label en label, como la mariposa que va de flor en flor, en busca de un lugar en el que le quisieran. Se había acabado la aventura en Warp –con dos álbumes notables, “Bounce, Make, Model” (2004) y “Color Strip” (2006)– y había entrado en una fase manierista de retortijones abstractos, R&B descoyuntado y muchas referencias al fornicio en títulos tan explícitos como “XXX” (2010), que era el disco que hubiera grabado un adicto al sexo que, además del rijo habitual, sufriera de parafilias fetichistas con circuitos integrados, teclas negras y microchips, y que había seguido con maxis como “Hot, Raw, Sex” y aquel “Hush EP” en el que salía una mujer enseñando la pechuga en la portada. De mientras, se intentaba curar en clínicas –igual que Michael Douglas tras rodar “Instinto Básico”– como Semantica Records y Nonplus, sellos a los que obsequió con ejercicios de IDM y electro mucho más equilibrados y experimentales. Entre 2010 y 2011 se podía observar en Jimmy Edgar una lucha entre dos direcciones, la de la perdición (con un punto de parodia) y la de la sobriedad, que finalmente han alcanzado un equilibrio en “Majenta” al cobijo de ilustres veteranos como A Number Of Names, Juan Atkins y Kraftwerk.

Dice Edgar que este nuevo disco es “más futurista que mi música anterior, que jugaba mucho con lo retro, especialmente el R&B”. Bien, debería ser al revés: este disco es más retro que su música anterior, que jugaba mucho con el R&B, que siempre ha sido una música especialmente futurista. Cuando Edgar se acerca aquí a esas baladas sexys y tórridas lo hace con vocoder y con el espíritu del funk electrónico de Cameo o Zapp en momentos como “In Deep”, que parecen pensadas para que una robot hembra se baje las bragas chorreantes y se las tire a la cara, como una especie de ofrenda de amor. En momentos así el viejo Jimmy se esfuerza en darle forma ardiente a torch songs que quieren, en efecto, sonar futuristas, pero que con 30 años de décalage suenan, lógicamente, retro –y muy deliciosamente, además–: lo mismo ocurre con “Attempt To Make It Last”. Y hasta aquí llega el viejo Edgar, porque el nuevo Edgar, que se desdobla en tres vías distintas –electro sin edulcorantes, fantasías techno y un ejercicio con el ritmo roto del footwork– se desperdiga torrencialmente por el resto del disco.

El momento footwork está en “Indigo Mechanix (3D)”, una deformación a partir del electro de partida y con acordes sedosos que recuerda a lo que, en circunstancias muy parecidas, ha estado haciendo Boxcutter bajo su alias The Host. Las fantasías techno se concentran en “Let Yrself Be”, que por momentos se va cerca del garage sincopado de Todd Edwards, y “Heartkey”, una rodaja de techno-funk muy cercana al material más vivo de Underground Resistance. Descontado todo esto, que no es poco, “Majenta” concentra sus esfuerzos en aportar su propia visión del ritmo robótico explotado en Detroit a lo largo de los años. Aunque a primera escucha parezca que la huella de Kraftwerk es básica –de hecho, ES básica, pero por motivos más metafísicos que prácticos–, a lo que aluden momentos como “Too Shy” es a canciones de Justin Timberlake remezclada por Cybotron, o a viejos temas del catálogo de Metroplex ( “This One’s For The Children”), versiones alternativas del ínclito sonido de Dynamix II ( “I Need Your Control”) o A Number Of Names ( “Take Me On A Sex Drive”), con mucho de funk proto-digital esparcido como si fueran especias ideales para condimentar un buen plato. Jimmy Edgar conjuga lo retro y lo sexy, los nostálgico y un impulso futurista renacido, para dar forma, no a su mejor álbum, pero sí el que nos pone más perros. Hay cosas mejores ahí fuera, pero no provocan una erección tan dura y duradera.

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