Magnetic Man Magnetic Man

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Magnetic Man Magnetic ManMagnetic Man

8.1 / 10

Magnetic Man  Magnetic Man

COLUMBIA-SONY

Cada vez que aparezca escrito el nombre Magnetic Man, habrá siempre al lado –y aquí también, qué remedio– una coletilla. Se van a cansar de leerla: supergrupo dubstep. De hecho, Magnetic Man ya eran el “supergrupo dubstep” cuando lanzaron su primer EP, “The Cyberman” (2009), por entonces una variación convencional y sin especial interés de ese sonido pedregoso del dubstep, articulado alrededor de líneas de bajo macizas. Lo eran porque en sus filas estaban los tres mosqueteros de Croydon, Skream, Benga y Artwork –en orden de relevancia popular–, buscando una fórmula para entretenerse y practicar un sonido nuevo. Lo que no entraba en los planes de Magnetic Man por aquel entonces era fichar por una multinacional, diseñar un live con pantallas de LEDs y puesta en escena monumental y acabar siendo, ahora sí de verdad, un proyecto consolidado y superlativo en paralelo a sus respectivas carreras en solitario. En el rock, un “supergrupo” sólo se da cuando miembros de bandas notorias –y algo fósiles– se juntan para figurar en un proyecto efímero y luego volver a su rutina: suena más a hiato o intercambio de favores. Pero para Magnetic Man esto ya no es un capricho, sino una aventura en serio que les puede llevar más lejos –en popularidad, sobre todo– de donde nadie ha estado jamás en la hiperpoblada y competida escena dubstep.

Hay varios elementos que articulan el discurso de Skream, Benga y Artwork, ninguno más importante que el otro porque Magnetic Man es un proyecto en apariencia sencillo, pero que por debajo de sus alfombras esconde una complejidad –o una riqueza de ideas– que se eleva como la clave de bóveda de toda esta aventura. Primero, está el deseo de llevar el dubstep –perdón por la expresión cliché– “al siguiente nivel”, siendo ese nivel el del mainstream: la barrera que separa los clubes pequeños y a los fans que aún compran vinilo del público del pop o el clubbing masivo. En la progresiva escalada del dubstep hacia un espacio en los charts –un tema que trataremos aquí más a fondo próximamente–, Magnetic Man son la punta de lanza: de “Perfect Stranger” –himno breakbeat-pop con la voz bien modulada de Katy B– a “Fire” (con Ms. Dynamite volviendo a lo grande) y el smash hit “I Need Air”, lo que se transparenta es el deseo de llegar a más gente y más arriba en el top de ventas sin por ello comprometer la calidad del conjunto. Segundo, y derivado del punto anterior, Magnetic Man aspiran a que su música no sea exclusivamente funcional en los clubes más rígidos ni se corte por un patrón preestablecido. Hay unas cuantas piezas que siguen la estética wobblestep –líneas de bajo que se arquean como un animal a punto de embestir, breaks duros como el granito–, pero hay otras que buscan sonar en la radio generalista –a partir de registros pop, dance y R&B, nada menos–, otras que persiguen una riqueza musical en la frontera con las bandas sonoras de películas y otras más que ahondan en la historia de la cultura rave, una tradición de la que Magnetic Man quieren escribir un nuevo párrafo o, si los vientos les fueran favorables, incluso un nuevo capítulo.

Hay un aliento noventas que da calor a buena parte del disco. “Boiling Water”, con la participación vocal (y vocoderizada) de Sam Frank, se sostiene sobre un break jungle que anula en buena parte la inclinación cheesy de la canción, como también “Perfect Stranger”, que podría ser la versión con lyrics –y unos pizzicatos de cuerdas sublimes– del “Listenin’ To The Records On My Wall” del último disco de Skream en solitario. Y “I Need Air”, independientemente del toque progressive que hace de ella una pieza tan poderosa, a lo que realmente alude es a la edad áurea de las raves al aire libre, cuando el DJ eran anónimo, la química era pura y el público era virgen, entusiasta y no esperaba de la música nada más que una excitación continua. Magnetic Man puede parecer de entrada un invento para que tres ases del dubstep se hagan de oro vendiendo –y vendiéndose– hasta agotar existencias. Pero escarbando más allá de la superficie lo que aflora es un legítimo interés por el pasado de su tradición, el continuum hardcore que arranca cuando en las raves se substituye el house por los ritmos rotos. Es un interés compartido por otros prohombres del dubstep –de Kode9 a Joy Orbison– y que en el caso de Magnetic Man les lleva, inconscientemente, a diferentes territorios del pasado.

Es en el pasado reciente donde encontramos otro punto de referencia para Magnetic Man: Reprazent, el colectivo articulado alrededor de Roni Size y sus colegas de Bristol –Suv, Krust, Die– y que fue el primer supergrupo drum’n’bass, el que llevó el sonido a las masas en 1997 –más lejos de lo que lo habían llevado otros pioneros como A Guy Called Gerald, Goldie o Grooverider–, hasta el punto de alzarse aquel año con el Mercury Prize. Hay mucho de Reprazent en Magnetic Man. Está la figura icónica (en este caso sería Skream) que no se conforma con funcionar bajo ciertas leyes y amplia la paleta de estilos: Roni Size ensanchó su jungle con jazz y soundtracks, y Skream lo hacen con trance (¿no suenan los arpegios iniciales de “Flying Into Tokyo”, por cierto, al “Ready To Flow” de Nikolai?), pop, soundtracks y hasta algo así como witch house en la chocante “The Bug”. Luego está el equipo de amigos de toda la vida dando cuerpo al conjunto, reforzando el proyecto, y las voces invitadas que ayudan a conseguir el himno. Hay varios himnos aquí, de hecho –tantos y tan perseguidos que incluso un tema se titula “Anthemic”–, hay un deseo de musicalidad intenso –el bajo destructor bajo las cuerdas de fantasía de “Karma Crazy”– y hay un gran número de virtudes que anulan los puntos débiles del álbum, que los hay y están localizados en aquellos momentos tibios – “Ping Pong”, o el cruce innecesario entre funky house y sirenas rave–, la falta de tensión en algunos tramos y en los instantes de incertidumbre en los que confunden un sonido poderoso con un sonido previsible y comercial. Pero son sólo pequeñas taras de un álbum que se sostiene con la cabeza alta y que pone sobre la mesa nuevas reglas del juego. Se lo han ganado. Si consiguieran el próximo Mercury Prize, Magnetic Man cerrarán el círculo. Si no, ni importa: nadie le podrá restar ya importancia a este álbum pivotal de la escena electrónica que viene. Fundamentalistas, abstenerse.

Javier Blánquez

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