Magic Chairs Magic Chairs

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Efterklang EfterklangMagic Chairs

6.6 / 10

Efterklang  Magic Chairs 4AD / POPSTOCK!La electrónica ya les queda lejos, y la pequeña orquestación de “Parades” (2008) muy cerca, tan cerca que “Magic Chairs” puede considerarse ya como la confirmación de una ruptura sin vuelta atrás en el sonido de Efterklang. La electrónica paisajística de los comienzos, cuando debutaron con aquel delicioso “Tripper” en el sello Leaf, ya no es el lenguaje con el que se quiere distinguir la banda –y digo banda en el sentido clásico de la palabra, porque más que un grupo pop ésta es una orquestina de pasacalles en versión cool–. Ahora hay una ambición moderada que se contrapone a la tímida modestia de los orígenes. Antes eran más múm, es decir, más de cancioncillas que gusta mucho escuchar mientras te desperezas de un agradable sueño, y ahora son más Arcade Fire, con esa abundancia de épica que, en el caso de los daneses, es mucho más contenida que en los canadienses. Todo esto empezó con “Parades”, prosiguió con la versión en directo de ese disco, en el que la instrumentación había aumentado de una forma exagerada ( “Performing Parades”), y ahora se consolida en “Magic Chairs”. Sin mayores sorpresas.

Sólo dos. Primero, el fichaje por 4AD, un sello que, por su identificación con el dream-pop, les viene mejor a Efterklang que Leaf, algo más asociado a la experimentación electrónica para oídos tiernos. Este traspaso de una discográfica pequeña pero respetada a otra discográfica un poco más grande y bastante más influyente es una escenificación del evidente crecimiento (popular, sobre todo) que ha notado el nombre Efterklang. Su chamber pop inmaculado merece más promoción, mejor distribución, el acceso de un público algo más amplio, aunque eso signifique siempre un riesgo –el precedente de Piano Magic, que comenzaron su cuesta abajo justo tras dejar Rocket Girl para fichar por 4AD es demasiado reciente como para no tenerlo en cuenta–. Por supuesto, tras el boom de Grizzly Bear, esas canciones de habitación cerrada con ventanas y arreglos neoclásicos, hay mucha gente ahí fuera que pide más y sellos con ganas de satisfacer esas necesidades. La segunda diferencia es que, a diferencia de Grizzly Bear, que contaron con Nico Muhly para los arreglos, Efterklang tienen a Gareth Jones. No es que Gareth Jones no esté mal para ocuparse de las mezclas –su trabajo para Depeche Mode le avala–, pero el resultado es mucho menos imaginativo. No lastra el resultado, pero impide crecer a las canciones como debieran.

Ese es el talón de Aquiles de “Magic Chairs”: sobresalen los arreglos, las fanfarrias y los instantes en los que comparten plano el piano y las cuerdas, pero es difícil acordarse de ninguna canción. Recordemos que, tras “Parades”, Efterklang habían aparcado los cacharros y habían preferido intensificar las melodías: una decisión valiente, pero que exige una responsabilidad, como poco en lo creativo. A menos que no fuera esa la decisión y nos quieran vender ahora como otra cosa lo que en el origen ha sido un error de cálculo. Teniendo en cuenta que Casper Clausen, Rasmus Stolberg y compañía están empezando a andar un camino y que el próximo disco debe ser el de la verdad, tampoco hay que ser mucho más puntillosos con ellos. Pero éste plantea una sensación incompleta que mitigan los grandes aciertos, que sin duda los hay: el aliento minimalista de “Modern Drift”, que recuerda en parte a Philip Glass, o “Raincoats”, que tiene unas palmas psicodélicas que le acercan a Animal Collective, y también “I Was Playing Drums”, que podría funcionar bien en la banda sonora de un film de Winterbottom. No revoluciona el pop, no crea ninguna nueva fórmula, pero sí aumenta la oferta –a nivel de escena– de un pop de cámara, tirando a barroco, que está destinado a ser fuerte en los próximos años.

Alberto Lista

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