MU.ZZ.LE MU.ZZ.LE

Álbumes

Gonjasufi GonjasufiMU.ZZ.LE

7.8 / 10

Gonjasufi

Cuando un artista anuncia que va a publicar un mini álbum se disparan todas las alarmas. ¿Acaso es que no tiene suficiente material decente para un álbum como dios manda? ¿No podría haber controlado mejor la calidad del material y dejarlo en un simple EP? Inmediatamente esperas algo precario, chapucero y con pocas ganas: muchas veces la palabra en sí sirve como escudo vanidoso contra las críticas. “Ah, sí, pero es que esto era un mini álbum, ¿comprendes?”.

“MU.ZZ.LE”, el nuevo lanzamiento en Warp Records del profesor de yoga y místico del beat Gonjasufi (nombre real: Sumach Ecks) comprende un total de 24 minutos a lo largo de diez cortes. No está mal de duración. Además, hace poco sacó el EP “The 9th Inning”, que si lo sumamos a “MU.ZZ.LE” nos daría un total de unos 35 minutos, y nos serviría como continuación apañada a su adictivo álbum de 2010, “A Sufi And A Killer”.

La culpa de esto hay que echársela (en parte) a la interferencia del sello, algo poco habitual en los artistas de Warp. Ecks ofreció la descarga de “The 9th Inning” gratis por la frustración que le había causado el recelo de Warp a la hora de publicar “su mierda rap”. Es por eso por lo que las vocales en “MU.ZZ.LE” son prácticamente todas cantadas, a pesar de que su voz rasposa es tan poco convencional, a veces arrastrándose con la parsimonia fumadísima de un swami de ojos enrojecidos, otras veces gimiendo como si estuviera en pleno episodio psicótico, que apenas piensas en esa manera de modular la voz como “cantar”. Bajo todas esas capas de sonido encrespado y de distorsión escupe sus letras y se tiene la certeza de que ahí hay un hombre en plena sintonía con sus pensamientos más profundos, con su subconsciente.

Es, en cierta manera, un disco melancólico que contradice la suposición habitual de lo que debe ser un “mini-álbum”, y que demuestra que se ha empleado mucho tiempo en hacerlo; todas las canciones están hábilmente emborronadas y unidas para evitar esos momentos discordantes que puedan poner en riesgo el estado de ánimo. Comienza con ese tropezón pesadillesco que es “White Picket Fence”, con esa línea de teclado propia de una película de cine negro por encima y su voz murmurando con dolor. “Feedin’ Birds” se parece en la intención cinematográfica, pero los acordes de guitarra sugieren antes, por su sensación de amenaza, un duelo al sol en el Far West antes que las andanzas de un detective privado. Aquí aparece la mujer de Eck, suavizando con su garganta –que suena muy parecida a la de Martina Topley-Bird– la voz de cazalla de su marido.

Es un comienzo lento, de todas maneras, y sólo cuando entra “Nikels And Dime”, con su riff de órgano zumbón y esos samples extraños de niños que ríen es cuando tus orejas comienzan a afinarse. Triste y espaciosa al mismo tiempo, inundada de repiques y ritmos al revés, da la imagen de un astronauta mirando por la ventana de una nave espacial averiada al planeta al que ya nunca podrá volver. Mientras la mayoría de los cortes no van más allá de los dos minutos (son esbozos simpáticos, más que canciones completas), aquí Ecks es consciente de que ha logrado capturar algo hermoso y le da todo el tiempo necesario para que florezca; es el corte más largo y también el mejor del disco.

El segundo más largo es también el segundo mejor. “The Blame” dibuja una atmósfera parecida, pero con los teclados y los beats muy por detrás de la voz, que por una vez suena prácticamente cristalina y casi descifrable –algo bastante raro en una canción de Gonjasufi–. Por suerte, los juegos de palabras aquí son mucho más poderosos que en la desigual “Timeout” o la erosionada “Blaksuit”, en las que Ecks se lamenta por Zion como si fuera un cantante reggae demasiado borracho o colocado como para darse cuenta de que la banda ya ha dejado de tocar. Pareados como “children fuck in blown up malls / grown men fucking blow-up dolls” [los niños follan en centros comerciales arrasados / los adultos se follan muñecas hinchables] son bastante originales, aunque no serían de Gonjasufi si la primera línea no se hubiera reescrito en alguna parte como “till they fucking blow up Mars” [hasta que hacen explosionar Marte] (conociéndole, probablemente sea una aportación ajena).

Aunque las letras parezcan semi-inteligibles, el ambiente de “MU.ZZ.LE” es mucho más consistente que el de “A Sufi And A Killer”. El problema está en que el encanto de aquel álbum estaba en su cualidad de impredecible. Quizá haya que echarle la culpa a la tozudez por parte de Warp en pedirle a Eck “su mierda cantada” y, de este modo, negarle la oportunidad de romper los esquemas con temas más funkoides como “The Lows”, de “The 9th Inning”. Y aunque está satisfecho con este disco, también ha dicho que lo mejor está por llegar, y hasta ha llegado a declarar que “me gusta estar en Warp, pero no puedo permitir que ningún sello me encajone y ahogue mi capacidad de expresión; quiero que la gente que escuche un disco mío sepa que ahí habrá todo tipo de locuras y mierda muy diferente”. Quizá sea esta sensación de estar amordazado lo que le ha llevado a titular “MU.ZZ.LE” [bozal] a este mini álbum. Si el sello le permite un poco más de flexibilidad, el próximo que haga puede ser colosal.

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