MTV Unplugged MTV Unplugged

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Florence + The Machine Florence + The MachineMTV Unplugged

7.1 / 10

Cuando MTV empezó a organizar y grabar los conciertos ‘unplugged’ a principios de los 90s, la idea de partida era restar ampulosidad y carga ruidosa a un material pop y rock que se distinguía por su tendencia al exceso. Ya fueran Nirvana, Bruce Springsteen o Alice In Chains, la gracia del formato estaba en ver cómo bandas que dependían de la electricidad y la fuerza bruta se adaptaban a la instrumentación acústica y la intimidad. El contexto –los años rabiosos del grunge, el boom del rock alternativo– daba pie a este experimento por el que pasaron, en su momento, algunas de las grandes estrellas del momento, de R.E.M. –cuyo ‘unplugged’ se cuenta entre los mejores de la primera época– a 10.000 Maniacs, así como veteranos que se sentían rejuvenecer, como Cary Grant en aquella película, de la talla de Bob Dylan, Paul McCartney o Eric Clapton –fue con un ‘unplugged’, precisamente, cuando “Layla” dsifrutó de su segunda juventud–. Desde hace años, sin embargo, tocar desenchufado ha dejado de ser lo que fue: ya no hay shock inicial, ni reto artístico, ni lavado de cara, y sólo ocasionalmente, como en la histórica actuación de Lauryn Hill, un artista ha conseguido obtener algo nuevo de su inesperada metamorfosis acústica. Por lo demás, nos queda un listado bastante inane –al menos en los últimos años– con nombres como Korn, Shakira, la primera Katy Perry y Alejandro Sanz.

El formato estaba, y sigue estando, tan devaluado que creíamos que ya no tenía sentido seguir con él –había quien pensaba que ya estaba extinto, como el diplodocus–, aunque esta aportación de Florence + The Machine quizá dé pie a un renacimiento que debería pasar, por fuerza, por invitar nombres que no atufen a mainstream grosero o viejas glorias apolilladas. Las canciones de Florence Welch no sufren una transformación drástica pasadas a acústico, ni en textura ni en estructura, pero el nuevo maquillaje contribuye a realzar algunas de sus virtudes: la complejidad barroca de su art-pop, rico en giros inesperados, arreglos caprichosos e incrementos de intensidad, y la violencia atómica de su voz, que brilla más cuanto menos tiene que luchar contra los decibelios de su banda. Por tanto, quienes aprecian en Florence una capacidad vocal propia de las grandes divas melodramáticas, de esas a las que nunca les falta trabajo en el teatro musical, este “MTV Unplugged” es una oportunidad para satisfacer el deseo erótico y el morbo: su exhibición roza lo magnífico. La parte instrumental es igualmente florida: resaltan el arpa y los punteos de guitarra, toma el protagonismo el piano y, para acabar de redondear la banda de cámara a su servicio, sólo de tres músicos entregados, se añaden ocasionalmente los diez miembros del New York Gospel Choir, que contribuyen con momentos de épica allí donde el repertorio se mantiene en una discreta economía de requiebros para que –ya ha quedado dicho– sus pulmones conduzcan la ceremonia con efectos, por momentos, estremecedores.

“MTV Unplugged” repelerá a quienes han visto en Florence Welch una caricatura de Kate Bush, a una muñeca pelirroja que chilla y se excede en su pasión. Todo son opiniones: Kanye West, que aparece enfocado en algunas ocasiones a lo largo de la grabación en DVD que acompaña la edición regular del disco, seguramente opina todo lo contrario. El repertorio no es acomodado –hay grandes momentos como “Dog Days Are Over” y “No Light, No Light”, pero tampoco abusa de los hits, que le sobran– y, como viene siendo habitual en este tipo de artefactos, la artista obsequia a los afortunados fans a pie de escenario con versiones preparadas para la ocasión, en su caso “Jackson” –de Johnny Cash y June Carter –aquí se le suma Josh Homme para completar el dueto–, y una de las perlas de Otis Redding, “Try A Little Tenderness”, quizá el momento más desnudo de todo el disco. Ningún “MTV Unplugged” servirá ya para abrir los horizontes de ningún artista ni transformará decisivamente su repertorio, ya no hay mucho espacio para las sorpresas, pero en el caso de Florence es justo reconocerle que su trabajo ha sido mucho más que correcto. Mejora su discografía y en ningún caso la empeora.

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