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Álbumes

Andy Stott Andy StottLuxury Problems

8.4 / 10

Sigue sin quedar claro a estas alturas si “Passed Me By” y “We Stay Together” eran dos EPs que luego se convirtieron en un pack completo en CD –la reedición incluía un par de temas extra para que el ítem multiplicara su empaque–, o dos álbumes (breves) condensados en un periodo de tiempo muy corto. Lo que sí es perfectamente claro e indiscutible es que esos supuestos EPs costaban su precio en oro y que el precio valía la pena pagarlo hasta el último céntimo: en aquellas dos obras –gemelas tanto en diseño como en la edificación del sonido, donde el de Manchester dialogaba con Actress en la emergente confección de un nuevo tipo de techno–, Andy Stott daba rienda suelta a un sonido altamente ralentizado, de textura viscosa y con un tipo de movimiento chocante para lo que se llevaba cociendo en el canon del clubbing experimental desde hacía años, horizontal en su jerarquía, arrastrado como por el barro, en el lado más esotérico de la cosa. Como ya se dijo y se dirá todas las veces que haga falta, la aportación de Stott al lenguaje techno del presente siglo no era exactamente la geometría abstracta envuelta en niebla de Actress, sino la apropiación de la estética aletargada del hip hop screwed & chopped adaptada al beat 4x4, que sonaba entonces como afectado por una dosis fuerte de codeína.

Aunque ha habido algunos intentos de imitación en el último año, ese tipo de estética le corresponde a Andy Stott en exclusiva. El inglés logró escapar a su propia rutina –el techno heredero de Detroit, noctámbulo y taciturno, muy parecido al de Claro Intelecto que asomó con fuerza en “Merciless” (2006), con algunos arreglos de piano por ahí desperdigados– y consiguió por fin la conjunción de sus orígenes con sus maniobras exploratorias en otros campos, sobre todo los maxis de dubstep y techno pulsante que firmó como Andrea. Establecida esa pauta de trabajo, la gran responsabilidad para Stott estaba en no estancarse en unos procedimientos que le llevaran, de nuevo, a la rutina, y por eso “Luxury Problems” es para él un álbum especialmente importante, pues tenía la obligación de prolongar la vía indagatoria abierta en su díptico de 2011 sin repetirse descaradamente. Y eso, aunque parezca un encaje de bolillos imposible, es lo que consigue exactamente: muchos de los ocho cortes del (ahora sí) álbum –a pesar de editarse también en doble vinilo, hasta un total de ocho tracks, dura 45 minutos– comparten la lentitud embarrada de “Passed Me By”; en ese sentido, no hay una ruptura drástica, sino una evolución lógica: “Hatch The Plan”, “Numb” y “Lost And Found”, por ejemplo, son piezas que avanzan renqueando o con la barriga a ras de suelo por las zonas más sucias del techno contemporáneo. La novedad está en cómo Andy Stott, que sabe que vuelve a estar en zona letárgica, sabe embellecer con arreglos nuevos un tipo de música que, de tanto perfeccionarla, ya se le empezaba a quedar obvia.

Su recurso ha sido trabajar con Alison Skidmore en cinco de los ocho tracks. Skidmore, se cuenta, fue la profesora de piano de Andy Stott cuando este aprendía a tocar el bello instrumento en su edad adolescente, y tras haber concluido aquellas clases –la típica transacción entre profesora particular y los padres del joven aspirante a músico–, nunca más volvieron a coincidir hasta un encuentro casual que acabó dando pie a una extraña colaboración en la que el alumno toca el piano en pocas ocasiones y la profesora, en vez de tañer, se dedica al canto. Cuando Alison aporta su intuición vocal es para entonar notas en un registro bajo –así, a oído, parece tener voz de contralto, aunque quizá sea una mezzo con exceso de post-producción hacia el grave– que en el contexto del álbum suena como un inciso de ópera contemporánea, como de Britten o Strauss, inserto en el más retorcido giro al canon de Detroit. Entendido así, “Luxury Problems” es un triunfo: Stott ha logrado ir aún más allá en su viaje a lo desconocido y plantar una nueva pica en territorio ignoto, a veces reconocible como techno ( “Sleepless” se sustenta sobre una bassline rolliza, un beat que se despereza con insistencia y un juego de voces que alterna el pico agudo de la rave diva y el registro grave a lo Theo Parrish) y casi siempre en los márgenes del propio techno ( “Expecting” es un ejercicio aislacionista, formado a partir de capas gélidas y de textura metálica, que poco a poco va limpiándose de herrumbre y tristeza para concluir en un minuto nítido de inspiración dub, una conquista de belleza tras siete minutos luchando contra la penumbra).

Más allá de eso, “Luxury Problems” ofrece todavía nuevas sorpresas. Una de ellas es la palidez casi trip hop de “Hatch The Plan”, que sugiere que, si hay un nuevo paso en esta dirección, será en busca de algo parecido al pop y a la melancolía. Incluso el tema homónimo, “Luxury Problems”, parece buscar desesperadamente un resquicio de luz para desatascar una euforia que finalmente no llega, o mejor dicho, llega un tema más tarde, en el caótico amasijo de breaks acelerados de “Up The Box”, que utiliza el mismo sistema amortiguado, screwed y mohoso para darle un giro estético al drum’n’bass. Y como signo decisivo, la última pieza, “Leaving”, se eleva hacia el cielo en una beatífica toma de voz etérea –Alison Skidmore en modo Julee Cruise–, bajos cósmicos y sintes que, por fin, quieren dejar la mundanidad sucia y perseguir lo inefable. Y de este modo, “Luxury Problems”, que es un trabajo autónomo y talentoso, sirve también como cierre perfecto a una trilogía en la que Andy Stott le ha dado la vuelta al techno demostrando que se pueden hacer cosas nuevas e inesperadas, algo tan sencillo como lanzarse a la piscina –como la niña que gira en plena voltereta en la portada– sin miedo y confiando en que abajo haya agua.

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