Lustre Lustre

Álbumes

Ed Harcourt Ed HarcourtLustre

6.6 / 10

Ed Harcourt  Lustre PIANO WOLF

Ed Harcourt es un chico listo, pero también es uno de esos tipos que lo han tenido todo. Desde un caballito de madera cuando eran críos hasta el último modelo de wurlitzer eléctrico cuando ya no eran tan críos. Y eso se nota. ¿Quién si no sería capaz de dedicar hasta el último minuto de su tiempo a componer un nuevo tema? Porque el tipo presume de haber compuesto más de 500 canciones (y subiendo). A los 20 ya tenía 300 y, hay quien asegura que fue su novia quien, asustada ante el incontrolable superpoder de su chico, le obligó a presentar un puñado de ellas a una compañía (la primera en publicarle fue, atentos, Heavenly) y aquello acabó por convertirle en el tipo al que todo el mundo quería tener a su lado. O algo parecido. Porque Ed ha colaborado con casi todo el mundo (sí, va en serio, la lista es interminable, he aquí un extracto: Ron Sexsmith, Shivaree, The Divine Comedy, Wilco, Rosie Thomas, The Gutter Twins, Neil Finn y Jamie Cullum). Pero antes de eso montó una banda ( Snug) de ruidoso punk pop que no llegó muy lejos. Así que decidió volver a sentarse ante el piano y arrojarse a lo que fuera que hubiera al otro lado. Firmó cuatro discos: “Here Be Monsters”, “From Every Sphere”, “Strangers” y “The Beautiful Lie” (de dispar acogida, por lo que todo apunta a que la fórmula, que nunca ha acabado de convencer, ha avanzado hasta un punto muerto) y luego firmó un quinto: “Lustre”, el álbum que nos ocupa.

“Lustre”, otro puñado de canciones elegantemente tristes del chico de Wimbledon (que, por si fuera poco, ostenta un curioso pasado aristocrático), viene curiosamente precedido por el disco más desafortunado de su carrera, el citado “Beautiful Lie”, un lacrimógeno intento de acercarse al espíritu de Jeff Buckley vía ronroneo de fan de Elbow. ¿Y qué pasa con “Lustre”? Pues que la cosa se mueve lo justo. Es decir, sus canciones siguen coqueteando en exceso con el melodrama ( “Killed By The Morning Sun” es uno de esos descarados ejemplos, piano, guitarra de trastes exquisitamente desempolvados y letra terrorífica: “Imagina que hay un mañana en el que nunca estarás sola porque yo nunca te dejaré y tú nunca me dejarás”) pero, a ratos, se tuercen y se convierten en perfectos artefactos pop desgarrados: “A Secret Society” tiene clase, fuerza y hasta un poco de mala leche, algo que le falta al mundo de teclas blancas sin interferencias en el que parece vivir el bueno de Harcourt desde que dejó la cocina. Porque Harcourt fue aprendiz de cocinero antes que pianoman.

El caso es que, si hay que ponerse melodramático, se pone uno melodramático, y se borda la fórmula, como ocurre en “So I've Been Told”, el penúltimo corte del disco, al que sigue el excelente deambular por el angustioso día a día de un padre en apuros ( “Fears Of A Father”). Pero hacer algo así no es fácil. Conseguir la intensidad necesaria para que tu canción no sea una más entre el millón de canciones tristes del mundo no es pan comido y Ed, acostumbrado a hacer realidad todo lo que desea, cree que, qué demonios, después de todo, solo es una canción, ¿no? No, Ed, es algo más. Y reírse de uno mismo escribiendo algo titulado “Lachrimosity” es, quizá, cruzar la línea. Y atreverse a susurrar que uno tiene corazón de lobo (literal: “Heart Of A Wolf”) no ayuda. Ayudan los coros de la citada “A Secret Society” (¿he dicho ya que es el mejor corte del álbum?) y poco más. Eso sí, la producción es decididamente excelente, si obviamos sus coqueteos con la electrónica ( “Church Of No Religion”). En definitiva, el disco de un chico guapo que se cree demasiado guapo. O el disco que le regalaría Ken a Barbie si algo así fuera posible.

Laura Fernández

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