Lupercalia Lupercalia

Álbumes

Patrick Wolf Patrick WolfLupercalia

7 / 10

Patrick Wolf  Lupercalia

MERCURY RECORDS

Patrick Wolf es una drama queen. La última prueba de ello la tuvimos cuando pataleó hace unos días por la baja nota que Pitchfork le había puesto a su nuevo álbum. De todos modos, nadie duda que sea una estrella de relumbrón, aunque con todos sus defectos como el resto de los mortales. El londinense ha demostrado en los últimos años lo caprichoso, pretencioso, ambicioso e inseguro que es. Pero se lo perdonamos porque no debe ser nada fácil dar continuidad a un disco tan magnífico como “The Magic Position”, que aunaba su vocación experimental con una cierta aproximación hacia sonidos más accesibles. “The Bachelor” acabó siendo su peor trabajo hasta la fecha. Y en lugar de completar el díptico que tenía en mente con “The Conqueror”, decidió cambiar el título y retrasar varias veces la fecha de lanzamiento.

Tras darle muchas vueltas y consultar a sus fans, Patrick Wolf rebautizó a este disco como “Lupercalia”, otro guiño autorreferencial como ya lo fue “Licanthropy”, que encaja mejor con la temática luminosa y romántica de este álbum. Este título se podría traducir como el festival del lobo, un rito pagano de purificación que data de los tiempos prerromanos. Apropiado nombre, pues lo que aquí ha hecho el londinense no es tanto buscarle una segunda parte o un reverso al tenebroso “The Bachelor”, sino más bien aplicarse él mismo un lavado de cara, limpiar su espíritu, si se quiere, y olvidar ese tropiezo. Ahora el autor de “The Magic Position” ya no es una diva atormentada, sino un hombre enamorado que abre su nuevo trabajo con “The City”, un lúdico y desacomplejado himno con saxos ochenteros. “Won’t let this city destroy our love”, proclama en el estribillo. “Time Of My Life”, primer sencillo, sigue tirando del hilo de ese optimismo que ahora desprende el británico para crear otro clásico instantáneo y que remata con el brillante cierre, “The Falcons”. Sirve como prueba irrefutable de que el amor es la temática central de este trabajo ese cándido interludio, “William”, dedicado a su prometido, y sólo empañado por los lamentos indios del final (que también emplea en “Slow Motion”).

Pero no todo el álbum son himnos para corear en los conciertos. También hay piezas más lentas, de cariz experimental, que nos devuelven al Wolf de toda la vida. En “Lupercalia” sigue estando ese músico capaz de crear preciosas melodías de juguetes añejos como en “The Days”, una sobrecogedora balada a ritmo de vals. “Armistice” es una versión de una canción gaélica llamada “The Blackbird” a la que aporta una instrumentación bizarra: un órgano de cristal y un duduk, instrumento de viento armenio. Extraña combinación la que hace en “Together”, que se asienta en sus inicios en una base más propia del acid house, para luego moverse hacia el disco del que dice haberse influenciado, pero siempre llevado a su terreno. Una pieza singular con muchísimo mejor resultado que aquel experimento fallido de heavy metal que era “Battle”.

Con todo, lo cierto es que con tanta indecisión y cambio de rumbo, Patrick Wolf ha perdido parte del prestigio que se había labrado con sus tres primeros trabajos. “Lupercalia” no es flojo ni mucho menos, es bastante mejor que su irregular predecesor, pero no es el retorno que cabría esperar de un genio como él. Es como si esa purificación de la que se hace mención en el título no se hubiese completado del todo. El disco no crea un universo propio como parece que se pretendía, ni las canciones tienen la fuerza emocional de antaño (no acabamos de entender cómo “Bermondsey Street”, “The Future” y “Slow Motion” pasaron el corte). Con el referente cercano en el tiempo del “Heartland” de Owen Pallett, un artista con similares inquietudes y mismo talento, se evidencia más los defectos de este quinto álbum. Pero por lo menos, lo que sí ha conseguido es poner algo de rumbo a una carrera que estaba en mitad de ninguna parte.

Álvaro García Montoliu

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