Lungs Lungs

Álbumes

Florence + The Machine Florence + The MachineLungs

8 / 10

Florence + The Machine  Lungs

ISLAND / UNIVERSAL

Como si de un carrusel visceral con toques de humor gótico se tratara, en el que uno en ocasiones no es capaz de identificar a primeras dónde empieza el estribillo y dónde la redención vocal, Florence Welch y su máquina engrasada se presentan oficialmente en sociedad con “Lungs”, un álbum que milagrosamente tiene la capacidad de acercarse a las masas a pesar de la arriesgada propuesta que supone sonar como Kate Bush (y Bat For Lashes) en los tiempos que corren sin caer en la autoparodia desfasada. A Florence + The Machine le habían alabado hasta el exceso antes incluso de confeccionar su debut, gracias a los Critic’s Choice en la pasada edición de los Brit Awards, y por su función de telonera de Damon Albarn y sus secuaces en la reunión de Blur por los escenarios británicos. Pero ninguna alabanza mejor que reconocerle a Florence la artificiosidad épica que se gasta en algunos momentos del disco, que se encuentra en su voz bipolar –capaz de pasar del mero susurro a la afectación extrema en un abrir y cerrar de ojos–, la mejor compañía para guiarnos por un laberíntico universo sacado de la imaginería de la Narnia en el que las emociones, como las de cualquier teenager a lo “Física O Química”, se encuentran a flor de piel.

Con “Dog Days Are Over” –tema producido por el polifacético James Ford, la mitad de Simian Mobile Disco– uno se puede hacer a la idea de por dónde van los tiros. La delicadeza folk de su inicio pasa a transmutarse en un festín pop a la altura de la (siempre a reivindicar) autora de “Babooshka”, advirtiéndonos de que esta joven de 23 años y pelazo rojo podría ser una candidata perfecta para ocupar el puesto de Zach Condon, de Beirut, cuando le plazca. [nota: aunque mención aparte merece ese remix que le hizo el dúo Optimo, de obligada escucha para los amantes del house industrial con solera; hay que buscarlo en el maxi “A Lot Of Love A Lot Of Blood”]. Su flamante nuevo single pagano, “Rabbit Heart (Raise It Up)”, pudiendo ser la banda sonora ideal de la próxima campaña de H&M, es el tema que la banda le dedicó a su discográfica después de que ésta se echara las manos a la cabeza ante tal (aparente) despropósito comercial. ¿Quién es el corderito y quién el cuchillo? Difícil respuesta, pero lo único realmente cierto es que la nana “I’m Not Calling You A Liar”, después de varias escuchas, sigue clavada a fuego en mi poca impresionable cabeza.

Por si no tuviera suficiente, a continuación llega una de las mayores sorpresas del álbum, “Girl With One Eye”, una tragedia sádica donde las haya –es lo que tiene leerse como si fuera el Credo a Edgar Allan Poe– donde nuestra Florence demuestra que, alejada de las sonoridades pseudo-operísticas, se podría mover como pez en el agua emulando la sensualidad de Polly Jean Harvey pero, eso sí, con un corsé de esos de quitar el hipo y una buena fusta en las manos para recordarnos lo malotes que podemos llegar a ser. La épica –a la vez que terriblemente febril– “Drumming” nos da paso a “Between Two Lungs”, una de esas joyitas a las que Feist nos tiene acostumbrados con reminiscencias folk, pero sonando estrictamente pop gracias al poderío de las portentosas cuerdas vocales de nuestra muchacha.

Las habilidades carpinteras de su chico en “My Boy Builds Coffins” –he aquí una nueva demostración de sentida palabrería gótica que ya le gustaría a Amy Lee–, la vieja conocida oda al amor destructivo “Kiss With A Fist” y la más que digna versión que se marca del “You’ve Got The Love” de Candi Staton –uno la tenía olvidada desde que manolitos-Carrie se despidiera de la pequeña pantalla– hacen de Florence y esa renovada versión bucólica de los Bad Seeds que representan sus particulares máquinas, culpables de firmar uno de los álbumes a tener en cuenta en este 2009 marcado por las féminas todoterreno (en su mayoría con sintetizadores). Su apuesta, desgarradora a la vez que adictiva, uno no sabe aún a ciencia cierta cómo calará, pero ciertamente su hipnotizante personalidad puede provocar, en breve, una auténtica invasión de clones generacionales. Quien avisa no es traidor…

Sergio del Amo

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