Luminaries & Synastry Luminaries & Synastry

Álbumes

Motion Sickness Of Time Travel Motion Sickness Of Time TravelLuminaries & Synastry

8.1 / 10

Motion Sickness Of Time Travel  Luminaries & Synastry DIGITALIS

Ahora mismo, pagaría dinero, una pastizara, por asistir a un combate de poder a poder entre las dos figuras femeninas más espeluzantes –de espeluzne, que pone el vello de punta– del actual batallón etéreo. No sería una lucha en el barro como esos decadentes enfrentamientos entre tipas musculadas en bikini, ni tampoco una tunda a muerte en el cuadrilátero de un dojo de kick-boxing; no nos pongamos ni vulgares ni sangrientos, que esto no es una convención de moteros. Sería, en cambio, un combate de susurros al oído y modulaciones de sintetizadores en tiempo real en el que ganaría la que indujera al trance más rápido, más profundo y más prolongado. A un lado, Liz Harris, alma de Grouper, la reina de las descripciones boscosas y los claros de luna; al otro, Rachel Evans, la mujer que desde hace algo más de dos años –en paralelo a la co-dirección junto a Nova Scotian Arms del pequeño sello Hooker Vision y su militancia en el proyecto drone Quiet Evenings– lleva las riendas de esta invitación a perder la noción de la realidad llamada Motion Sickness Of Time Travel.

¿Por qué Evans y Harris? Sus las raíces, básicamente, les entroncan en un mismo plano de la realidad musical, bien hondas en los experimentos texturológicos de la década de los 90 (y puestos al día), esos que parten del shoegaze, apuntan características del dream pop y utilizan técnicas de producción del alquimismo sonoro post-rock. La diferencia principal estribaría en que Grouper tiene un punto de partida folk –al estilo de los cada vez más reivindicados Flying Saucer Attack– y Motion Sickness Of Time Travel se zambuye en esas aguas revueltas del space-rock con escapadas hacia la música cósmica de los 70. Salvando las voces que flotan ocasionalmente en algunos momentos de los temas (o que golpean insistentes como olas de mar embravecida en minutos beatíficos como los de “Moving Backward Through The Constellations”, tan Seefeel por momentos), el discurso de este nuevo LP de MTOTT –el segundo este año tras la reedición en vinilo de “Seeping Through The Veil Of The Unconscious”, y sin contar splits, cassettes y mini-CDs– es planeador en alto grado, música que cuelga de un hilo, suspendida entre nubes, con valles nemorosos tan cercanos a esa new age últimamente revisitada ( “Ascendant”, sin ir más lejos) a la vez que ensucia puntualmente con la polución del sonido analógico mal pulido. En cualquier caso, es más probable encontrar polvo en un quirófano que en este vinilo –acompañado de un CD con dos temas extra, “Like Dunes” y “Night”, precisamente los experimentos más caóticos– en el que Rachel Evans parece dar el salto hacia delante que necesitaba para salir del círculo estrecho de la auto-edición y la escena de cassettes y entrar en esa esfera con un circuito de mejor distribución y venta online, más profesional y garante de una brizna más de popularidad, en el que ya entraron Emeralds, Daniel Lopatin, Julianna Barwick y demás exploradores del vacío.

“Luminaries & Synastry” se define, al fin y al cabo, como angelical, es una especie de paraíso construido entre las paredes de los auriculares: su voz es un bálsamo, sus líneas de sinte instintivas corren como el agua clara, y aún así no es tan dulce como parece; hay un trasfondo siniestro que amenaza bajo la superfície, un reflejo distorsionado de la luz que convierte una cara luminosa en una mueca, esa sensación fantasmagórica que transforma lo nuevo de MSOTT de un dream-pop aparentemente pasivo en un ambient a punto de entrar en ebullición, absolutamente activo, que se escucha con la respiración cortada y la tensión propia de quien está a punto de resolver los misterios más arcanos de la naturaleza.

Javier Blánquez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar