Lulu Lulu

Álbumes

Lou Reed & Metallica Lou Reed & MetallicaLulu

1.1 / 10

WARNER BROS

Hace unos días, el jefe de redacción de esta bendita casa me envió un mail con un link. Era un link de descarga de Mediafire, sin más contenido en el correo que la firma habitual del remitente. Con celeridad procedí a bajarme el disco que contenía ese enlace, seriamente intrigado por la falta de información. Ayudaba a fomentar el misterio el hecho de que el nombre del archivo solo fueran unos iniciales en mayúsculas de las que fui incapaz de descifrar su significado. Pero por alguna razón que ya no recuerdo, dejé el ordenador descargando el material y me concentré en otra actividad. Como el mail no especificaba nada más, ni tan siquiera la fecha de entrega de lo que supuse que tenía que ser una reseña del álbum en cuestión, la carpeta se quedó estacionada en mi disco duro sin tan siquiera echar un vistazo a lo que contenía, simplemente me olvidé de ella.

Unos días después, pregunté al jefe qué contenía esa carpeta, pero el tipo, quizás alertado de lo que se cocía ahí dentro, fue escueto y directo: “uno de los peores discos del año, pero necesito una crítica para publicarla el lunes 31 de octubre”. Con urgencia acudí al folder de descargas, localicé el archivo y lo abrí: “Lulu”, el disco de Lou Reed y Metallica. “Rata bastarda”, pensé, “me la has jugado”. Tan solo unos días antes se había hecho público un stream de todo el álbum que levantó ampollas en internet. Difícil encontrar algún comentario que no incluyera palabras como “mierda”, “insulto” o “basura”, amén de otros vocablos irreproducibles aquí por una cuestión de educación y señorío.

Aunque sospechaba que el proyecto estaba condenado al fracaso y que con toda probabilidad estaba destinado a ser uno de los desastres más importantes del año, en cierto modo creía que el hecho de destripar “Lulu” se había convertido en el deporte de moda. Ingenuo de mí, pensaba que el análisis del disco ya no era más que una carrera de fondo para ver quién podía ser más sangrante, cruel e ingenioso a la hora de adjetivar sus canciones y su propuesta. Y también interpreté que muchos haters estaban aprovechando la coyuntura para cobrarse facturas pendientes con alguno de sus responsables, sobre todo los californianos, blanco constante de críticas furibundas desde los sectores más puristas de la escena metal.

Me equivoqué. A los veinte minutos de escucha ya estaba suplicando clemencia al jefe de redacción de esta casa, buscando un soborno zafio para librarme de semejante tortura. La hora y media más larga de mi vida. Un calvario. Ahora entiendo a Jesucristo. 90 minutos en el infierno del tedio, del sopor y de la rabia. Rabia, sí. Porque rabia es lo que genera esta chuminada pretenciosa y hueca, de horrenda estética y pésimo gusto, en la que dos referentes antaño brillantes y excitantes se contagian mutuamente su imbecilidad artística. La nada al cuadrado. Canciones ladrillo como “Cheat On Me” o “Junior Dad”, manuales de instrucciones sobre cómo arrojar al váter doce y veinte minutos de tu vida, respectivamente, despiertan tus peores instintos y te ponen en situación límite: reencarnarte en Jack Bauer y tener a Lou Reed y Lars Ulrich esperándote en la sala de torturas de la CTU, por ejemplo.

Reed está insoportable en todo el disco, recitando sin parar textos supuestamente radicales y explícitos que en realidad provocan vergüenza ajena, jugando con su voz hasta la extenuación y crispando al oyente como nunca antes lo había hecho. Cargante, pelmazo, odioso. Ahora ya sí que el neoyorquino está para echar al caldo. Y qué decir de Metallica. Desconozco los motivos que les han llevado a participar en este aquelarre insufrible, pero que sepan que no saldrán de rositas, si algún día se instaura un Tribunal de la Haya para músicos y artistas tendrán que responder por esto. Los peores riffs de su carrera, canciones sin estructura, todo ejecutado al tuntún, sonido maquetero, improvisación plomiza, mazacotes que no engulliría ni una ballena hambrienta, ni el menor atisbo de melodías inspiradas y, por supuesto, chapuceros hasta decir basta en el mash-up con las partes vocales.

¿Quién tiene más culpa en este horror? Imposible saberlo o juzgarlo. El material de base del proyecto, escrito por Lou Reed para una producción teatral en Berlín, es infumable, qué duda cabe, lo peor que ha salido de su cabeza en mucho tiempo. Pero si a ese punto de partida le sumas la participación desganada, se diría que incluso con cara de asco, de unos Metallica que podrían colar tranquilamente como una banda amateur de cuatro amigos, el resultado supera cualquier expectativa, por nefasta que sea. Una experiencia terrible que te puede arruinar una tarde. Todo lo malo que se pueda decir de este proyecto siempre nos parecerá poco, siempre tendremos la sensación de que nos hemos quedado cortos, siempre echaremos de menos algún exabrupto más que acabe de hacer justicia a la desagradable tomadura de pelo que perpetra. Ya no se trata de que estemos ante el peor disco, con una diferencia abismal, que hayan firmado nunca Metallica o Lou Reed, y eso que ambos tienen manchas en su currículo; ni tan siquiera se trata de que “Lulu” sea uno de los candidatos más serios a ganar el título de peor álbum de 2011. No. Hay algo más: esto es una vergüenza que, por desgracia, pasará a la historia.

David Broc

Lulu (30-second Samples) by Lou Reed & Metallica

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