Lucky Shiner Lucky Shiner

Álbumes

Gold Panda Gold PandaLucky Shiner

8.1 / 10

Gold Panda Lucky Shiner NOTOWN- GHOSTLY INTERNATIONAL

El primer lanzamiento oficial del misterioso Gold Panda –pocas cosas revela este joven de Essex aparte de que su nombre real es Darwin y que se tiró la post-adolescencia entera trabajando tras unos cuantos mostradores sórdidos– vino a través del sello de Various Production. Si Various deciden plancharte un vinilo –hay que buscarlo por el título “Miyamae EP” (2009)–, algo queda claro: tu música no es normal, o mejor dicho, no se adapta a los registros más predecibles del circuito de la electrónica que se dispensa en Gran Bretaña. No hace falta ni que sea dubstep –Gold Panda no es dubstep, incluso puede que esté en las antípodas–, sólo es necesario ser diferente. En aquella ocasión, los tres temas del 12” sonaban vagamente a lo que hacía por otro lado Nathan Fake: una IDM con tendencia a la psicodelia techno, o una especie de house progresivo microscópico con melodías brillantes y discretas excursiones turísticas a otros continentes. A medida que Gold Panda ha ido progresando en su técnica y en su producción discográfica –nunca más ha vuelto al sello de Various, pero editó “Quitter’s Raga” en Make Mine, fundó su propio sello Notown y ahora ha licenciado su debut en largo para Ghostly–, la psicodelia ha permanecido ahí, la IDM melódica sigue siendo la raíz que sostiene el tronco y ha florecido en espesura étnica. Sigue siendo como Nathan Fake, pero un Nathan Fake que ha viajado por el mundo con la mochila al hombro.

La música de Gold Panda suena encantadora y familiar porque lo que él hace no deja de ser una evolución peculiar y muy propia de lo que antes se editaba en sellos como Morr Music –o sea, es indietrónica de la escuela de Manual o Styrofoam en su reducción más esquelética–, pero a la vez manifiesta una preocupación mucho más profunda por el ritmo que por la melodía –o dicho de otra forma, evita ser pop abiertamente y prefiere mantenerse atento en los laterales de la pista de baile, como hacen los artistas del sello Border Community–, y sobre todo suena familiar porque, paradójicamente, suena exótico. Él es uno más –y alguien importante una vez se acaba de escuchar entero este “Lucky Shiner”– en una saga invisible de productores de la ciberdelia inglesa que han llegado hasta la otra punta de Asia y han vuelto con material emocionante con el que enriquecer su propia música. Personalmente, diría que Gold Panda suena a Nathan Fake tras hacer turismo porque tiene la misma capacidad de enternecer sumada a la riqueza de texturas de los discos de Freeform, aquel productor escondido en los catálogos de Skam y Warp que un día dejó su país para estudiar la música de China y Vietnam. En piezas como “I’m With You But I’m Lonely” y “Same Dream China” resuenan el país del dragón y los bordes del triángulo de oro, pero también asoman el cuello las junglas del Indostán ( “India Lately”) y la isla de Bali. Yendo tan lejos, Gold Panda quiere que su música crezca tan alta como el Himalaya.

Hace tiempo que viene siendo evidente que Gold Panda debe ganarse de una puñetera vez el favor de la afición y ser señalado como el talento más prometedor de la última generación bedroom. Sin embargo, el hype se le resiste –quizá sea algo bueno, aunque nadie con un talento tan personal merece quedarse entre dos aguas–, posiblemente por la sencilla razón de que no se le puede relacionar ni con el dubstep ni con otras escenas más publicitadas. Y, sin embargo, él es descaradamente indie-friendly –a ver si no qué pinta “Parents” ahí en medio, un interludio folk con guitarra acústica–, y perfectamente reconocible como la IDM de siempre hecha como nunca, lujosa de ambientes, adornos cubistas, glitches, deconstrucción rítmica y excursiones mentales a espacios fuera del espacio y el tiempo. Mental es una palabra importante, porque “Lucky Shiner” provoca pocas reacciones físicas: es cuando se escucha con mucha atención, escrutando los detalles, cuando aflora como un decorado sonoro imaginativo, verde de vida y nutritivo para el espíritu. E incluye “You” –previamente publicado en 7” en Notown y en 12” en Ghostly (con remezclas)–, la culminación de este estilo tan particular de Gold Panda que reúne el mundo en un pañuelo y lo lanza fuera de la atmósfera envuelto en un lazo de oro psicodélico para recogerlo como lluvia en “You”, la segunda toma que cierra el disco, que es una cascada suave de violines y théremin con un mensaje de vuelta para que no olvidemos: ésta es música que ha viajado para que viajes, que ha soñado para que sueñes, ni se te ocurra desaprovecharla.

Javier Blánquez

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