Sir Lucious Left Foot: The Son Of Chico Dusty Sir Lucious Left Foot: The Son Of Chico Dusty

Álbumes

Big Boi Big BoiSir Lucious Left Foot: The Son Of Chico Dusty

9.3 / 10

Big Boi, Sir Lucious Left Foot… The Son Of Chico Dusty

DEF JAM

El proyecto bicéfalo “Speakerboxxx/The Love Below”, último disco de Outkast hasta la fecha, ya permitió comprobar en su momento que la supervivencia del grupo estaba garantizada más allá de sus propios límites y más allá de las rumoreadas diferencias personales y artísticas que por lo que parece existían entre sus dos responsables. El doble álbum sirvió para ratificar y fortalecer la personalidad propia de Big Boi y André 3000 y pautar con mucha claridad los caminos estilísticos y expresivos que seguía cada uno fuera de los márgenes creativos que imponía la banda. Lo que todos ya sabíamos de antemano se materializó en un fresco vibrante y sorprendente: si André representaba la vertiente arty, caótica e imprevisible del dúo, Big Boi daba voz y voto al latido más gangsta, más pimp, más dirty south de su discurso. Y como no podía ser de otra manera, quién sabe si como consecuencia de un innegable apego crónico al hip hop, quien esto firma siempre estuvo de parte de Big Boi, y su esperado, dilatado y accidentado debut en solitario, por fin ya a la venta después de tres años de percances con la industria, llega a tiempo para darnos la razón y el apoyo moral a los que apostamos por él en la siempre compleja decisión de elegir a una de las dos partes de un dúo de peso.

“Sir Lucious Left Foot… The Son Of Chico Dusty” es el disco que estaba esperando la escena sureña desde hacía mucho tiempo. También el hip hop, ojo, nada de encuadres ni reducciones geográficas. Aquí la cosa va en serio, muy a lo grande. Pero es cierto que en plena crisis existencial, también comercial, del dirty south, con Lil Jon perdido en una fórmula ya estancada y caducada, Ludacris entregado a un sonido conciliador y global, T.I. sometido a la tiranía del crossover, Clipse subidos a la nube de los hypebeasts o Gucci Mane como promesa todavía en ciernes que no ha estallado como se esperaba, la puesta de largo del MC de Atlanta invoca el espíritu de la época dorada de la zona y planta en nuestros morros el que probablemente sea el ejercicio hiphopístico más imaginativo, creativo y completo de la temporada. No te lo acabas. Sin exagerar: visto en perspectiva, ahora “Speakerboxxx” parece un banco de pruebas, una compilación de descartes, una antesala por pulir de este disco, que le supera con mucha contundencia y amplitud en todos los frentes artísticos posibles que se te puedan ocurrir.

La vitalidad, el impulso, la originalidad, el punch y la frescura que echamos de menos en los últimos cuatro o cinco años de crónica rap sureña se concentran aquí sin titubeos ni momentos de impasse o relleno. El material es excelente, con muchos aspectos a explorar y glosar. De inicio, el concepto y la idea general del disco, que muestra un equilibrio y una lógica interna admirable. No pretende ser un alegato revolucionario, ni tan siquiera en el propio entorno de Outkast, pues la fórmula es reconocible en todo momento y se muestra respetuosa y fiel a los parámetros del grupo, sobre todo los de su primer álbum. Pero no se conforma con la recreación o el continuismo conservador de logros pretéritos, sino que se empeña en sonar flamante, reluciente y nuevo, con un laborioso y concienzudo proceso de chapa y pintura que maquilla, en el mejor sentido del término, el punto de partida. Y además, para ponerlo en práctica no le es necesario recurrir al atajo pop ni a la coyuntura crossover, que nadie espere una simple revisión actualizada y más comercial –con los pegotes R&B de turno y una producción fast-food– de lo que todos ya podíamos tener en mente, nada de eso. Scott Storch, que firma su resurrección artística y, esperemos, económica después de declararse en bancarrota, Salaam Remi, Boi-1da, artífice de “Over” de Drake o, por supuesto, Organized Noize se encargan de darle lustre, brillo y poderío a unas producciones que comen aparte.

En el cruce de caminos de un ejercicio de sampleado portentoso y una sabia utilización de los instrumentos se localiza uno de los grandes atractivos del álbum. Mediante esa combinación de modus operandi, sonoridades, estilos y estéticas “Sir Lucious…” se abre paso con fuerza rítmica y pulsión melódica, arrollando al respetable. Los beats ovalados, las referencias electro, el predominio de un tempo bouncy encuentran acomodo en la calidez de los teclados y la guitarra y en la polivalencia de los loops y las muestras sampleadas, como en los viejos tiempos, pero con una constante deuda con el presente. El combinado forma un ente irrebatible, pegadizo y callejero al mismo tiempo, de aroma veraniego pero aspiraciones profundas e impactantes, que engancha y atrapa como la Coca-Cola. Todo ello aderezado con un elenco de invitados ilustres que en todo momento parecen estar en su sitio: Gucci Mane, B.o.B, Raekwon, Too Short, Sleepy Brown o T.I., entre muchas otras figuras de relumbrón del entramado sonoro negro.

Seguimos con los objetivos saciados y satisfechos: su eclecticismo y su amplia paleta de estados de ánimo. El disco puede ponerse más sensual y cachondo, como en “Turns Me On”, claro momento calientabraguetas, y luego moverse hacia territorios dramáticos, ahí queda “General Patton” con sus samples operísticos; y de ahí la acción se traslada a los clubes de moda del sur, con “Shutterbug” convertido en ese single con el que lleva soñando el decadente Timbaland desde hace ya un tiempo. ¿Queremos melancolía y memory lane? Ok, probemos con “Shine Blockas”, que aprovecha el sample de “I Miss You” de Harold Melvin & The Blue Notes que ya empleó Kanye West en aquella inolvidable “This Can’t Be Life” que le regaló a Jay-Z años ha. El efecto es idéntico al de entonces: piel de gallina, la sublimación absoluta del sampleo como mecanismo mágico de emoción retro, uno de los highlights del recorrido. ¿Espíritu Outkast? No problemo: “Lookin’ For Ya”, con colaboración de André 3000, suena a eso, a todo lo bueno que podría ser un nuevo álbum del grupo en el plazo de, no sé, uno o dos años. ¿Homenajes a las raíces y las señas de identidad? También, también. “Tangerine” encajaría como banda sonora de algún momento tenso y caliente de “True Blood”, y si esto no es el blues del Delta del siglo XXI que baje el Pulpo Paul… perdón, Dios, y lo vea. Para las radios mainstream y los buscadores de calentones R&B también hay pastel, qué os pensabais: “Hustle Blood”, con Jamie Foxx, o “Be Still”, con Janelle Monáe, son dos ejemplos impolutos que ilustran la manera en cómo se puede integrar el soul y el pop negro en un contexto rap sin perder aceite ni enseñar las cartas a las primeras de cambio.

Musicalmente estamos hablando de un portento, todo un prodigio de inventiva, gusto y criterio expresivo. En todas las canciones pasan cosas constantemente, ya sea mediante la aparición de apoyos vocales, instrumentos que vienen y van, sonidos que suman y ayudan, melodías apasionantes e impropias en la época y la escena, cambios de orientación, beats redondos o detalles inapreciables a primera escucha. Pero la ecuación no sería completa si la aportación lírica y vocal del rapper no estuviera a la altura. Aliado con su propio momento de plenitud creativa, Big Boi no sólo completa la selección musical con textos, rimas y juegos léxicos de alta gradación, cóctel lúcido, a veces desenfadado, a veces trascendente, a veces pillo, a veces chulesco, de referencias personales, noches de club, parábolas brillantes o hipertexto localista. No solo eso. También juguetea con su flow, su voz y sus skills para conseguir que cada canción nos parezca nueva y distinta de la anterior, que cada peldaño sea especial y memorable. Centenares, miles de ideas volcadas en cada canción que llegan para dignificar al género y revalorizar hasta cotas insospechadas las posibilidades del hip hop en pleno 2010: accesible, inspirado, maduro, atrevido y, sobre todo, fiel a su propia idiosincrasia, así es cómo suena y se mueve el gran disco de la primera mitad de año. David Broc

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