Love 2 Love 2

Álbumes

Air AirLove 2

6.5 / 10

AIR  Love 2

VIRGIN / EMI

De sobras es conocido por todos el chovinismo francés, esa elegancia (indudable en muchos casos) llevada al extremo hasta convertirla en una suerte de soberbia. El dúo AIR no iba a ser menos; practican un sonido meritorio y –aunque con altibajos – han sabido procurarse un sello de identidad muy unido al concepto “saber estar” durante toda su carrera. No obstante, a la hora de trabajar en el estudio siempre han tenido a alguien –ya fuera la vocalista Beth Hirsch, o el fallecido pianista Michel Colombier– que supiera canalizar y comedir tanta clase y virtuosismo, convirtiendo el producto en creíble e intencionado, y no en una altiva demostración de superioridad intelectual. Para “Love 2”, Jean-Benoît Dunckel y Nicolas Godin no han contado con nadie que hiciera esa labor. Y el resultado, aunque haya mantenido el sonido y el virtuosismo, les ha quedado entre desmesurado y vacuo. Desmesurado porque el conjunto del disco es una ristra de infinidad de formas de tratar el sonido, una excesiva demostración de bondad musical; las atmósferas, en muchas ocasiones, se recargan donde la sobriedad de “Talkie Walkie” (2004) o de “Pocket Symphony” (2007) hubiese jugado un papel mejor. Y vacuo porque el disco es un devenir de melodías preciosistas, idas y vueltas a la psicodelia y al krautrock, excesos de lounge con aires vintage y letras preocupantemente teenager para la edad que tienen. Sucesión de pequeños altibajos, sin ningún tema con contundencia, ninguna melodía adictiva, de esas que te hacen volver a la canción a lo largo del día en que la escuchas. En definitiva, un pastiche de sus propios catorce años de carrera musical.

Pero que nadie se asuste, el disco se deja escuchar en muchos momentos, con el inconveniente de que hay otros instantes en los que es mejor apartar tu atención antes de sentir una incómoda vergüenza ajena. El disco empieza con “Do The Joy”, un tempo tranquilo, sonido wah-wah, voces procesadas, reminiscencia sideral de la que ya existían precedentes en la banda. Al igual que con “Love”, el segundo corte, que recuerda al buen tropicalismo lounge pero que, a partir de la mitad, empiezan a toparse con demasiados sonidos. “Love” es como estar tumbada en una playa caribeña viendo la puesta de sol para, de repente, aparecer en una clase de música de sexto de primaria; un error en el que recaerán a lo largo de todo el disco. “So Light Is Her Footfall” es un quiero y no puedo de Playground Love, menos electrónico y más pop, influenciado por la chanson francesa. “Be A Bee”, cuarto track, cuya línea de bajo y su seco ritmo de batería parecen quedar fuera de lugar pero que acaban siendo de lo más trascendente que se escucha en el disco: si James Bond fuese francés este tema sería propio de la banda sonora de sus películas.

En este punto una empieza a ser consciente de que algo no funciona como había funcionado hasta ahora. Todo suena a AIR, pero no convence como en ocasiones anteriores. Ni siquiera es capaz de despertar odio, asco, rabia o cualquier sentimiento más visceral. A pesar del título, “Love 2” pasa muy de puntillas por cualquier sentimiento trascendente. De tanto reivindicar la elegancia francesa, se les ha olvidado la fogosidad y la entrega –elegante y comedida– de referentes de los que han tirado a lo largo de su carrera (tómese como ejemplo Serge Gainsbourg y su himno atemporal “Je T’Aime… Moi Non Plus”). “Missing The Light Of The Day” baja el tempo del disco y puede presumir de no pecar de los excesos que han empequeñecido el resto del álbum. Sin embargo, es el prólogo de la catástrofe: “Tropical Disease”, un extraño homenaje al hilo musical de los ascensores que le hace pensar a una en los momentos tiernos del cine cutre español de los setenta y en las orquestas del Paseo de la Playa de Levante de Benidorm. Un tema que, de haber sido hecho dejándose llevar, podía haber quedado de un kitsch muy resultón pero que, tal y como les ha quedado el disco, suena a broma tomada demasiado en serio. Y convierte la siguiente canción en una espera pesada y algo incómoda; te hacen desear un poco que se acabe el disco.

El octavo track, “Night Hunter”, aporta algo de luz en las sombras; más comedido de melodías y ritmos, con olorcillo a afrobeat, tiene groove, consigue moverte los hombros. Lo mejor de “Sing Sang Sung”, tema escogido como uno de los anticipos del álbum, es su vídeo. En los últimos tres temas parece haber una conexión entre artista y oyente: ninguna de las dos partes tiene ganas de más. A los de Versalles se les han acabado los instrumentos, los efectos, los filtros y, por fin, dejar de caer en el empastre para beneficio de la música. Sin embargo, el cansancio está lo suficientemente aposentado como para prestar excesiva atención, aunque ninguno de los últimos tres temas llega a ser tan trascendental como para imprimir una melodía en la memoria. Gunckel y Godin han querido hacer su disco más AIR, más propio, más identitario. Se han metido en el estudio y se lo han autoproducido, reivindicando un sonido cuya fórmula tienen cogida por la mano y que les ha llevado a la gloria (o sea, esta colaboración con Jean-Jacques Perrey) en otras ocasiones. Y de tanto reivindicarse, mostrarse y demostrarse a sí mismos, se han empachado sin llegar a saciarse ni nutrirse. Se han centrado en las formas, se han olvidado del fondo. El mensaje, la identidad, lo intangible de la música, que al fin y al cabo es lo que nos mueve algo por dentro, brilla por su propia ausencia. Queriendo responder a la pregunta “¿qué es AIR hoy en día, aquí y ahora?” con este “Love 2” le han dado al mundo un amplio pantone de sonidos propios, cuando podrían haberse currado un mural entero.

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