I Love You I Love You

Álbumes

Jason Urick Jason UrickI Love You

7.3 / 10

Jason Urick

Han pasado dos años desde que el músico norteamericano Jason Urick iniciara su andadura en solitario con un álbum, “Husbands” –publicado por toda una garantía de seriedad y fiabilidad como es el sello Thrill Jockey– que no pasó desapercibido entre los consumidores habituales y más puestos de drones y ambient cósmico. En esa puesta de largo ya asomaba el hocico un autor misterioso y enigmático al que le gustaba perderse entre mantras lisérgicos, espacios abiertos y agujeros negros de psicodelia ambient, punto de encuentro más que razonable entre Brian Eno, Emeralds, Terry Riley o Oneohtrix Point Never. Y si entonces ya nos parecía que la propuesta de Urick desvariaba, en el mejor sentido del término, con su nuevo álbum, “I Love You”, también para Thrill Jockey, todas las sospechas se han confirmado ampliamente.

Más Popol Vuh que nunca, de hecho muchos de los pasajes del álbum tendrían su sitio y razón de ser sin ningún problema en “Aguirre, La Cólera De Dios” o, sobre todo, si damos por buena la leyenda de que los actores habían rodado el filme en estado de hipnosis, en “Corazón De Cristal”, este segundo disco explora con mayor insistencia e intención las posibilidades de los loops vocales como vehículo expresivo. La repetición machacona de una muestra hablada o cantada, da igual, le sirve a Urick para edificar desde cero sus construcciones alucinadas. El tema inicial que da título al álbum es la cúspide de este método creativo: una voz distorsionada, ininteligible, se somete al tratamiento sonoro del músico norteamericano, que sin abandonar en ningún instante su querencia por los recursos analógicos y el perfume setentero de su estética, sabe darle alas, frescura y vigencia a su particular revival cósmico. Suena retro, como nos gusta, pero ni apolillado ni mohoso.

Cuenta el propio Urick que la gran fuente de inspiración de “I Love You” fue uno de estos llaveros que emiten sonidos o frases al apretar un botón. Y escuchando este disco, dividido en cinco largas piezas de convincente unidad estética y emocional, se entiende ese punto de partida. “Don’t Digital” evoca la imagen de un viaje astral con la única compañía de un loop vocal que se va difuminando y pervirtiendo a medida que pasan los segundos y al que acompaña una composición rítmica insidiosa que se incrusta en la cabeza sin pedir permiso. Y así es la tónica general de todo el proyecto. Esto es ambient cósmico a la vieja usanza, como mandan los cánones: ambicioso en las formas y en sus aspiraciones, meticuloso y obsesivo en el tratamiento de los sonidos y, cómo no, profundo e incómodo en sus labores de medio escapista. Un trip de mucho cuidado.

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