I Love You, Please Love Me Too I Love You, Please Love Me Too

Álbumes

Joseph Hammer Joseph HammerI Love You, Please Love Me Too

7.8 / 10

PAN RECORDS

Las fechas no acaban de cuadrar del todo bien. El mes real de publicación de “I Love You, Please Love Me Too” es marzo de 2010, en vinilo gordo y limitado a 330 copias numeradas. Ha pasado tiempo y Joseph Hammer no debería ser actualidad. En cambio, es ahora, exactamente ahora (la buena clasificación en las listas de The Wire de lo último de Keith Fullerton Whitman, “Disingenuity B/W Disingenuousness”, debe haber ayudado a recuperar back catalogue) cuando puedes comprar este material de Pan sin tener que remover cielo y tierra: varias tiendas de referencia que trabajan material esquivo lo han puesto a disposición de los clientes que no tememos pagar por encima de las 12 libras, algo así como la barrera psicológica que disuade a mucho aficionado y le lleva directamente a los foros de descarga –hasta que se escucha lo suficiente como para saber que necesitas tener el objeto, y no sólo unos ficheros, con el peligro lógico de que, cuando ha llegado el momento del arrepentimiento, la tirada inicial cortísima se haya agotado definitivamente–. Tengo en mis manos, pues, una copia llegada vía Boomkat: es una delicia para el tacto, y si te das prisa es posible que llegues a tiempo. Una vez superado ese momento decisivo en el que asaltan las dudas entre hacer el pedido o dejarlo para más tarde, podrás tener en tu colección un artefacto de altísimo nivel que viene a reactivar fugazmente –porque ya no se habla de ella como hace unos años– la técnica que conocemos como plunderphonics.

Joseph Hammer, residente en Los Ángeles y en activo en la escena avantgarde de la Baja California desde principios de los 80, es en realidad uno de los pioneros del uso del sampling y el cut-up en tiempo real en la música marginal que circula por galerías de arte, museos y locales clandestinos. ¿Por qué no ha disfrutado de mayor fama? No tengo respuestas a eso. Quizá no hay espacio promocional para todos, y menos si durante años ha sido Christian Marclay quien ha abanderado el collage radical de vinilo y mesa de mezclas, y John Oswald –en dura competencia con Negativland– el gran pirata de los sonidos encontrados. A estas alturas no creo que haya margen para reescribir la historia, pero sí lo hay para hablar bien de este ejercicio de corta-y-pega al que le pueden venir bien muchos adjetivos, aunque el más adecuado sería también el más sencillo: es “sorprendente”. Sorprendente, sí, porque transmite vitalidad, actualidad y frescura, que es algo que cotiza a la baja en beneficio de la gravedad y el aburrimiento: el peso neto de lo experimental está disimulado por rasgos que corresponden a movimientos más accesibles y recientes como el pop hipnagógico y la escurridiza hauntology. Y todo eso con una pizca de “estilo MTV”.

“I Love You, Please Love Me Too” es un mosaico de sonidos y el resultado es una secuencia de color, figuras y acciones hiladas con una puntada débil y tímida. Se oye de fondo una base de ruido estático y los samples entran y salen sin un orden preciso. La secuenciación es básicamente armónica, aunque de vez en cuando hay algún beat que domina, y no sólo unas notas similares que hacen de puente entre un esbozo de canción y otro, aunque debe quedar claro –por si acaso– que lo de Joseph Hammer no es un DJ mix. Sí es un trabajo de pintura sonora en el que dispone un lienzo en forma de cinta magnética y va introduciendo los colores tomados de la radio y discos raros. La doble conexión con la hauntology y el pop hipnagógico se establece por el origen de las fuentes: por un lado, está la capa de ruido y de nostalgia, de música vieja llegada desde algún rincón olvidado de la memoria y por la textura fantasmal de la que están cubiertas las muestras, en la línea del “Persistent Repetition Of Phrases” de The Caretaker; por otra parte, está la nostalgia de las viejas estaciones de radio y la música que suena en emisoras comerciales, de soul moderno a rock peludo, siempre difuminada en una leve capa de bruma y una textura que parece querer borrarse poco a poco.

El resultado final es hipnótico. Ves pasar ante ti siluetas espectrales de todo tipo, como Flying Lotus encerrado en un disco de Rangers o Forest Swords, con la diferencia esencial de que no son ráfagas espaciales, pop melancólico, ritmos abstractos y atmósferas de banda sonora lo que aquí suena, sino una amalgama de voces de ópera, riffs de guitarra, intros de canciones soul, grabaciones de publicidad antigua en la radio, chasquidos que se atascan y forman un loop de ruido bello, la fanfarronería de algún rapper antes de iniciar una letra, gorgoritos de diva R&B, flamenco, folk desvaído y músicas del mundo entero. Son dos caras, a más de veinte minutos cada una, en las que asistimos a un irrepetible espectáculo en el que vemos desfilar ante nuestros ojos –los ojos de la imaginación– un insólito carrusel de fantasmas atrapados en las tripas de una máquina. Si la vida le concede una segunda oportunidad a Joseph Hammer, podré decir por fin que éste es un mundo en el que existe la justicia.

Robert Gras

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