I Love You, Dude I Love You, Dude

Álbumes

Digitalism DigitalismI Love You, Dude

6.3 / 10

Digitalism  I Love You, Dude V2

Para muchos, Digitalism pasarán a la historia por ese hit llamado “Pogo”. Si me lo preguntáis, coincido con los pocos que consideran la estruendosamente dafptunkiana “Jupiter Room” como lo mejor del dúo. Son dos formas distintas de ver un discurso bidimensional, previsible del cagarse. Por una parte, tienes a los Digitalism más ‘edbangerianos’: filtros, beats aplastantes, samples que te perforan el cráneo, pastillamen por aquí, pastillamen por allá (los que a mí me gustan, vamos). Por la otra, tienes a los Digitalism más electro-pop-indie, con sus guitarras, baterías garageras y melodías vocales. Pues parece que los pesimistas estaban en lo cierto: en su segundo LP, los de Hamburgo han optado por rebajar la caspa digital y pulir su estilismo sonoro para ahondar en las melodías: más voces, más pop, más sutileza, menos ciego. Aviso: mola, pero no impresiona.

Los que cataron las primeras mieles de “I Love You Dude”, en el single de adelanto “Blitz”, pudieron comprobar que la intuición para crear monstruos pisteros de Jens Moelle e Ismail Tüfekçi seguía funcionando a todo gas. Alivio, todavía son unos animales cuando van a lo sencillo. A la electrónica boogie de toda la vida. A pan, cuchillo y filtro. El track, lógicamente, es una bestia de hipnosis playera y house onírico que pone los pelos de punta, pero no define en absoluto el tono del LP. De hecho, los momentos más puramente electrónicos y más rabiosos hacen de ligero contrapeso en un disco lastrado por los minutos indies, las canciones cantadas, en definitiva. “2Hearts”, “Circles” o “Forrest Gump” son grandes pastiches de rock modernillo, lo acepto, la producción es inteligentísima, vale, las voces muy “Ghost World” friendly

Pero algo falla. No son creíbles en su faceta de pop stars. Porque donde realmente nos recuerdan su poderío es en la fabricación de bollería electrónica industrial. Grasienta. Tóxica. “Reeperbahn” es un trallazo disco-heavy que entra como metanfetamina espolvoreada en la cara. “Antibiotics” es un hitazo raver que deja el regusto amargo del mejor cristal en la punta de la lengua. Triunfan cuando hace el trabajo sucio, así de sencillo. Porque si todo el disco hubiera tenido la mala hostia de “Miami Shockdown” –acid enfermizo directo a la encía– o la capacidad euforizante de “Encore” –una bestialidad disco house que te deja como nuevo– otro gallo cantaría. Bueno, ahora que lo pienso, mejor que en el próximo no cante nadie.

Óscar Broc

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