Love King Love King

Álbumes

The-Dream The-DreamLove King

7.8 / 10

The-Dream Love King

DEF JAM

Un breve ejercicio de memoria, ¿recuerdan la crítica del disco de Drake publicada hace escasos días? David Broc hablaba de la vagina como consumidora musical. Y le ponía un NM – “necesita mejorar”– al debut del canadiense. Ya lo sé, lo de la nota es una chorrada, es arbitraria, bla bla, bla. Pero si no lo digo reviento: mi vagina le hubiera puesto un siete largo a Drake. Y eso que mi vagina no atiende a las características de ese mercado del que habla Broc en el cual ellas escogen y ellos –novios o futuribles– pagan. Mi vagina no conoce novio ni proyecto de ídem; mi vagina tiene poder adquisitivo suficiente como para costearse su fanatismo por el mellow urban y mi vagina sospecharía de homosexualidad encubierta si un sujeto la avasallara con merchandising de Drake. A mi parecer, las vaginas que hacen aguas con las estrellas del R&B son autosuficientes o encuentran la manera de serlo (¿acaso no ha sido la vagina la puerta a la autosuficiencia femenina desde tiempos inmemoriales?). Y, lo más importante, ¿los escrotos –heteros u homos– no se tensan al compás del álbum de Drake? El “Thank Me Later” nos lo estamos comiendo todos, mujeres y hombres, vaginas y penes, así como nos vamos a comer el disco a tratar en las siguientes líneas, porque a todos nos gustan las cosquillitas y las carantoñas por igual. A título meramente informativo añadiré que, el que quiera algún trato de favor con mi vagina, que se curre una mixtape de las de toda la vida, ¡coño!

Ahora al lío. Todos sabíamos que esto iba a pasar. El nuevo álbum de Terius Youngdell Nash se nos iba a solapar con el debut de Drake. Las comparaciones, aunque odiosas, son inevitables. Y en vista de cómo han funcionado ambos artistas en el mercado hasta ahora, todos esperábamos que la balanza se inclinara a favor del canadiense en pos de ese puntito de distinción, refinamiento y pseudo-intelectualidad del que The-Dream adolece a veces. La eterna lucha norte-sur, Canadá vs. USA, alta y baja cultura (la ropa que Zara no vende en el norte se envía el sur porque allí tiene salida, es un hecho irrefutable). Pero Drake se ha pasado haciéndose la víctima del star-system, esclavo de su sex-appeal, siervo de su sensibilidad. El rollo no cuela. Mientras, Terius se ha encargado de ser él mismo: ese gañán entrañable, el tonelete cósmico, el Petit Suisse de morcilla, el que tira de carisma para meterse en tu cama y en tu reproductor. Mientras Drake lloraba el fracaso de su affaire con Rihanna en vez de poner morritos, apretar abdominales e ir a por otra jamelga, The-Dream se las apañaba la mar de bien para trajinarse a Christina Milian from AM to PM. Una diferencia de actitudes y aptitudes palpable en la realidad y en la musicalidad.

Con “Love King”, The-Dream te vende el amor real, el de todos los días, el de “joder, te quiero mucho, pero si mi ex la que me hizo mucho daño me manda un sms se me pone el culo pequeñito” (“ Nikki Pt. 2”). O el de “sí, he salido de fiesta, me he magreado un poco con una lumi, pero he vuelto a casa contigo y es algo que puedo solucionar pasando por Sephora (“ Make Up Bag”). Así de crudo y acabas comprando porque llega un momento en el que te das cuenta de que la idea de amor romántico es una mentira que nos vendió Disney cuando éramos pequeños. ¿Dónde está el truco? Pues en el envoltorio, como todo producto con hype. Las producciones de Mr. Nash tienen denominación de origen: sintes del amor, melodías de algodón de azúcar, efluvios de autotune, bombos y cajas clasiquísimas, verso-puente-estribillo. Simple, llano y efectivo. Sabes que no tiene nada especial pero va directo a tu estómago (pasando por la vagina, claro). A veces, rozando lo pueril, como con esa obsesión por el deletreo. Cantar “ L to the O / V to the E / K to the I / N to the G” te hace sentir igual de tonta que una animadora; hasta que llega la melodía, los coros y el punto southern guarrete, el cielo se vuelve rosa y lila, el horizonte se llena de siluetas de palmeras y todo el mundo parece estar enamorándose como si tuviera 15 años. Ídem de lo mismo con “ F.I.L.A.”. ¿Y qué es el amor sin la lujuria? Para ese menester está “ Panties To The Side”. Un título explícito para un vídeo que, por lo que vemos en el teaser, parece que va a ser igual de tórrido. Tema que bailarán hasta la expulsión en la próxima edición de Fama (creo que se va a llamar Fama Revolution, a lo Matrix… Os podéis reír ya).

La sorpresa, el desencaje, la brillante excepción se llama “ Yamaha” y es tan buena que hasta Pitchfork ha tenido que chartearla. Un patchwork perfecto entre Prince, “Human Nature” de Michael Jackson y “Get Me Home” de Foxy Brown. Orgía de sintetizadores servida en ritmo sincopado. R&B 2step para coronar un álbum que, todo sea dicho, va perdiendo fuelle según transcurren sus 12 canciones (la edición Deluxe tiene 17 y si toleras bien la glucosa podrás con “ Veteran”, pero puedes obviar el resto de bonus). Cuando todo acaba, te sientes un poco sucia pero satisfecha, sabes que es una garrulada pero te encanta. Imagina que Brad Pitt te dijera: “tienes unos ojos que te comería todo el coño”. ¿De verdad no te acostarías con él? Pregúntale a tu vagina.

Mónica Franco

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