Love Is The Plan, The Plan Is Death Love Is The Plan, The Plan Is Death

Álbumes

James Blackshaw James BlackshawLove Is The Plan, The Plan Is Death

7.8 / 10

Dentro del mundo de la ciencia-ficción se considera a James Tiptree Jr. como un clásico menor, un autor laureado en su momento (en particular durante las décadas de los 60s y los 70s), pero que ha ido perdiendo lustre con el paso de los años. Lo interesante de Tiptree, sin embargo, es que en realidad se trataba de un alias, un escudo concebido por la norteamericana Alice B. Sheldon para publicar sus relatos sin tener que exponer su condición de mujer a un público poco receptivo en cuestiones de género, y que gestionó con tanta maña que la verdad no llegó a descubrirse hasta poco antes de su muerte. Una maniobra particularmente inteligente, porque la visión de Tiptree tenía mucho de femenina: sus personajes solían estar atrapados en una posición extraña entre el deseo y la obligación, entre el respeto a las convenciones y la voluntad por explorar el libre albedrío. Personajes, en fin, que dudaban entre lo que se esperaba de ellos y lo que de verdad querían hacer, que anhelaban su libertad con una vehemencia tan grande que podían llegar a alcanzar la muerte, como le sucede a la extraña criatura alienígena que protagoniza “Love Is The Plan, The Plan Is Death”, uno de sus relatos más crípticos y celebrados.

No se puede tomar a la ligera, por tanto, el hecho de que James Blackshaw haya decidido escoger ese mismo título para bautizar su décimo disco (todas las canciones, de hecho, toman sus títulos y su inspiración de relatos de Sheldon). Al músico londinense se le conoce sobre todo por su habilidad sobrenatural con la guitarra acústica de doce cuerdas; por esas larguísimas suites en las que mezcla minimalismo, sonidos medievales, drones y ciertos aires folk, y en las que prácticamente sólo suena ese instrumento. A Blackshaw se le conoce por eso, pero lo cierto es que en sus discos hace ya tiempo que intenta despegarse de ese sonido en favor de una paleta de instrumentos más variada (pianos, guitarras, cuerdas, metales, incluso sintetizadores) y de una manera de componer más amable, menos enrevesada, más preciosista (también más convencional, pero que nadie tome esto como un reproche). Un mudar de piel cuyo punto de partida se puede fijar en su entrega de 2009, “The Glass Bead Game”, la primera en la que el piano arrancaba el protagonismo a la guitarra en alguna de las composiciones, y que se ha culminado en este “Love Is The Plan, The Plan Is Death”, el primero de sus discos en el que su instrumento más natural, la guitarra de doce cuerdas, ni siquiera aparece. Como la criatura protagonista del cuento de Tiptree Jr., Blackshaw también está intentando escapar al destino que se le supone de antemano, está intentando eliminar los elementos de su entorno que le provocan alienación y le encadenan a una posición en la que siente asfixia. De momento, con un éxito moderado.

Moderado, porque también parece que algo en su interior le impide soltar amarras por completo. Y es que, a pesar del cambio en las herramientas, Blackshaw mantiene intacta su particular habilidad para perderse en composiciones-río: piezas de forma cambiante, que van mutando de estilo y sonoridad a lo largo de su desarrollo, y que suelen tener una vocación paisajística “marca de la casa”. Tanto “Love Is The Plan, The Plan Is Death” (la canción) como “Her Smoke Rose Up Forever” se mueven por el mismo territorio que frecuentaban sus primeros discos: el sonido tiene matices diferentes, es cierto, pero las intenciones y los gestos son los mismos; apenas la inclusión de leves trazos atmosféricos señalan una tímida evolución. Tiene que llegar “And I Have Come Upon This Place From Lost Ways” para comprobar que el cambio es profundo y radical: sobre una línea de piano impresionista, en la que se intuyen ecos de Satie y Debussy, la cantante canadiense Geneviève Beaulieu (cincuenta por ciento de la banda de doom ambient Menace Ruine) va dejando caer líneas vocales que se enredan entre las líneas melódicas, dando cuerpo a una pieza hipnótica y ensimismada, con un cierto aire medieval, que abre un campo de posibilidades enorme delante del londinense. Luego llegarán la bonita “A Momentary Taste Of Being”, en la que las líneas de guitarra se dejan arropar con preciosistas arreglos de cuerda y teclados, y la profunda “We Who Stole The Dream”, una composición que vuelve a dar todo el protagonismo a la guitarra, y que es una de las piezas más tristes, más dolorosamente hermosas, que Blackshaw ha grabado jamás. Y “The Snows Are Melted, The Snows Are Gone”, que cierra el disco de nuevo al piano, pero esta vez cultivando un sonido más expansivo, cercano al que frecuentan tipos como Max Richter, Jóhann Jóhannsson o Dustin O’Halloran.

Termina así el disco, con una nota esperanzada y un fondo de cuerdas que se desvanece en la lejanía, y tiene el oyente la sensación de haber acompañado a Blackshaw a través de un viaje con mucho de iniciático. Un viaje en el que el compositor se ha puesto a prueba, forzando sus habilidades al límite, como queriendo convencerse de que es la hora de dar un paso adelante y lanzarse a la busca de nuevas metas. Y si por el camino sigue dejando trabajos tan brillantes como este “Love Is The Plan, The Plan Is Death”, puede estar seguro de que muchos iremos detrás de sus pasos.

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