Loud Loud

Álbumes

Rihanna RihannaLoud

7.4 / 10

Rihanna  Loud

DEF JAM RECORDINGS

Corramos un tupido velo. Esto es lo que debió pensar Rihanna cuando se puso manos a la obra con “Loud”, el disco que tendría que haber sido el verdadero relevo de aquel “Good Girl Gone Bad” (2007) que le colocó en el selecto grupo de divas pop interplanetarias para todos los públicos. Lleva un ritmo frenético a lo Cheryl Cole –un álbum por año y tiro porque me toca–, y es que la muchacha de Barbados tenía que quitarse rápidamente el mal sabor de boca de “Rated R” (2009), un disco fallido que, si aguantó en los charts, fue gracias al pelotazo de “Rude Boy”. Hay que reconocer que ha sabido sobreponerse al fiasco (aunque confieso que ella, como personaje del star system, no es santo de mi devoción): si hace doce meses nos trajo un álbum siniestro e infumable que se recreaba en el victimismo por mor de esos maltratos que recibió del apestado social Chris Brown, “Loud” representa la otra cara de la moneda. Es como un buffet libre que puede contentar al mercado estadounidense –mucho R&B y ritmos urban con colaboraciones como la de la omnipresente Nicki Minaj en “Raining Men”– como al europeo –siempre más proclive al dance y las bases machaconas–. De modo que podemos estar contentos con el resultado y, de paso, avergonzarnos en menor grado de ese peinado panocha teñido de pelirrojo que luce ahora.

“Only Girl (In The World)”, producido por el equipo noruego Stargate –o la mosca cojonera que más molesta a David Guetta, los que fueran responsables de “Don’t Stop The Music” o “Rude Boy”–, es un tema que ya nos pone sobre aviso. ¿A qué aspira Rihanna ahora? ¿A ser una diva choni que ladra como una perra en celo sobre ritmos progressive, en la línea de las actuales Kelis o Kelly Rowland? Después de oír el disco completo nos damos cuenta –dejando de lado, eso sí, canciones como “S&M”, con sample cachondo del “Sexy Bitch”– de que las suposiciones eran erróneas y que el resto del minutaje no tiene nada que ver. Si no, escuchen atentamente “What’s My Name”–el octavo nº 1 en las listas Billboard que Rihanna consigue en Estados Unidos a sus 22 años: tiene mucho mérito– o “Cheers (Drink To That)”, una simpática oda al alcoholismo que le hubiera venido de perlas a la zarrapastrosa de Ke$ha, y co-escrita por ese cadáver artístico que responde al nombre de Avril Lavigne –ya que toma prestado un fragmento del “I’m With You” de la skater canadiense–.

Si “Rated R” pecaba de exceso de baladas sobrecargadas de tintes autobiográficos y que no aportaban absolutamente nada a nuestras vidas, “Loud”, por lo menos, deja el listón melodramático en un lugar más alto. Y aunque por momentos parece un spin off de “If I Were A Boy” de Beyoncé, “California King Bed” resulta más que digna, del mismo modo en que lo es el medio tiempo “Complicated”, una de las más gratas sorpresas que vamos a encontrar aquí. Rihanna, que cuando quiere es una tramposa de tomo y lomo, aprovecha el filón de “Love The Way You Lie” (a dúo con Eminem) aportando perspectiva femenina, reescribiendo las estrofas y adjudicándose los méritos. Mal que nos pese, esta segunda parte del tema es un gran cierre para un disco al que sólo le sobran dos cortes.

Es el caso de “Man Down”–o cómo creerte una cantante de reggae impostando la voz de manera bochornosa– y “Skin” –que en su día ya fue un descarte de “Rated R”; imaginen–. Rihanna vuelve, por lo tanto, por la puerta grande. Ahora que los vocoders tiemblan de miedo tras el reciente ingreso de nuestra querida Britney Spears en el estudio de grabación para comenzar su nuevo disco, la jovenzuela que se presentó al mundo sampleando a Soft Cell en “SOS”puede respirar tranquila. Las heridas del pasado año por fin han cicatrizado. Y uno, que en el fondo tiene su corazoncito, se alegra sinceramente.

Sergio del Amo

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