Loud City Song Loud City Song Top

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Julia Holter Julia HolterLoud City Song

8.2 / 10

A pesar de que ella misma se defina como una persona un tanto temerosa, es indiscutible que Julia Holter es una de las artistas más intrépidas del pop actual. Tal y como ya había quedado patente en sus dos anteriores discos –el magnífico “Tragedy” y el excelso “Ekstasis”–, sus canciones suelen contener más ideas, giros y recovecos de los que muchos artistas abordan en álbumes completos. Esta vocación aventurera se hace extensiva a la dimensión conceptual que da a sus trabajos.

Si en sus dos primeros discos su imaginario bebía del clasicismo griego, en “Loud City Song” el marco es mucho más contemporáneo, partiendo de elementos de la trama del musical “Gigi” –basado en la novela del mismo nombre que escribió Colette en 1944– para retratar las luces y sombras de su Los Ángeles natal, y, en particular, la obsesión con cultura de la celebridad que alimenta el zeitgeist actual de la ciudad.

“Loud City Song” es el primer disco que Holter graba fuera de su dormitorio. Desde su fichaje por Domino el presupuesto y los medios se han multiplicado y, en consecuencia, su paleta sonora se ha engrandecido. Las capas de sintetizadores dan paso a un amplio abanico de instrumentos clásicos, las cajas de ritmo ceden su lugar a las batería reales, y su voz suena más diáfana que nunca. Ya en el corte inaugural, la majestuosa “ World”, suenan delicados apuntes de piano, trombón, chelo y clavicordio a modo de preludio minimalista del lenguaje que despliega a lo largo del disco. Del mismo modo, la canción sirve de introducción al universo temático del disco, centrado en el conflicto entre la sociedad y el individuo, con una letra que se vale de imágenes aparentemente triviales –en ese caso, los sombreros– para acabar abordando los abismos existenciales derivados de la vida moderna. Un recurso que bebe de su característico afán por el cruce de referencias y sobre el que edifica gran parte del apartado lírico del álbum.

Holter escribió las canciones sabiendo que las iba a grabar con un conjunto orquestal, pero esto no significa que haya cambiado su modo de componer. Su alquimia sigue fundiendo experimentación y sensibilidad pop y, por mucho que las costuras sean más tradicionales, su música sigue bebiendo de los desarrollos anárquicos y de las inflexiones vocales singulares. En “ In The Green Wild”, por ejemplo, empieza entonando voces de ninfa folclórica sobre punteos de contrabajo para acabar retomando la senda del pop soñador sobre cuasi-discordantes arreglos de cuerda. Quizá los universos que dibuja no sean tan enigmáticos, pero el hechizo sigue ahí. Una dimensión extra-mundana que ya no necesita apoyarse únicamente en lo vaporoso, sino que aflora como consecuencia natural de la infinita curiosidad de su mirada. Del mismo modo, su voz no es tan dependiente de los mantos de reverb para sonar angelical. Incluso en las canciones más planeadoras –“ Hello Stranger” (una versión de un oscuro clásico soul popularizado por Barbara Lewis, por cierto), “ He's Running Through My Eyes” o la conclusiva “ City Appearing”–, suena extremadamente cristalina, como si finalmente hubiera tomado consciencia de todo su potencial subyugante.

Si algo se hace evidente a lo largo del disco es que la grandiosidad de los envoltorios se hace extrapolable a la confianza que ha ganado Holter, especialmente en sus interpretaciones. En este sentido, “ Maxims I” recupera los aires teatrales de “ Tragedy” pero desde una perspectiva mucho más expansiva, que huye del discreto encanto de un dormitorio para apuntar a la solemnidad de los grandes escenarios. Una seguridad que también la lleva a abordar registros formales mucho más diversos. De la misma manera que “ Maxims II” flirtea con el free-jazz por medio de un revoltoso saxo que bordea la disonancia, “ This Is A True Heart” contiene la melodía más acaramelada que se le recuerda. Esta diversidad también se aplica al campo emocional. Valga como ejemplo “ Horns Surrounding Me”, en la que une grabaciones de campo, un ritmo de pulso marcial y un manto de vientos amenazantes para generar una suerte de tensión poco habitual en su obra hasta el momento.

Las limitaciones con las que había grabado Holter hasta la fecha probablemente habían alimentado, aunque fuera de forma inconsciente, la peculiar personalidad que emanaban sus dos primeros trabajos. Con su salto a una liga, digamos, profesional, y su apuesta por las orquestaciones lujosas corría un doble riesgo; que su música se estandarizara y que cayese en un exceso de pomposidad. Si algo demuestra “Loud City Song”, sin embargo, es que, por encima de las encarnaciones formales, su mirada sigue siendo única. Es cierto que las canciones quizá no sean tan redondas y embriagantes como las de “Ekstasis” y que la solemnidad que sobrevuela todo el disco le hace perder algo de la frescura sus anteriores transmisiones, pero la ambición que irradia el trabajo prueba que su potencial no solo no ha decaído sino que está en fase de crecimiento. Quizá no es una obra maestra, pero permite descubrir a Holter explorando los límites de un talento que, a día de hoy, parece no tener fin.

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