Lost In The Game Lost In The Game

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Kid606 Kid606Lost In The Game

7.2 / 10

No es ningún secreto que al venezolano Miguel De Pedro le gusta con locura ejercer el papel de enfant terrible. En los casi quince años que lleva en activo (casi siempre con el disfraz de Kid606) ha publicado una docena de discos y unas pocas decenas de singles, maxis, EPs y casetes en los que ha dado forma a una música radical y violenta, que celebra el desfase ravero, el breakbeat, el mash-up y, en general, el Apocalipsis. Siempre amigo del enfrentamiento y el tocamiento de genitales, De Pedro ha aprovechado esos lanzamientos para meterse con compañeros de profesión (con la celebrada “Luke Vibert Can Kiss My Indie-Punk Whiteboy Ass” como exabrupto más sonado), para practicar la ironía fina ( “Pretty Girls Make Raves”) y, mucho más a menudo, el humor de brocha gorda ( “It'll Take Millions In Plastic Surgery To Make Me Black”); para desmontar la supuesta ‘inteligencia’ de la IDM y para lanzarse a todo tipo de parodias: la última, esa broma acerca de Big Black que es “Songs About Fucking Steve Albini”, su disco de 2010. Y todavía le ha quedado tiempo para dirigir Tigerbeat6, el sello que más lejos ha llevado un género tan dado al eructo sonoro como es el breakcore. De Pedro, en fin, es el tipo que los padres no quieren de novio de sus hijas, el amigo raro que a las madres no les gusta ver rondando por casa, el macarra que se pasea por el vecindario con un coche tuneado, con un equipo de dos mil vatios atronando gabber desde el maletero. Un sinvergüenza sin demasiada moral ni muchos escrúpulos que, sin embargo, vive atrapado en la paradoja de su propio personaje: cada vez que se le ocurre grabar un disco en serio le sucede como al otro Pedro, el del lobo, que nadie confía en que esta vez lo esté diciendo de verdad. Y lo más curioso es que precisamente son esos pocos trabajos, en los que deja de lado la broma y se esfuerza por componer en un sentido ‘clásico’ del término, los más celebrados de su discografía. Títulos como “Ps I Love You” (2000), “Resilience” (2005) o ya citado “Songs About Fucking Steve Albini” (2010), en los que Kid606 escribe melodías de aire pop, utiliza ritmos convencionales, se pliega a los estándares de una IDM preciosista o investiga una vía ambiental, sin ritmos y con mucha textura legañosa.

Es a esa vertiente ‘amable’ a la que pertenece “Lost In The Game”, un disco que, según afirma el propio De Pedro en las notas interiores, funciona como exorcismo de “un año en el que lo he pasado muy mal”, y que más allá de los títulos de algunas canciones ( “Godspeed You African American Emperor”, “Night Club vs Book Club”, “Big Black Ketamine Jesus”: hay cosas que nunca cambiarán) no tiene nada de chistoso. Antes bien, los trece temas que contiene abrazan un downtempo de tonos oscuros y atmósferas opresivas, en el que mandan los sintetizadores analógicos, las melodías adquieren un papel protagonista y los ritmos avanzan a baja velocidad y de manera discreta, sus ecos resonando desde el plano de fondo. Se nota que es un disco de Kid606 porque la belleza nunca llega a triunfar del todo: en “Gimme Summer” los bonitos arpegios y las melodías tocadas con dos dedos, tan propias de la IDM clásica, conviven con ráfagas ácidas y una molesta compresión; “New Boss Same As Old Boss” esparce polirritmias alocadas por encima de un manto de sintetizadores distorsionados; “Left Hand Pathfinder” naufraga en un incomodo mar de masas atonales (muy en la senda del “Selected Ambient Works II” de Aphex Twin, por cierto) y “Baroque And Out Of Money” se regodea en el uso de sonidos horteras. Pero más allá de su voluntad oscurantista, “Lost In The Game” funciona porque resulta extrañamente atractivo: hay algo entrañable en temas como “I Need To Start A Cult” o “I'm Sick But I Ain't Dead” (una de las cosas más frágiles que ha grabado nunca De Pedro), que certifican que el chico se está haciendo mayor y que está cansado de tener que ejercer siempre el papel de bufón de la corte. Que, como sucede con el viejo payaso, detrás de la sonrisa pintada en la cara hay un alma que a veces está triste y no tiene ganas de fiesta. Así que sólo queda por saber si el giro que supone “Lost In The Game” es sólo una pausa para tomar aire, antes de volver a sumergirse en una bacanal de ritmos rotos y samples de chiste, o si es el primer episodio de un cambio permanente. Y yo, la verdad, espero que se trate de esto último.

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