Looping State Of Mind Looping State Of Mind

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The Field The FieldLooping State Of Mind

8.1 / 10

The Field  Looping State Of Mind KOMPAKT

Axel Willner admite que ya no escucha tanto techno como antes, y se nota. Se nota en la caída vertiginosa del tempo en este tercer álbum que graba como The Field –sin contar “Sound Of Light”, que duraba una hora pero cuenta como EP en su discografía–, donde sólo dos cortes puede decirse que han sido pensados para sugerir un estado hipnótico entre las paredes de un club. Los rasgos que han caracterizado siempre a The Field siguen ahí, por supuesto –me refiero a la repetición incesante, a las microestructuras cíclicas que se articulan como loops montados sobre otros loops, al origen en el trance y en el shoegaze–, pero el espacio que buscan ahora es más íntimo, doméstico, y el efecto que consiguen es todavía más mental, cuando antes todavía había espacio para el goce del cuerpo y la expresión física a partir de la música. Esta evolución, de todos modos, no debe sorprender a nadie: estaba ya indicada en “Yesterday And Today” (Kompakt, 2009), otro disco que ya dejaba a la vista indicios de cambio con respecto a “From Here We Go Sublime” (2006): el músico sueco empezó a confiar más en la percusión orgánica que en el disciplinado 4x4 de una producción digital, cambió el laptop por una banda de directo de tres músicos, le dio más importancia a su bagaje krautrock –más Neu!, más Harmonia– que a su sobrio conocimiento del techno hipnótico alemán de los 90 –The Modernist, Air Liquide, Cosmic Baby–. “Looping State Of Mind” no tiene más misterio que ese: es el esfuerzo por ir aún más lejos en esa línea.

Esa línea implica que, salvando “Is This Power” e “It’s Up There”, curiosamente las dos primeras balas que dispara este disco que hoy se pone a la venta en digital (en CD y vinilo no estará hasta el 10 de octubre), The Field abandona la madrugada eterna y cultiva la música del crepúsculo, la de las largas noches berlinesas de invierno, en casa y con la calefacción activada, creando una burbuja de recogimiento en la que se trabaja con mayor dedicación e inspiración. Willner decidió irse de Estocolmo tras finalizar “Yesterday & Today” y se mudó a la capital alemana, y como le ocurre a muchos exiliados del techno, en lugar de re-activar su vínculo con la música de club, Berlín les ha recluido en una especie de vida monacal voluntaria, en una burbuja privada, que además tiene que ver con el paso de la edad. “Looping State Of Mind” es, por lo tanto, el disco adulto de The Field. No es ni exultante ni hedonista; es sencillamente sereno, pausado, seguro de su evolución, y apasionado sin exhibicionismo: para convencerse, ahí está “Arpeggiated Love”, una inundación de voces murmuradas y ritmos motorik que son a la vez deslizantes, como si patinaran sobre hielo, para redefinir una nueva versión 3.0 de The Field que antes sólo se sugería y que ahora se concreta. Su receta es tan simple como frenar las cabalgadas del bombo y hacer que la música, en vez de acelerar pasada la barrera de los cinco minutos, se dedique a decelerar en los cinco siguientes.

Era fácil pasar de la orientación trance a la inmersión cósmica sin variar apenas el lenguaje porque, como bien indica el título –que es el resumen de todo–, lo de The Field es un “looping state of mind”. Siempre lo ha sido. Por fortuna, la técnica del loop, aunque exprimida en el techno, no pertenece en propiedad absoluta a la música de baile, y Willner se ha encontrado libre para hacer un disco minimalista –en el sentido Terry Riley del término, cerca de la frontera de la música contemporánea, como muchos titanes del krautrock en los 70– en el que abre ventanas a nuevas posibilidades. Más allá de superponer loops como siempre, en “Then It’s White” hay un acercamiento al impresionismo y la escuela modern classical utilizando muestras de piano –también cortadas en bucle, pero con acordes más largos y sin ninguna argucia bailable–. Y de la misma manera en que la velocidad dentro de las piezas va disminuyendo conforme se acaban, el disco completo también sufre ese cambio de la efusividad al autismo al llegar al séptimo corte y último, “Sweet Slow Baby”, nueve minutos finales de un arrastre perezoso que indican cuál puede ser el The Field de 2013 o 2014: un artista que, sin apartarse de su técnica de repetición, suma e insistencia, poco a poco se vaya acercando a los límites del silencio y la quietud.

Robert Gras

It’s Up There The Field - Then It's White by Kompakt

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