A Long Way To Fall A Long Way To Fall

Álbumes

Ulrich Schnauss Ulrich SchnaussA Long Way To Fall

7.6 / 10

La mirada de Ulrich Schnauss siempre ha estado fija en ese instante mágico de los años 90 en el que la música se volvió líquida. Su sonido está cargado de un anhelo de escape y libertad precisamente enfocado en esos océanos de sonido en los que siempre ha querido –y finalmente se lo ha permitido– chapotear, bucear y extenderse a lo largo, flotando en ella, haciéndose el muerto, pero un muerto muy vivo. Cuando a principios de la década pasada comenzó a despertarse tímidamente el primer revival shoegaze desde la IDM, alentado por sellos como Morr Music, City Centre Offices y cierto sector del catálogo de Rocket Girl, fue cuando apareció Ulrich Schnauss por sorpresa, ganándole la partida en un primer álbum mágico e inesperado a artistas también del momento, pero algo más predecibles, como Manual o Coldharbourstores: el berlinés desplegaba capas infinitas de ambient enriquecido con melodías y las extendía hasta alcanzar dimensiones siderales, logrando ese efecto de arropamiento, paz, seguridad y enamoramiento que sucedía al escuchar los primeros discos de Chapterhouse y Slowdive. “Far Away Trains Passing By” (2001) es uno de esos álbumes clásicos que merecen una reivindicación cada cierto tiempo, y su continuación, “A Strangely Isolated Place” (2003), uno de los discos más épicos –casi hasta niveles monstruosos– que ha dado el ambient-pop en toda su historia. A partir de ahí, la carrera de Schnauss pasó por remezclar mucho, por colaborar bastante (con Manual, Mark Peters, Kirsty Hawkshaw y más gente nostálgica) y a completar una trilogía de LPs con un “Goodbye” previsible en 2007, y así hasta hoy.

“A Long Way To Fall”, pues, rompe un silencio de seis años en cuanto a la edición de música nueva a título individual. No parecía que hubiera pasado tanto tiempo, y ciertamente tampoco parecía que necesitáramos un nuevo disco de Ulrich Schnauss, pero esa sensación resulta ser falsa cuando empiezan a sonar las primeras notas de “Her And The Sea”, un título que condensa en palabras toda la emoción de la música del berlinés: el eterno femenino (la dulzura, la fecundidad, la divinidad) y el eterno geográfico, porque una vez más sus sintetizadores y sus guitarras procesadas abarcan la infinitud de un paisaje que se pierde a la vista. Vuelve a ser el Schnauss rutinario de los tres álbumes anteriores, pero con esa rutina olvidada y, por tanto, agradable de recuperar –los años de barbecho a veces vienen muy bien para refrescar lo antiguo como si fuera nuevo, y si no que le pregunten a Pole–. Y a partir de ese momento se desatan las sensaciones de siempre. Ulrich sigue siendo un hombre de los 90, un artista todavía fascinado por el “Loveless” de My Bloody Valentine y los primeros discos de The Orb, que a la vez ha alcanzado el magisterio trabajando con sus propias fuentes de sonido. No hace descender cataratas eléctricas ni teje cortinas cósmicas, sino que sabe encontrar el punto medio entre una textura liviana (el comienzo de “Broken Homes”, que en otra época hubiera colado en el catálogo más tranquilo del sello R&S, como una remezcla de Enigma, por el uso de lo que parece, al final, un coro de canto gregoriano), una espesura de melodías que embriaga como una dosis innecesariamente alta de oxígeno.

Si hay una variación, está en los juegos rítmicos. Antes, sobre todo en “A Strangely Isolated Place”, el tipo de percusión utilizado por Schnauss era la propia del indie de los 90: nerviosa y cuadriculada, orgánica, subrayando las embestidas de las texturas, como si fuera un muro de cemento intentando contener las olas furiosas del mar. Aquí, en cambio, es una construcción de beats más intuitiva y más rota. Quizá tenga que ver que el año pasado entabló conexión con ASC, productor de ambient y drum’n’bass en la órbita de dBridge y otros innovadores del broken beat. O igual no: al fin y al cabo, su educación en materia de chill out y post-rave experimental es alta, Schnauss es un hombre con trayectoria y conocimientos. Sea como fuere, “A Long Way To Fall” recicla el sonido de siempre y lo adapta sutilmente a este momento de nostalgia noventas dejando por el camino un rastro de luz en piezas tan redondas y confortables como “Like a Ghost In Your Life”, “I Take Comfort In Your Ignorance” (esta es carne de remix deep house) o “Ten Years”, música ideal para acompañar una lluvia de meteoritos iluminando el cielo en una noche de verano. A Ulrich Schnauss no hay que pedirle que cambie, pero sí que busque la excelencia en su estilo. Aquí lo roza.

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