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Tame Impala Tame ImpalaLonerism

8.7 / 10

“Hay una fiesta en mi cabeza y nadie está invitado”. La frase, que podría ser de Deerhunter o de Animal Collective, pertenece a Kevin Parker. En concreto, al single con que se daban a conocer Tame Impala hace dos años, un fabuloso “Solitude Is Bliss” que resumía a la perfección la idiosincrasia del proyecto. Parker, quien prácticamente se cocina él solito unas canciones que luego mezcla Dave Fridmann, está empeñado como tantos otros en cantarle a eso del sentirse solo en un mundo alienado. Tiene 26 años, se define como una persona con problemas de socialización desde que era adolescente y dice que para él componer música es como enfrentarse a un vacío. También asegura que el éxito cosechado con su debut y las relaciones públicas que ha tenido que hacer desde entonces no han hecho más que reafirmarle en su incapacidad de entablar una conversación en cualquier tipo de evento sin sentirse estúpido. Quizá por eso se haya inventado un palabro como ‘lonerism’ (algo así como ‘solitarismo’), y reine en la portada de su nuevo disco una verja que le impide disfrutar de los Jardines de Luxemburgo. Quizá por eso nadie esté invitado a la fiesta que retumba en su cabeza.

La clave de lo que ocurre allí dentro tiene que ver, al parecer, con el uso de estupefacientes varios. Parker enfrenta a su afligida lírica una fulminante energía instrumental, inyectando a letras sobre aislamientos más o menos consentidos unos lisérgicos chutes de distorsión que las hacen erguirse y caminar. “Apocalypse Dreams”, torbellino psicodélico inspirado por “Melancholia” de Von Trier, y que recuerda en filigrana a lo que el “Melody Day” de Caribou hacía con los años sesenta, ejemplifica a la perfección esta esquizofrénica dualidad. Dice nuestro protagonista que los únicos que sublimaron la idea de aunar sonido masivo con letras introspectivas del modo que él aspira a lograr fueron Supertramp, una referencia interesante aunque a primera vista sean otras las que destaquen en “Lonerism”: rock ácido tipo Cream, psicodelia galáctica en plan Flaming Lips, cromatismo exacerbado a la manera de unos MGMT que se tomasen a sí mismos más en serio... El revival, ciertamente irreverente, aparece tamizado por un filtro de originalidad propia y gobernado en todo momento por un respeto casi sagrado a los Beatles más gordos y al padrino Todd Rundgren, a quien han resucitado para firmar una remezcla de la redonda “Elephant”.

Si “Innerspeaker” ya era un disco cósmico, irrefrenable y explosivo, “Lonerism” sube la apuesta sin sacrificar uno sólo de los rasgos diferenciales del grupo. Es más, los fija y depura en unas canciones pesadas pero fluidas, enmarañadas pero menos, que se alinean dentro de un perfecto caos en el que las guitarras se mantienen crujientes, los pedales tiemblan, y los sintetizadores y samples pasan a cobrar un protagonismo especial. Sobre cimientos indestructibles como tozudos riffs ( “Mind Mischief”), sintetizadores siderales ( “Why Won’t They Talk To Me?”), preciosos pianos ( “Sun’s Comig Up”) o sugerentes susurros loopeados que engatusan al oído cual cantos de sirena ( “Be Above It”, “Keep On Lying”), los temas se bambolean en un sonido similar al cocinado para su novia en Melody’s Echo Chamber, aunque más maduro y trabajado. Un sonido de ejecución perfecta que Parker registró a lo largo de varios puntos del globo –Perth, Viena o un vuelo entre Singapur a Londres han presenciado grabaciones– y en el que convergen multitud de ideas que apuntan al mismo sitio, como si una fuerza centrífuga las arrastrase a todas hacia un único centro. La gama de colores se multiplica en cada escucha, como si girase un caleidoscopio. Y los efectos secundarios son absolutamente alucinantes.

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