Lonely at the Top Lonely at the Top

Álbumes

Lukid LukidLonely at the Top

7.7 / 10

Dice que está solo en la cima. Completamente aislado, observando a las hordas bajo sus pies, deseando que alguien pudiese entenderle y relacionarse con él. Quizá alargando un poco el brazo alcance a quienes intentan llegar a su posición y les haga elevarse a través de la música, quizá sea eso lo que explique el título del cuarto álbum de Lukid. O quizá es algo que se me ha ocurrido a mí sin tener nada que ver con la realidad. De hecho, muchos de sus ‘coetáneos’ están ya sentados en esa proverbial cima –no necesariamente solos–, pero al escurridizo productor londinense es más probable que lo encuentres en los laterales, quizá apoyándose en su ya conocido sentido del humor seco, haciendo que sucedan cosas.

“Lonely At The Top” es una escucha extraña y fascinante. Si fuese realmente una carta de parte de alguien que se siente separado de las masas humildes sólo serviría para demostrar que ahí arriba no se está necesariamente más cómodo que abajo. La música esparcida entre las 12 pistas picotea entre estilos y géneros, jugueteando con tropos y señales reconocibles sin comprometerse con una sola lo suficiente como para que pienses ‘oh, esto es [pon aquí el género que corresponda]’. Las cosas se intuyen en lugar de hacerse explícitas, con una cualidad neblinosa que permea el álbum y que añade aún más a esa sensación de que Lukid está jugando con ideas en lugar de ir hacia lo que es obvio.

“Bless My Heart” podría ser disco music, el loop rítmico que lo apuntala ciertamente suena a ello, pero es más lento, borroso, como un DJ borracho pinchando un tema a una velocidad equivocada sin darse cuenta mientras los samples vocales añaden una cualidad fantasmagórica al groove arrastrado. Hay un hilo techno que recorre todo “Manchester”, “This Dog Can Swim” y “Riquelme”: cada pista ofrece una versión distinta del mismo estilo. “Manchester” es un baile hipnótico de pulsos, bajos que caen en picado y unas voces loopeadas que nunca llegan a sonar bien. “This Dog Can Swim” es un ritmo duro, quizá una de las pistas más obvias del álbum, aunque encaja perfectamente en el extraño mosaico que es “Lonely At The Top”. Y “Riquelme” toma prestadas ideas de Burial, al ofrecer esa sensación de ‘escuchar una rave desde el otro lado de la pared’. “Snow Theme” y “Tomorrow” son suaves interludios sin beats, una tregua en medio de la extrañeza. “USSR”, “The Life Of The Mind” y “Laroche” me recuerdan sobre todo al reciente EP del productor belga Ssaliva, en el sentido de que tienen las mismas cualidades narcolépticas, música hecha al parecer para caer dormido o para soñar despierto, océanos de sonidos loopeados en los que perderse placenteramente. El álbum termina con “Talk To Strangers”, un signo de que quizá si estás en la cima nunca puedas escapar de las masas de abajo.

“Lonely At The Top” es un mosaico de distintos estilos musicales vistos a través de una lente rota, con cosas que nunca son lo que parecen. Después de repetidas escuchas la cualidad narcótica que habita algunos de los temas puede sentirse en buena parte del álbum, y añade más leña a su encanto. En medio de tantos ataques incesantes de música para la pista de baile predecible, y de tantos refritos de ideas, la música que se encuentra en “Lonely At The Top” ofrece una tregua a la seriedad y a los golpecitos en la espalda de todas las escenas al no pretender ser otra cosa de lo que es. Un extraño viaje, placentero y adictivo a la vez.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar