London Zoo London Zoo

Álbumes

The Bug The BugLondon Zoo

8 / 10

NINJA TUNE

Antes de hablar sobre el nuevo “London Zoo” de Kevin Martin, habrá que dejar algunas cosas claras, empezando por quién diablos es The Bug, y luego, saber cuál es su lugar en el dubstep. Bueno, se trata de un londinense que nos remonta a los principios de la escena a la que pertenece. De hecho, Martin fue responsable de injertarle hip hop a las penumbras del perturbador sonido industrial junto con Justin Broadrick, mítico personaje de casi dos metros de estatura, al que se recuerda con respeto por formar parte de la banda de doom y hardcore Napalm Death -ya sabéis cuando a Manson todavía le daba miedo dormir con la luz apagada-. Hablar de Martin y Broadrick es hablar de God, de la fuerza de Ice, de la tempestad de Techno Animal, y del paraíso que representa hoy Jesu. Si no te suena ninguno de esos nombres, quizá los de la gente que ha colaborado con ellos sí: Alec Empire, Anti-Pop Consortium, Dälek, El-P, y John Zorn. Incluso, el primer disco de The Bug, Tapping The Conversation, fue grabado junto con DJ Vadim en 1997. Así que desde que el dub y el hip hop empezaron a jugar la ouija con el lado oscuro de la música industrial y la electrónica más experimental, eventualmente nació algo así como un Rosemary's Baby, un espécimen apocalíptico deforme que poco tiempo después fue adoptado por unos tales Grime y Dubstep. Música que escucharía Chris Cunningham durante el verano mientras jugara al fútbol con Rubber Johnny, por así decirlo. “London Zoo”, empieza escupiendo a la cara con “Angry” –tema en el que figura un raggamuffin enfadado aportado por Tippa Irie–, y que representa a una multitud de piratas del Caribe con Acid y Soca en las manos a punto de acribillarte sin cordura alguna. Si esa analogía no te sirvió, imagina que bailas sin pena “La Macarena” a las 9 AM del siguiente día con la mandíbula trabada. Si te asusta esa idea, es aquí cuando cabe recordar que, si escuchar grime no es la cosa menos glamurosa de nuestros tiempos –pues su sonido es uno marginado y propio de pensamientos extraños–, no se diga del dubstep y sus aledaños... En realidad es poca la gente que se deja hipnotizar por el misticismo que gira entorno a la cultura dub, así que títulos como “Murder”, “Too Much Pain”, “Insane”, “Jah War”, “Freak Freak”, “Warning” o “Poison Dart” resultan poco atractivos para el joven moderno promedio. Entonces, si cuando ibas al colegio odiabas a tus compañeros, vestías Dr. Marten’s y entre tus cassettes guardabas como tesoro aquellos que tenían grabado algo de Godflesh (o lo que sea con la marca del diablo), este disco es de los tuyos. Si no, será prudente que olvides todo esto y mejor esperes a que salga el nuevo disco de Oasis. Nosotros, por lo pronto, pincharemos esta maldad donde quiera que sea necesario. Cuando hay mucha luz en la pista, nadie baila; recordadlo siempre. Además, si tu fiesta se llena de modernitos, esta joyita resulta genial para espantar a neo jipis y hipsters, aunque si has de presumirle tus agallas e intelectualismo a esa persona guapa, pínchale “You And Me” o “Judgement”, los temas más sensuales y menos violentos (pero igual de perversos) del zoológico de Martin.

Eric Gamboa

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