Lockout Lockout

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Milanese MilaneseLockout

7.8 / 10

Milanese  Lockout PLANET MU

Después de Luis Eduardo Autechre y Kylie Minilogue, dos jodidos clásicos de nuestro tiempo, Pablo Milanese era el tercer juego de palabras absurdo y recurrente que la gente de la bromita y el caca-culo-pedo nos habíamos inventado para hacer el gorila en las reuniones sociales y los clubes. Se trataba de deformar el nombre de quienquiera que fuese y situarlo en un contexto absurdo, cantautoril o jamón, y nada, con eso echábamos unas risas. Lo interesante del tema es que cruzar en una cadena fonética al cantautor cubano con Steve Milanese creaba una sensación extraña, porque era precisamente a Milanese a quien más le correspondía entrar en un juego de dislocación, reubicación territorial y tal. Es decir, que Milanese en sí mismo ya es un juego dentro de su escena, que es el dubstep. ¿Juego en qué sentido? Juego entendido como libertad para trastornar las normas del género en el que trabaja y salir con algo completamente diferente, que se identifica con el resto del gremio más por lejanía que por proximidad. Intentemos explicar todo esto de otra forma, que ha quedado un poco denso.

Milanese fue señalado, cuando publicó “1Up” en Warp –corría el año 2004; antes de eso había colado un maxi de orientación más 4x4 en el efímero y añorado subsello Arcola que fue su bautismo ante los aficionados a la electrónica con grosor–, como el Squarepusher del grime. El hombre tenía ramalazos drum’n’bass por entonces, pero lo que mejor se le daba era entrar a cuchillo en esa práctica amorfa que es la ‘bass music’ y reventar sus leyes y costumbres desde dentro y sin darle mucha importancia. Su receta era la clásica: incrementar la dosis, más ruido, bajos más obesos e inflados, brocha gorda. Cuando llegó el primer álbum propiamente dicho –“1Up” era un mini–, fue cuando no tuvimos más remedio que conceder a Steve Milanese el título de grande de la electrónica freak. “Extend” (Planet Mu, 2006) era palabras mayores: era grime con carga radioactiva ( “Mr. Bad News”), era grime revolucionado e irónico ( “Peggy Flynn III”), incluia aquella revisión de Various Production ( “Caramel Cognac”) que iba de lo truculento a lo deliciosamente emo y, en definitiva, Milanese se consagraba como uno de esos francotiradores de la electrónica individualista a los que había que tener tan en cuenta como a veteranos como Luke Vibert.

“Lockout”, de entrada, no es tan espectacular como “Extend”, pero sí prolonga una manera de hacer que confirma un estilo Milanese. Él no va a rebufo de nadie; él decide cómo y cuándo hace las cosas, y lo cierto es que no se le puede compartimentar en ningún cajón preestablecido del mapa urban inglés. IDM la hay sólo en la intención experimental, meticulosa y deformadora de sus temas, y el dubstep es únicamente una excusa para sembrar el pánico: para él sólo resulta útil el bajo como material punzante, y los tensa tanto como la cuerda de un arquero o un músculo de The Rock; allá por donde se pisa, cada subgrave estalla con la virulencia de una bomba de racimo. El grime está más cerca por ética –producciones rasposas y futuristas, rastros de guarrería post-digital aplicados a bases rítmicas para rapear, cantar o echar la pota–, pero también hay algo de ragga y dancehall, como si “Lockout” fuera una versión oscura y autista del “London Zoo” de The Bug. Y lo que tiene éste disco también es que cuesta verlo como un LP, ya que su fundamento está en la colaboración y el remix, sin ser un disco de remezclas ni de colaboraciones. O sea, que empieza con un tema de Al Haca ( “Baby Blue Remix”) en el que escupen efluvios ragga RQM y Oliver Grimball, y que Milanese decide remezclar especialmente para el disco, como si ese fuera su lugar natural. Lo mismo ocurre con los padrinos del vetusto sonido bleep ( “Take this Love”, remix para Unique 3), y a la inversa, Milanese permite que gente como Booty Cologne le remezcle “The End”, y la operación es como meter un maxi, o dos, dentro del álbum, todo a bulto. De hecho, en Planet Mu lo describen como “doble EP”, pero en realidad debería ser triple o cuádruple.

Está hecho muy a bulto “Lockout”. Es un disco sin estructura, pero con forma: las versiones de los tracks están tan bien ordenadas, tan estratégicamente alejadas unas de otras –la toma vocal de “B Sharpa” está en la pista 9; la instrumental en la 12, y el remix en la 4–, que no se tiene la sensación de estar escuchando un refrito, un reciclaje. Entre medias aparecen tóxicos cortes nuevos, como “Fun With Robots”, “Wonderful World” o “The End”, e incluso de “The End” luce otra remezcla pausada, inquietante, un descanso en la jaqueca continua que significa el todo, a cargo de ese emergente científico del dubstep llamado Untold. Cruce de “Extend” y “Adapt” –el mini álbum de remixes que publicó Planet Mu en 2007–, “Lockout” es un potaje, pero un potaje nutritivo y muy reconstituyente, con sus garbanzos –los colaboradores–, su caldo espeso –la maraña de bajos impenetrables– y, por supuesto, su chorizo, porque vaya morro se gasta Milanese. Morro del fino, entiéndase.

Javier Blánquez

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