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Simian Mobile Disco Simian Mobile DiscoLive

7.5 / 10

En diez años, Simian han sido tres bandas diferentes: una de folk-pop psicodélico que duró apenas un disco, otra de indie-dance para todos los públicos nutrida con cameos estelares que rindió con eficacia en los días de neón del nu-rave, y finalmente un dúo de techno expansivo e instrumental justo cuando el filón del crossover se estaba agotando. La capacidad que tienen James Ford y Jas Shaw para olfatear el momento en el que necesitan un cambio y ejecutarlo con eficacia camaleónica es alucinante, aunque también hay que admitir que con tanta transformación hace ya tiempo que sus fans más fieles se sienten desconcertados. Si es que en realidad les quedan fans fieles, en realidad, porque para ellos parece que la música es un cambio constante, un nomadismo estético dictado por caprichos del destino antes que un proyecto de raíces fuertes con intención de durar. Habiendo dejado abandonados a los muchachos de la pastilla y el remix de bandas indies, Simian Mobile Disco llevan un álbum y un puñado de maxis intentando encontrar un lugar en el circuito de clubs purista, y aunque les ha costado vencer las reticencias de quienes les tenían por unos oportunistas llegados para pescar en río revuelto, parece ser que ya no hay dudas de que están instalados cómodamente y bien en su nuevo hogar. Hasta que les dure.

Ese nuevo hogar es el mismo que han venido construyéndose en toda la serie de referencias de su propio sello, Delicacies, en el que parecen irse 20 años atrás en el tiempo para explorar un tipo de electrónica de club puramente británica, heredada de las largas sinfonías de bandas como Orbital o Underworld, marasmos de techno barroco articulados a partir de una base rítmica poderosa, pero en los que finalmente ocurren cosas variadas sin dejar demasiado espacio a la repetición: esbozos de melodías, frecuencias ácidas, ráfagas de sonido expansivo, breaks y bombos, arpegios. La inmediatez de “Attack Decay Sustain Release” (2007) se ha convertido en un ejercicio de complejidad, y del apresuramiento por conseguir un hit en los charts del pop inglés de “Temporary Pleasure” (2009) a una apuesta por la paciencia y el afán de lograr clásicos duraderos en el circuito de clubs. “Unpatterns” (2012) no era un disco perfecto, pero estaba bien hecho y poco a poco seducía con su ambición orbitaliana bien canalizada.

“Live” lo dice todo en el título y no requiere demasiada explicación: es un directo. Pero en música electrónica de baile hay directos realmente malos, o que no tienen sentido en un disco físico –porque se pierde el componente visual, o porque directamente están poco trabajados–, y otros muy aceptables. El de Simian Mobile Disco pertenece a la segunda categoría (también podemos decir que es bueno) porque su manera de funcionar es muy similar al del DJ-mix, esa estructura continua, con transiciones elaboradas y fluctuación líquida, que muchos productores electrónicos en directo no siempre respetan –en serio; ¿a quién se le ocurre tocar en un club, hacer pausas y echarle las culpas al software?–. Ford y Shaw reciclan material antiguo como “It's The Beat” o “Hustler”, incluso libre de cameos (suena “Cruel Intentions”, pero sin la voz de Beth Ditto) y lo recombinan con el más reciente de Delicacies sin que la cosa parezca un popurrí sin estructura ni intención. Más bien todo lo contrario: allí donde el tema original está orientado al pop, SMD le cortan las alas melódicas, extirpan voces invitadas y lo reducen a su esencia rítmica, para que acabe organizándose como una parte fragmentaria de un todo total. De principio a final, “Live” es un viaje y además no parece haber demasiada trampa en post-producción: hasta se oye el ruido de la gente al fondo, gritos y silbidos de placer sincero porque, más allá de cualquier otra ambición, el esfuerzo de SMD está encaminado única y exclusivamente a hacer bailar, y no sólo a hacer bailar, sino a perder la noción del tiempo y el espacio en una pista de baile (metiéndose en la música, viviendo en la música) durante una hora larga. Han vuelto a la psicodelia, ahora sin guitarras, y han reformulado su deseo de gustar a indies y club kids, pero sin perderle el respeto al techno. Además, avisan con un mensaje subliminal: el revival de los 90 se está cociendo a fuego lento.

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