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Álbumes

Echospace EchospaceLiumin

8.6 / 10

Deepchord presents Echospace  Liumin MODERN LOVE

Rod Modell y Stephen Hitchell no son exactamente un matrimonio de conveniencia, pero es inevitable juzgar los resultados de la música que firman con su alias conjunto a partir de lo que, objetivamente, se percibe que aportan el uno y el otro. Son dos seres muy distintos: a Modell le gusta el ruido, se pone discos de Merzbow para desayunar, es el arquitecto de ambientes, el decorador de tensión, el que conjura los sonidos de fondo con textura de insecto en pleno apareamiento; Hitchell, en cambio, adora la música de los setenta, es el que pone la presión dub, el que consigue que todos esos ambientes fríos de Modell se estiren en el espacio como en una sinfonía cósmica. A ambos les gusta el techno, pero Rod lo prefiere con hielo –como el whisky–, y a Stephen le llega más adentro el romanticismo de Detroit y la profundidad de cierto house con tendencia al apalanque. En una discusión musical nunca se pondrían de acuerdo, quizá se mirarían con desprecio, se odiarían. Pero para hacer “Liumin” –y también “The Coldest Season” (2007), así como los innumerables 12”s que han planchado en su propio sello, y en casas ajenos ávidas de ingravidez–, Modell y Hitchell se necesitan. Es de esas tensiones, de esos contrastes, de donde brota la receta secreta.

Dicho esto, que quede claro también que en “Liumin” no acontece nada que no hubiera aparecido con anterioridad en otros trabajos del dúo: la música sigue siendo como la superficie de un lago gris metalizado, calmada aunque eventualmente rota por suaves ondulaciones, de profundidad abisal y negra y reverberación monstruosa. En este sonido la luz se refracta y se introduce en ángulos obtusos, la absorbe y la rechaza por igual; es un espejo con lado opuesto y no necesariamente un lado amable. Los ecos, sólo faltaría, rugen con fuerza y se extienden varios kilómetros más allá de tu oído. El techno-dub de Echospace no ha renunciado a ninguna de sus señas de identidad conocida: admiten por igual la influencia de King Tubby y de Basic Channel, redundan en la lectura experimental del revisionismo del eje Berlín-Detroit con una sombría capa de ruido aislacionista que es como contaminación en la atmósfera de una gran ciudad –siempre está ahí, ni la lluvia se la lleva–, y eso significa que, aunque esté ahí y sea tóxica, tampoco impide que la música fluya como el aire y recargue de energía como el oxígeno. Lo único que se percibe como nuevo, o diferente con respecto a “The Coldest Season”, es la intensidad: “Liumin” late a más bpms, no se conforma con quedarse suspendido en un ejercicio de levitación turbulenta –metáfora: como la borrasca a punto de descargar el temporal, ese instante previo multiplicado por diez, prolongado hasta el infinito–, y convierte un bombo insistente y soterrado en el timón de mando del disco. Como el primer disco de Kaito sin arpegios, como el disco homónimo e instrumental de Rhythm & Sound (2001), “Liumin” es primero densidad hipnótica y luego pequeños detalles en una u otra dirección. Aquí, esos detalles apuntan hacia un romanticismo cyberpunk de megalópolis indecisas entre la tradición y el futurismo impasible, al Detroit de los ochenta con el aura severa y plácida –al mismo tiempo– del Tokio actual.

Porque “Liumin” es Tokio. Rod Modell pasó unos días ahí grabando sonidos por toda la ciudad, en las calles, en los canales y en los parques, de noche y de día, en calles calladas y en vías congestionadas por el tráfico. El resultado en bruto aparece en el segundo CD de la edición limitada del álbum – field recordings con post-producción ambiental y pinceladas de drones en lo que el libreto interior identifica como “mystical vibroacoustic-phenomena”, un destilado atmosférico de todas esas partículas de vida en una línea similar a lo que hace unos años realizó Thomas Brinkmann en “Tokio +1” (2004): profundizaremos en ello en la inminente columna “Cocooning”–. El resultado, integrado en las operaciones rítmicas de Hitchell, es el “Liumin” sin desdoblar, y a pesar de que es necesario reconocer que “Liumin Reduced” tiene más solidez, más historia por sí misma, lo trabajoso y difícil era edificar nueva música a partir de columnas tan poderosas y etéreas como ésas. No todo el disco se identifica al cien por cien con esa dualidad zen + rave –mejor dicho, el sonido de una rave a diez millas de distancia–, e incluso piezas como “BCN Dub” se escapan de la generalización japonesa y de la disciplinada quietud y el equilibrio entre velocidades que dominan la mayoría del minutaje. Pero cuando la sístole y la diástole de instantes como “Firefly”, “Sub-Marine”, “Float” o “Burnt Sage” funcionan a la perfección, bien engrasadas, es cuando “Liumin” confirma lo que deseábamos: Echospace han estado a la altura de su breve historia, han podido firmar un disco que no mirará acomplejado a “The Coldest Season”. Su belleza es grande y su convulsión también: hay que pincharlo a un volumen insano, hay que escucharlo en decúbito supino, hay que esperar a que haga efecto durante horas y horas, en sucesivas escuchas, dejándose mecer como un cuerpo muerto en alta mar. Volvamos a la metáfora de más arriba: he aquí el instante previo a la tormenta mientras por abajo el océano empieza a remover olas, a embravecerse, a erizarse como el lomo de un gato asustado, y todo esto a una escala propia de un sistema solar. Majestuoso, ¿verdad? Verdad.

Javier Blánquez

Deepchord Presents Echospace - Liumin by modernlove

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