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Young Montana? Young Montana?Limerence

7.5 / 10

Young Montana?  Limerence ALPHA PUP

Einstein llamaba “el mármol” a la simplificación de las leyes de la naturaleza a través del hiperespacio. El tejido espacio-tiempo, su belleza y geometría, era una piedra pulida y perfecta. En cambio, la incapacidad para comprender los secretos de la materia-energía condujo al físico a catalogarlo como “la madera”, algo caótico y para nada tan elegante. Su aspiración era conjugar ambas cosas en una misma teoría y convertir la madera en mármol. No lo consiguió, pero Young Montana? sí. Porque partiendo del caos que suponen sus partículas desencajadas de ritmos desordenados, el de Coventry consigue hacer lo imposible: esto es, convertir una madera sucia, llena de desniveles y para nada geométrica, en mármol limpio, elegante, sin mácula.

El cubismo dillaísta alcanza en la cuadrícula de John Pritchard cotas altísimas de desafío mental. Su tendencia a invalidar los conceptos intuitivos de ritmo y percusión resulta muchas veces extenuante para el paladar inhabituado. Con un caparazón digital directamente inspirado en la California offbeat, la música del británico te atropella los sentidos con una base de sonidos que se superponen, se pisan, chocan entre ellos en un baile azaroso que muchas veces deriva en puro caos: el barullo rítmico de “Mynnd”, por ejemplo, te deja el cerebro hecho trizas.

La virtud del jovencísimo Pritchard es que consigue dar forma al desorden más radical y moldear composiciones con sentido a partir de manchurrones sonoros. Se impone la percusión atolondrada a extremos casi inaudibles – “Hot Earth”–, el encabalgamiento rítmico al filo del precipicio –magnífica “Suchbeats” con el rapper Stainless Steele–, el helio esquizoide – “Repetition”– y la psicodelia electrónica con claps asimétricos – “Legwrap” es la banda sonora de Donkey Kong compuesta por un Goldie satanista–. Muchas veces te preguntas qué pasaría si Young Montana? focalizara más su sonido en estructuras menos antinaturales. Es entonces cuando ajusta su frecuencia de onda a la de tu cerebro y te regala pepinos veraniegos de funk marciano como “Sacre Cool”, uno de mis hits estivales del momento, y arrebatos de jazz estilo “Cosmogramma” como “Bad Day”, otra de las cumbres del viaje. Queda claro, pues, que “Limerence” no ofrece una digestión fácil, a pesar de su apariencia wonkista y su aliento angelino. Esto es madera convertida en mármol: física del siglo XXI.

Óscar Broc

Young Montana? - Sacré Cool

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