Like Dust Of The balance Like Dust Of The balance

Álbumes

Ochre OchreLike Dust Of The balance

7 / 10

Ochre  Like Dust Of The balance BENBECULA

Comentaba el otro día con un amigo músico (que se dedica a esto de aporrear laptops para hacer discos, pero que también consume música electrónica en cantidades industriales) que parece que en los últimos tiempos los cachorros de la IDM han descubierto las bondades de los instrumentos antiguos, las posibilidades sonoras que brindan las maneras arcaicas de hacer música. Es algo que ya señalamos en estas mismas pantallas, hace poco, al calor de Myam James 2, ese disco en el que el productor holandés Kettel contaminaba su lenguaje habitual con tríadas y progresiones de acordes de clara inspiración romántica; con pasajes de clavecín y arreglos de piano que estaban mucho más cerca de Stravinski que de Aphex Twin. Aquel disco no fue sino la piedra de toque de otros cuantos que han llegado después (el de Ochre que comentamos hoy es uno de ellos), y que destapan una pregunta incómoda: ¿por qué un género como la IDM, que tiene su razón de ser en la abstracción, que gana en personalidad mientras más se aleja de los patrones musicales clásicos, realiza de repente ese movimiento hacia atrás y abraza algo tan (ejem) convencional?

Mi amigo piensa que se trata sólo de una cuestión de timbre, que todos esos instrumentos tienen un sonido muy particular, y que ese sonido choca con el habitual crujir de ritmos y los samples cortados en cachitos, aportando calidez y originalidad al conjunto. Y posiblemente tiene razón, pero a mí también me parece que en cierta manera constituye una huída hacia delante, que el uso de instrumentos clásicos por parte de Ochre o Kettel es una manera de cortar de raíz con toda la IDM: la que se ha vuelto canónica y predecible (que sigue sonando como hace diez años, es decir), pero también la que abusa de las matemáticas y se pierde en un laberinto matricial (la que sigue los pasos de Autechre). Frente a esas dos formas de onanismo, discos como “Like Dust Of The Balance” representan un refrescante soplo de aire fresco: hay por supuesto ritmos engranados con precisión de relojero, colchones que flotan, melodías tocadas en menores y todo lo que usted siempre quiso encontrar en un disco de IDM. Pero más allá de temas como “Lunar Suburbia” o “The Balance” (de espíritu canónico, pero ejecutados con pulso firme e ideas brillantes), lo más interesante en el tercer disco de Christopher Leary como Ochre es la manera en la que se funden lo electrónico y lo acústico. De manera literal en algunos casos: Leary es un auténtico alquimista del Pro-Tools, y consigue un trenzado asombroso entre lo digital, lo eléctrico y lo acústico, provocando oleadas de sonido de una naturaleza enigmática e indeterminada. Y también de manera más evidente en otros casos: a él siempre le ha gustado añadir instrumentos a sus composiciones, sobre todo guitarras eléctricas y pianos, pero para la ocasión ha contado con la ayuda de un tipo tan versátil como Benet Walsh, miembro en la sombra de Plaid, que aporta finos toques de instrumentación más atípica, tan logrados como los violines y mandolinas que arropan “Napolese”. Lástima entonces que no todo en “Like Dust Of The Balance” sea igual de bueno. Las voces de “Whispers” rozan el chiste thomyorkiano, por ejemplo, y varios de los arreglos (acústicos o electrónicos) sobrepasan peligrosamente la frontera de la cursilería: las guitarras españolas de “Raido”, por citar el caso más sangrante. Tropezones que bajan el nivel del disco, pero que también se intuyen necesarios para que Leary avance en la definición de un lenguaje propio. Me apuesto una cena a que el próximo le sale mucho mejor.

Vidal Romero

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar