Light Years Light Years

Álbumes

Dark Party Dark PartyLight Years

7.8 / 10

Dark Party  Light Years OLD TACOMA

Ritmos aplastantes. Pisada fiestera. Filtros. Ruiditos. Estrépito químico. ¡Pim, pam, pum! Los tipos de Dark Party no se andan con gilipolleces. No tienen tiempo que perder. Se comen la noche a bocados. Se la tragan sin masticar. La digieren a hostias, se tiran un sonoro cuesco con olor a pastillazo y piden dos cubatas más sin mirar al camarero. ¿Por qué? Porque les sale de los huevos. Eliot Lipp y Leo 123 se conocieron en el San Francisco Art Institute, donde, supongo que entre borrachera y borrachera, decidieron forjar una alianza electrónica que ha dado jugosísimos frutos. Hay algo en su música que evoca la efervescencia negroide de los primeros maxis de Finger Lickin’ y la pisada disco-house de Daft Punk, si Bootsy Collins fuera Thomas Bangalter y Prince, Guy-Manuel de Homem-Christo. Tienen esa falta de prejuicios y esa pasión por el electro-funk-disco-house-tracatrá de los 80 que tan efectiva resulta cuando se trata de fabricar hits para la pista. Saben manejar la caja de ritmos como si fueran deidades de la percusión digital y se sacan del zapato ese boom-plash, boom-plash tan cool y tan rematadamente funky. Saben ordeñar los bajos hasta conseguir líneas de graves clintonianas y clitorianas. Saben buscar el groove como si fuera pastores alemanes husmeando en maletas procedentes de Medellín. Y lo hacen todo con una actitud hedonista totalmente necesaria en estos tiempos de caras largas; con una capacidad de absorción de estilos que ni la mejor compresa contra las pérdidas de orina.

La fórmula no se aleja de nada que no hayamos oído ya, pero combinan muy bien todas sus influencias. Hay electro de la vieja escuela, hay house filtrado con acento francés, hay hip hop instrumental, hay soul electrónico, hay wonky festivo, hay ramalazos Ed Banger, hay música disco, hay R&B playero, hay de todo, leñe. El secreto es convertir el mejunje en una pasta bailable, pero con estilo; fiestera a más no poder, pero nunca gárrula: electrónica glam para canallas. Daft Punk, Funkadelic, Kraftwerk, Digitalism, Kool & The Gang, Parliament, Sugarhill Gang y Michael Jackson flotan en un baño de espuma etílica con momentos de mascletá. Es imposible no divertirse con esto.

“Easy” es puro funk ochentero: el bajo lanza chasquidos directamente al perineo, los sintetizadores son deliciosamente horteras, te hace bailar aunque tengas la polio. “Status” –el mejor corte del álbum con creces– es lo mismo que meter en un jacuzzi lleno de champán a los Jackson 5 pre-púberes, a Grandsmater Flash y a Boys Noize. “Pilot” recuerda a los mejores momentos de I-F y tiene una ducha de sintetizadores retro que haría gritar de placer a Afrika Bambaataa. “Tina” es un trallazo dance con baterías heavys y teclados a lo Jake Slazenger (pero pasado de nieve) que les tendría que granjear, cuales Jesucristos de la fies, un lugar de privilegio en la cruz de la portada del primer disco de Justice. “Patrol Patrol”, un hitazo destinado a convertir la pista en un campo de minas, parece un homenaje a las chorreras disco-funk de “Homework”. Qué puedo decir, me han robado el corazón. La música de baile que a mí me gusta es así: fácil como una veraneante borracha, negra como el cogote de Carl Cox, funky como las tetas de Pam Grier, kitsch como una chaqueta tejana torera y el peinado de Kirk Cameron. I fuckin’ love it!

Óscar Broc

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