Light Of A Vaster Dark Light Of A Vaster Dark

Álbumes

Faun Fables Faun FablesLight Of A Vaster Dark

7.1 / 10

Faun Fables Light Of A Vaster Dark DRAG CITY

Un día llega Will Oldham y te dice: “ you? and me? dancing?” (lo que para los no entendidos en lenguaje coleguil artístico viene a significar: “¿te molaría poner voces para hacer un disco chico-chica como los de Nancy & Lee pero en el que yo seré Nancy y tres cuartos de Lee mientras que tú sólo serás un cuarto de Lee, que para eso es mi disco?”). ¿Qué haces? Dawn McCarthy aceptó y, como resultado, Bonnie “Prince” Billy se marcó uno de sus mejores discos: “The Letting Go” (Spunk, 2006). Fueron felices y Oldham comió perdices. Pero, ¿qué pasó con Faun Fables, el proyecto personal que McCarthy ha acabado por compartir con Nils Frykdahl? Está claro que una colaboración como la mencionada estigmatiza de alguna forma u otra la carrera del que la acepta: debes admitir que, a partir de ese momento, un alto porcentaje de la gente que se acerque a tu propio trabajo lo hará esperando encontrarse algo parecido a lo del amigo Bonnie. Faun Fables, sin embargo, tiene dos bazas incontestables a su favor: para empezar, su discografía arrancó mucho antes de aquella entente cordiale; y, para acabar, la personalidad musical de McCarthy es tan sólida como para permanecer impertérrita ante la que hubiera sido una fácil influencia del barbas por excelencia.

De hecho, en el mismo año en el que se lanzó “The Letting Go”, Faun Fables presentaron en sociedad la que, hasta la fecha, ha sido su última referencia en largo: el álbum conceptual “The Transit Rider” (Drag City, 2006). Aquello era una especie de reafirmación egotista que ahora da sus frutos, cuatro años después, en “Light Of A Vaster Dark”, otro disco que sobrevuela lo conceptual partiendo de la estructura: las 16 canciones que lo componen se dividen en cuatro movimientos separados por tres interludios y coronados por una intro y un outro. De hecho, los títulos de la primera y la última canción son más que significativos: “ Intro: Darkness” y “ Outro: Light”. ¿Quiere decir esto que “Light Of A Vaster Dark” plantea un viaje laberíntico desde la oscuridad a la luz con la única ayuda de un hilo musical? Puede ser, pero también hay que reconocer que, de ser así, se revela como un trabajo algo fallido, ya que las diferencias entre los cuatro diferentes movimientos son casi imperceptibles, y ostentan todas las canciones una sonoridad muy similar en la que se hace difícil vislumbrar rasgos de evolución o de cambio. McCarthy ha declarado que éste es un disco que aborda el paso de las estaciones a la vez que se acerca a su reciente maternidad y a la figura de la madre equiparándola con los padres (y las madres) de la nación americana: los pioneros que se establecieron en nuevos territorios sobre los que erigir un futuro esperanzador. Y está claro que esto se refleja en las letras. Pero, para que el concepto sea redondo, esa intencionalidad debe trascender lo lírico e imponerse también en lo musical. Algo que, sin embargo, nunca acaba de concretarse en este álbum.

Esto no significa que “Light Of A Vaster Dark” sea un disco fallido: que su intención conceptual no sea tan redonda como desearíamos no impide que Faun Fables consiga dar forma a algunas canciones que destacan por encima del resto como perlas de una redondez y un brillo sin mácula. De hecho, cuando más brillan las composiciones de McCarthy y Frykdahl es precisamente cuando se elevan unos pies por encima de la inevitable sensación de monotonía, confiriendo a sus temas rasgos de personalidad íntimos e intransferibles: el violín tensado en su propio balcanismo de “ Housekeeper”, la gesta romántica de cuentacuentos herido en el corazón que se intuye en “ Light Of A Vaster Dark”, los cánticos de orgullo húngaro en “ Hear The Grinder Creak”, el tribalismo de huesos africanoides en “ Sweeping Spell”, el trenzado de voces masónicas de “ Hibernation Tales” o, sobre todo, el deslumbrante pasaje de armónica sangrando nostalgia en “ Violet”.

Al fin y al cabo, Faun Fables consiguen dar un pasito más allá en su particular ejercicio de sacudirle las telas de araña a la Americana por la vía de las músicas del mundo (entendidas en su acepción menos jodida). De hecho, McCarthy y Frykdahl cada vez están más cerca del folk Britannia que de las raíces yanquis que les vieron nacer, ampliando su discurso con nuevas influencias húngaras y de esa Europa que aún celebra su fiesta particular en un desván de Rumanía. Como si los delirios vocales de Kate Bush se hubieran inyectado un chute de cortisona amablemente proporcionado por unos Fairport Convention comandados por el folk talibán de John Fahey. Como si el caos oscurantista de Matt Elliott fuera ordenado en lo musical por unos contenidísimos A Silver Mt. Zion y en lo poético por el trovador Alasdair Roberts. Como si el pasado fuera el presente, el presente fuera el pasado y el punto medio no existiera.

Raül De Tena

Faun Fables - Housekeeper

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