Light Asylum Light Asylum

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Light Asylum Light AsylumLight Asylum

7 / 10

Que el punk y la nueva ola pasaron de puntillas por la música afroamericana es un tópico más repetido de lo que parece, y extremadamente mentiroso. Si los ejemplos del electrofunk o el primer techno de Detroit no bastasen para derrocarlo (por no hablar de Prince o Bad Brains), el primer LP de Light Asylum proclama su condición de falacia a casi 40 años vista. ¿Por qué? Pues porque, al igual que los mejores momentos de TV On The Radio (con quienes ha trabajado la vocalista Sharon Funchess), temas como “Hour Fortress” o “Sins Of The Flesh” sirven, además de para darle gusto a los tímpanos, para disfrutar con brillantes paradojas, para exponer los tejidos de una música amada y compartida durante décadas.

Los martillazos vocales de Funchess evocan tanto a Dave Gahan o Siouxie como a la Grace Jones de “Warm Leatherette”, mientras que el pulso sintético de Brother Bruno, su compañero en el crimen, participa por igual de la EBM de Nitzer Ebb o Neon Judgement como del funk para robots de Hashim y Cybotron, cuando no nos recuerdan que Suicide también eran neoyorquinos. De este modo, la iconografía urbanita y cósmica manejada por la banda tiene que ver con las excursiones espaciales de Rammellzee, o de aquel Jeff Mills que viajaba a Saturno. Y emparentar sus arrebatos de misticismo con el house más espiritual, el de Robert Owens y Larry Heard, es una tentación irresistible y disparatada. ¿O no?

En todo caso, esto son sólo especulaciones. La realidad es otra: pese a que en ocasiones su querencia por las cajas de ritmos a piñón fijo o los teclados de neón pueda despertar acusaciones de revisionismo, Light Asylum han escrito aquí un intenso tratado de romanticismo entre ruinas. Puede que, con los manuales de innovación musical en la mano, el disco quede algo en entredicho, pero sus aires de banda sonora para el Apocalipsis ( “Shallow Tears” suena, no me preguntéis por qué, como amanecer sobre una ciudad invadida por replicantes) lo convierten en una escucha tan violenta como gozosa.

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