Lifetime Of Romance Lifetime Of Romance

Álbumes

Dylan Ettinger Dylan EttingerLifetime Of Romance

6.6 / 10

La evolución que se ha producido en el sonido de Dylan Ettinger se refleja de manera bastante transparente en los títulos que ha escogido para sus dos álbumes hasta la fecha en Not Not Fun. El primero, “New Age Outlaws” (2010), tomaba la noción original de new age music que acuñó la escuela cósmica alemana –así era como se llamaban, a finales de los 70s, las recopilaciones de Innovative Communications, el sello de Klaus Schulze– y sonaba como la banda sonora de una película de ciencia-ficción distópica, localizada en un mundo donde la geometría no euclidiana y una climatología adversa decidían la fisonomía del paisaje –la portada, de hecho, también se correlacionaba con esta idea, simulando algo parecido a la parrilla de la película “Tron”–. El segundo, en cambio, se llama “Lifetime Of Romance” e indica devoción por el romanticismo, o el glamour, que iba asociado –también a finales de los 70s, pero sobre todo a principios de los 80s– al pop con máquinas. Adepto al culto de Depeche Mode, Dylan Ettinger es un apasionado de los trastos antiguos, el ruido analógico, y en su orientación pseudo-industrial y paisajística ya había obtenido resultados excelentes –no sólo en “New Age Outlaws”, sino también en el single “Lion Of Judah”, que recuperaba el sonido más dub de Cabaret Voltaire–, pero había algo que le pedían el cuerpo y el corazón, que era escribir canciones.

“Lifetime Of Romance” es un álbum de canciones, pero hechas a la manera de Dylan Ettinger, que es como decir que es pop en escorzo, trastocado y dislocado de su eje, esquizoide, como una versión de Depeche Mode hecha por un maniático. Ettinger, está claro, no es un desequilibrado, sólo un freak que se entretiene con las novelas de Ballard y Frank Herbert, el hockey sobre hielo, el baloncesto universitario y la lucha libre en su pueblo de mierda, y su visión entre cínica y asqueada de la realidad es lo que le lleva a hacer música similar a la que hubiera sucedido si el synth-pop, en vez de en la elegante Düsseldorf, hubiera nacido en el Midwest industrial –y es por ello por lo que se advierten rastros de Devo y de los primeros The Human League, que no eran del Midwest, pero sí de la herrumbrosa Sheffield, en piezas como “Sport And Superstition” y “Disparager”.

La manera de componer que tiene Ettinger es ciertamente naïf y todavía está lejos de alcanzar un número uno, aunque fuera un fugaz one-hit wonder, porque sus melodías nunca están bien pulidas y el sonido que envuelve y sostiene las canciones, como si fueran su piel y su esqueleto, es declaradamente antiguo y áspero, más sucio que el palo de un gallinero: “Lifetime Of Romance” suena como una actualización, o recuperación bienintencionada, de aquellos primeros singles de The Normal, Visage – “Wintermute”, que es un homenaje en toda regla a William Gibson y su “Neuromante”, tiene arpegios cercanos a los de “Fade To Grey”, pero aún más gris, más deslavazado– y los Depeche Mode de “Speak & Spell”: “Arco Iris” y “Blue And Blue”, respectivamente, no dejan de ser unas interpretaciones cochambrosas y descascarilladas de las estructuras de “New Life” y “Dreaming Of Me”. En momentos como “Maude”, que es la pieza más larga del álbum, reaparece por momentos el Ettinger más espacial, el que deja que el sonido flotante marque el paso y el destino del viaje a lo desconocido, y ahí se nota más que en ningún otro momento el desequilibrio que existe entre un cosmonauta con experiencia y calidad y el aprendiz de compositor synth-pop que es ahora. Los nuevos comienzos siempre son difíciles, así que le daremos una segunda oportunidad mientras añoramos cuelgues alucinantes como los de aquel “Shandor’s Dream”, que era como pincharse caballo a gravedad cero.

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