Life (…It Eats You Up) Life (…It Eats You Up)

Álbumes

Mika Vainio Mika VainioLife (…It Eats You Up)

8.1 / 10

Mika Vainio  Life (…It Eats You Up) EDITIONS MEGO

Durante mucho tiempo, que viene a ser más de una década, Mika Vainio había venido acariciando la idea de hacer un disco con guitarras. No un disco rock, por supuesto, sino un composición en la que la base del sonido estuviera en la aspereza del sonido de una guitarra eléctrica convenientemente afinada, manipulada vía software y reforzada con todo el feeback del mundo. Guitarras que nada más tocarlas, ¡bang!, escupieran una nota ponzoñosa que se alargara lo suficiente como para rasgarte la piel. Largos cuelgues de guitarra como los de los discos experimentales de Lee Ranaldo y Thurston Moore pero aún más amorfos, más industriales, hasta más densos que los de la cosecha de Kevin Drumm. Y durante todo este tiempo, la idea ha estado ahí. En ocasiones, Vainio ha usado la guitarra, pero nunca como la material primordial de su discurso: más como un adorno, o un apoyo para sus colaboraciones con Chick On Speeds o el Vladislav Delay Quartet, o un tanteo mientras iba desarrollando su carrera prioritaria con sus sondas submarinas de ambient o su techno-dub gélido en Pan Sonic. Pero como el deseo estaba instalado en su cerebro y lo tenía metido entre ceja y ceja, tarde o temprano tenía que llegar. “Life (…It Eats You Up)” es ese disco de guitarras. Y es como sentir que te arrancan la piel a tiras.

La influencia de las bandas de doom metal progresivo que han editado en sellos como Hydra Head, Southern Lord e incluso en Editions Mego –refugio de Stephen O’Malley fuera de Sunn O))), donde comparte con Pete Rehberg el proyecto KTL– parece haber sido decisiva para que Mika Vainio se lanzara por fin a la aventura eléctrica. Algunas fases de este “Life (…It Eats You Up)” no se alejan mucho de los viejos discos de Earth –aunque sí más de los nuevos–, como tampoco de las maniobras al límite de lo soportable de mucho guitarrista experimental con el drone como recurso –en efecto, algo de Jim O’Rourke también hay–. Pero sea como sea, Vainio tiene suficiente experiencia y personalidad como para entender el contexto en el que se mueve, pero también para no caer en el error de imitar.

Otra apreciación necesaria es que este disco no es exclusivamente “de guitarra”. Con los zarpazos a las cuerdas hay beats bastante dinámicos –parecidos a los que podría sonar en una formación de free jazz si, en vez de girar alrededor de un saxo (el de Ornette Coleman, por ejemplo), lo hicieran alrededor de un drone afilado como una espada– y apoyo electrónico tan frío que te deja la cara blanca del susto. Y también hay que insistir en que entrar aquí es por cuenta y riesgo del oyente: los 13 primeros minutos, los de “In A Silence A Scream Takes A Heart”, que son un bloque de ruido difícil de penetrar, son los que separan al oyente valiente (y deseado) del oyente cobarde que a los dos minutos va a renunciar y le va a dar stop al CD (o al download). Una vez superado el primer shock, el obstáculo más difícil, “Life (…It Eats You Up)” no lo pone nada fácil, pero se sabe a qué atenerse y cómo sortear el campo de minas. Las piezas cortas – “Napoleon”, “Cage”– facilitan los movimientos y conceden un respiro con su mayor frecuencia de silencio para llegar hasta los nueve últimos minutos, los de “A Ravenous Edge”, en los que resucita el post-techno de “Gravitoni” (último disco de Pan Sonic) envuelto en un homenaje a ese metal tan lento que suena como la apertura de las puertas del infierno. Un disco, en definitiva, radical. Un disco que provoca úlcera.

Robert Gras

“In Silence A Scream Takes A Heart”

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