Life Is Good Life Is Good

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Nas NasLife Is Good

8 / 10

Hay portadas que lo dicen todo. La de “Life Is Good”, décimo álbum en estudio del rapper de Queensbridge Nas, es una de ellas: el artista aparece sentado en el sofá de un club con una copa de champán y con el vestido de novia que lució Kelis, su ya ex esposa, en la boda que ambos celebraron en 2005. Es éste, pues, un disco post-ruptura, categoría poco explícita y habitual en el universo hip hop, poco dado al tono confesional y a la declaración abierta de sentimientos después de un fracaso amoroso. En el caso de Nas y Kelis, además, se le ha sumado un juicio tormentoso relacionado con los gastos de manutención de su hijo, acusaciones cruzadas y un seguimiento público que le ha dado a todo el proceso un barniz amarillo que ha ayudado a incrementar la expectación ante su publicación. También ha contribuido a ello el hecho de que este sea su primera grabación en solitario desde 2008 –por el camino surgió su proyecto junto a Damian Marley– y de que, además, sea el décimo álbum de su trayectoria, onomástica con la que muchos ya habían teorizado y lanzado sus hipótesis sobre un posible regreso a la esencia de sus inicios.

El problema de Nas a lo largo de todos estos años no ha sido su rechazo a trabajar, de nuevo, con el equipo que dio vida a “Illmatic” para contentar y satisfacer la eterna súplica de sus seguidores, sino que después del debut su mejor grabación haya sido “The Lost Tapes”, que no era un disco al uso sino una recopilación de material inédito que nunca consiguió entrar en sus lanzamientos y que, paradójicamente, exponía las principales virtudes de Nasir Jones. Perdido en álbumes autocomplacientes, decisiones equivocadas, arrebatos de megalomanía y cabezonerías sin ningún sentido, el rapper desperdiciaba su inagotable talento con producciones fuera de lugar, intentos fallidos de crossover o excesos conceptuales fuera de toda lógica ante la desesperación de sus fans. “Life Is Good” corrige unos cuantos de esos errores y sella la paz entre él y nosotros de la mejor forma posible en 2012. Primero, con una idea clara del sonido que requieren las particulares letras del disco: esencia funk-soul, aires de thriller e idea general de banda sonora, con un enorme poso cinematográfico, a modo de colchón cómodo y razonable para las historias que quiere poner encima de la mesa.

Y las piezas van encajando: “You Wouldn’t Understand” es una oda a la vida a salto de mata en los 80s, y para ello Buckwild samplea el “Let’s Start Love Over” de Miles Jay, de nostálgicas reminiscencias de la época, y deja en evidencia a The Lox o Nelly, que ya habían hecho lo propio anteriormente. “A Queens Story”, que prescinde de estribillo e incluye cuatro estrofas, toda una frivolidad estructural al servicio del que es uno de los highlights líricos de todo el álbum, juega con la orquestación en clave de thriller nervioso para acompañar un ambicioso y desbordante viaje al pasado en su Queens natal, en una pieza de talento poético descomunal atiborrada de referencias, guiños y recovecos de compleja descodificación. “Loco-Motive”, en cambio, es un “N.Y. State Of Mind III” no declarado, y aunque está maquillada y disfrazada respeta al máximo su identidad: beat duro, piano en espiral y textos de incomparable evocación neoyorquina, con una dedicatoria final incluida que no pasa desapercibida: “This is for my trapped in the 90s niggas”. La aceptamos como concesión clara y explícita para los que seguimos pidiendo un nuevo “Illmatic”.

“Accidental Murders” coquetea con el sonido Maybach Music, pero con más músculo y sentido cinemático, para lanzar una lúcida diatriba contra los gángsters de postín y los gángsters sin conciencia de comunidad. Y no puede faltar el soul. El soul, arma elegida para rodear tres momentos fundamentales para entender de qué va y a qué aspira “Life Is Good”. Uno: “Daughters”, con una producción de No I.D., el principal artífice de este regreso a la grandeza de nuestro protagonista, que parece salida del “Be” de Common, emocionante a rabiar no sólo por su musicalidad sino por la manera en cómo Nas aborda el asunto de la paternidad. La historia de cómo su hija adolescente está enamorada de un hustler o buscavidas y cómo el MC muestra su rechazo a un chaval que representa todo lo que él era cuando tenía su edad: “She heard stories of her daddy thuggin’ / So if her husband is a gangster can’t be mad, I love her” (“Ella oyó historias acerca de su padre trapicheando / Así que no puedo enfadarme si su marido es un gángster, la quiero”). Dos: “Bye Baby”, otro fogonazo de soul sintético de aires ochenteros, es la canción en la que Nas se enfrenta al conflicto de su divorcio, y lo hace con rabia, incomprensión, desconcierto y nostalgia, mezclando reproches familiares –echa buena parte de culpa a Kelis y la educación recibida por sus padres– y recuerdos de los buenos momentos compartidos. Y tres: “Back When”, otra bomba soulful de No I.D., una extraordinaria concatenación de recuerdos de sus inicios como rapper en Queensbridge.

En “Life Is Good” no todo es brillo y excelencia – “Summer On Smash” pretende ser un hit de club, pero no da la talla; “Reach Out” recicla, una vez más, el “Ike’s Mood” de Isaac Hayes, recurso demasiado utilizado por Nas a lo largo de su carrera; y “World’s An Addiction” es un intento poco brillante de sonar trascendente y dramático–, pero incluso con sus desperfectos es su disco más consistente y poderoso desde “Illmatic”. Puede dar la impresión de que el artista ha hecho un álbum deliberadamente nostálgico, pero en realidad la sensación es que se trata más de un proyecto de celebración de la vida. En cierto modo Nas viene a decirnos que a pesar de todos los problemas y dramas que se han sucedido estos últimos años hay motivos para estar satisfecho de lo conseguido y ser optimista de cara a lo que está por venir: la dura infancia revertida en éxito, celebridad y talento al servicio del hip hop, el recuerdo a los que se fueron y los que siguen, los hijos como legado personal incomparable, los buenos instantes de una relación truncada y las ganas de volver a ser el mejor. En “Life Is Good” hay dolor, melancolía y algún ajuste de cuentas, pero por encima de todo un convencimiento: pese a todo, la vida puede ser maravillosa.

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