Lidia Damunt Lidia Damunt

Álbumes

En el cementerio peligroso En el cementerio peligrosoLidia Damunt

8 / 10

SUBTERFUGE

Su primer álbum fue todo un soplo de aire fresco en el tanta veces acartonado y falto de nervio universo independiente español. Este segundo esfuerzo, recorrido de pies a cabeza por un viento más húmedo, viene a confirmar a Lidia Damunt como una de las propuestas más singulares y defendibles de las surgidas en tiempos recientes en cualquier esquina de este alborotado país.

Si alguien vio en Lidia Damunt en la Isla de las Bufandas una apuesta curiosa en lo lírico pero algo enclenque en lo musical (cierto que en ocasiones las ocurrentes y alucinadas historias corrían el peligro de no llegar a llamar la atención por culpa de unas músicas algo monótonas y reiterativas, algo que aquí sólo sucede en un momento aislado, “En Hundimiento del sirio”), que pruebe con este. Agotado el factor sorpresa, esta segunda colección de canciones convence aún más y mejor que la primera. Las coordenadas de referencia apenas varían, pero se nota crecimiento. Las canciones siguen resultando tan espontáneas, frescas e imperfectas (la imperfección como virtud) como siempre, pero tienen otra profundidad y otro vuelo.

Aquel era un trabajo más crudo, más severo, más nervioso, que nos mostraba a una Lidia a medio camino entre los garajes escupe sonidos de Olympia y los caminos polvorientos de un Nashville imaginario que en su cabeza adquiría encantadores tintes mágicos. “En el cementerio peligroso” desprende un humor de fondo más añorante, un sentimiento más íntimo, más cercano a la piel, y mucho menos marcado por la desaforada imaginación fantástica que reinaba sobre cada canción del primer álbum.

La incorporación -muy comedida y muy acertada- de nuevos timbres instrumentales hace que el conjunto del álbum se percibe como una obra más redonda, más acabada, que se beneficia enormemente de la profundidad espacial que ha aportado a la grabación la añeja maquinaria vintage de los estudios Circo Perroti, auténtico santuario de lo analógico. A la vez, y a pesar de la carga de psicodelia ligera que confiere a algunas temas la presencia -una particular presencia- de guitarras eléctricas, podríamos hablar de un disco más naturalista (letras como la de “Su nombre es Chaan” son una estampa, deformada, de puro costumbrismo urbano) y naturalizado en el que Lidia parece sentirse mucho más cómoda y relajada en su nuevo rol de singer-songwriter de horma norteamericana y prisma lírico (algo menos) alucinado.

Entre los pinos” abre fuego con contagiosa determinación ( “Con mi casco de minero con lámpara incorporada me abro paso en la oscuridad”), exhibiendo un perfil lírico mucho más realista que aquel que primaba en su anterior trabajo. “Perdóname” es folk embebido de un alma negra, sorprendido por esos pellizcos de guitarra enchufada que parecen perseguir el humor del blues eléctrico de Chicago. Lidia se luce con la armónica en “Su nombre es Chaan”, uno de los momentos, junto a “Guinglain” (esas segundas voces son oro), más vigorosos y pataleantes del álbum. Y entre las más agradables sorpresas, “En el fondo del mar”, una intoxicante fantasía acuática en la que timbales y guitarras eléctricas envueltas en ecos de lejanía -¿ Ennio Morricone escribiendo una de sus bandas sonaras para Sergio Leone dentro de una pecera?- brindan el contrapunto armónico y espacialista a una guitarra acústica extrañamente atonal; o “En el cementerio peligroso”, con un algo corcobadiano en ciertos dejes de melodía y voz, y una aventurera producción que viste un esqueleto de folk (que por momentos parece querer teñirse de dosis ligeras de gospel y soul, a lo Odetta) en claves repiqueteantes y burbujeos ácidos que le confieren al tema un aire psicodelico, a lo Rubble, que le sienta la mar de bien a la música de Lidia; o ese weird blues onírico, acústico y tirante a la manera del Delta, llamado “Eco Eco”; o la calidez que aporta el piano a “Echo a Correr”, una pequeña gema folk-pop que uno se imagina cantada a dúo con el Dylan de Blonde On Blonde.

Poco más que añadir. Estas líneas no son más que una apostilla a aquellas otras que vertimos en nuestro especial. Ahí están sus canciones para que tú las juzgues. Bienvenido al personal e intransferible mundo de Lidia Damunt.

Luis M. Rguez

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