Liber Dogma Liber Dogma

Álbumes

The Black Dog The Black DogLiber Dogma

7.5 / 10

SOMA RECORDS

La música del azar es así de maliciosa. No deja de resultar curioso que el nuevo trabajo de Ken Downie, el hombre detrás de los The Black Dog post-separación, haya coincidido (casi) en el tiempo con el “Scintilli” de Plaid, nuevo LP de Andy Turner y Ed Handley, sus ex compañeros de equipo en los primeros años 90. Parece que han pasado millones de años desde que el grupo se escindiera. Muy atrás quedan los días en que el trío moldeó las curvas del sonido intelligent techno y convirtió la IDM en jabugo electrónico para una generación techonide necesitada de nuevos estímulos cerebrales. Pero bueno, ya se sabe, tres son multitud, aunque hasta ahora ni unos ni otros hayan igualado las cotas de genialidad de sus orígenes. Nótese el “hasta ahora”.

Lo cierto es que en las postrimerías de 2011, cuando ya parecía que la silueta de The Black Dog se había diluido casi por completo en el nuevo firmamento del underground británico a pesar de aquel regreso triunfal en forma de “Radio Scarecrow” (2008) y “Further Vexations” (2009) –soberbios ejercicios de IDM al galope que, sin embargo, no incidieron más allá de los fans de siempre–; cuando teníamos la guardia baja en espera del croché al mentón, el viejo Downie nos regala ahora otra inesperada caricia de la vieja escuela que pone las orejas de punta. Inspirado directamente en el sonido que el británico ejecuta con sus partners in crime desde hace unos cuantos años, Martin y Richard Dust, de Dust Science Rercordings, “Liber Dogma” es el billete de avión que todos los nostálgicos del 4/4 soñábamos con comprar: viaje de ida a la frialdad bailable más 90s; asiento de primera clase para visitar los afilados atolones del intelligent más virginal –lejos del colchón ambiental del anterior “Music For Real Airports”, pero más cerca de los orígenes–.

En este supuesto revival no hay nada que apele al romanticismo. De hecho, los bleeps, los bombos espartanos y la parafernalia cósmica que dan brillo el pelaje del álbum huelen a reivindicación de aquellos días en que la música de baile era dura, compleja y futurista. Otra reivindicación más de una forma de entender el techno en su estado más puro. El equilibrio justo entre baile y estímulo cerebral. Y es que las piezas de este motor son artesanales, no se oxidan, están ensambladas por la mejor mano de obra. Bajos intrigantes – “Silent Scape”–, electro industrial – “Drop Kick Kali”–, ligeras descargas de ruido blanco – “Worship: The Drum”–, atmósferas inquietantes – “The Death Ov The Black Sun”–, sónares de ultratumba – “Bird Siren”–; un back to basics, en resumen, que tiene pleno sentido en una época en la que es necesario tener claro que el techno imperecedero se hace así. Y es que los loops caleidoscópicos de “Eden 353” y los sintetizadores mercurianos de la increíble “Hype Knot 7” –Detroit redivivo– nos hablan de un techno brumoso con detalles de orfebrería pertenecientes a otra era. Si me dicen que este disco se editó en el 94 me lo creo: no cabe mayor elogio.

Óscar Broc

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