Legendary Classics, Vol. 1 Legendary Classics, Vol. 1

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R.A. The Rugged Man R.A. The Rugged ManLegendary Classics, Vol. 1

9.1 / 10

R.A. The Rugged Man  Legendary Classics, Vol. 1GREEN STREETS ENTERTAINMENT

No hay nada ni nadie más hip hop que R.A. The Rugged Man. No existe personalidad y trayectoria más fascinante en el género que la suya, tanto por su talento radical como por toda la mística que le rodea. Foco constante de rumores, leyendas, medias verdades, medias mentiras y anécdotas cambiadas y reformadas centenares de veces a lo largo de las dos últimas décadas, justo desde que este MC neoyorquino empezara a armar jaleo y ruido en la escena underground de la Gran Manzana, de él se ha dicho absolutamente de todo, pero nos quedaremos con algunos detalles sobre su vida y su personalidad que han acabado trascendiendo e instalándose, sean ciertos o no, en la conciencia colectiva de los headz. Se dijo, y se insiste en ello, que durante una temporada el rapper se convirtió en un homeless que dormía en la calle y en refugios para mendigos y veteranos de guerra sin hogar; se dijo, y él ha sido el primero en propagarlo, que padece brotes de locura y que no está del todo cuerdo; se dijo que ha participado en algunas películas porno; y se ha dicho, y esto muchos lo corroboran, que cuando acabó de grabar una canción con Notorious B.I.G., el desaparecido MC de Brooklyn, atónito ante el vendaval lírico con el que había compartido estudio, afirmó: “I thought i was the illest” (“creía que yo era el mejor”). Yo me las creo todas, si sirve de algo.

Hay más. Su padre luchó en Vietnam, donde quedó expuesto y afectado por el Agent Orange, herbicida que el ejército estadounidense esparció por toda la jungla vietnamita para rebajar la vegetación y dificultar las posibilidades del enemigo, que utilizaba la densa y frondosa selva para sorprender a los americanos. El componente químico no sólo perjudicó la salud de su padre, sino que también es el responsable de que su hermano, fallecido a los 10 años, naciera ciego y discapacitado, de que su hermana naciera muda y, quién sabe, de que el naciera como una chota, o eso mismo argumenta el artista. Descendiente de la clase trabajadora blanca de los suburbios de Nueva York, pobre como una rata, feo, desgarbado, conflictivo, maleducado, fan de las chicas entradas en kilos, apasionado del porno y del cine de terror, violento y descarado, R.A. The Rugged Man es el último tipo al que asociarías con el rap underground de la ciudad estadounidense y, en cambio, es una enciclopedia viva del mejor hip hop, una figura que ha colaborado con la élite del género (de Biggie a Kool G Rap, pasando por Mobb Deep o J-Live), una de las personalidades más respetadas en la escena, uno de los MCs más brillantes, imprevisibles y contundentes de la historia y, sobre todo, el mejor rapper blanco de todos los tiempos.

En pleno bullicio mediático de Eminem, muchos fueron los críticos internacionales y patrios que se aventuraron a proclamarle el mejor MC de rostro pálido que había surgido del entorno rap, pero cuando esto sucedía R.A. The Rugged Man ya tenía los huevos pelados de patearse escenarios de todo el país, de pelearse con la industria (en los 90 fue expulsado de Jive y Capitol sin tener la oportunidad de publicar algo) y de generar un runrún a su alrededor más propio de un negro protegido por grandes popes del momento que de un blanco barbudo fofo con pinta de mendigo. Y todo eso con un solo disco publicado en casi veinte años, “Die, Rugged Man, Die”, una puesta de largo notable que, pese a todo, no acababa de hacer justicia a sus posibilidades. En todo caso no hay comparación posible entre ambos rappers: en cualquier análisis o contienda que se proponga Slim Shady tiene las de perder, su flow y sus rimas no pueden aguantarle dos asaltos al potencial lírico de R.A. The Rugged Man, probablemente el nombre más infravalorado, maltratado y desconocido de la crónica reciente del género. ¿Quién puede presumir de haberse merendado a Notorious B.I.G. en un téte a téte? Más bien nadie. Y tan sólo hace falta escuchar “Cunt Renaissance” para darse cuenta de que nuestro protagonista sí puede alardear de ello. Sencillamente le fulmina. Motivo más que suficiente para hacerse con este primer volumen de la particular y desordenada antología de aquellos clásicos perdidos que, como si se tratara de hijos o perros, el gran R.A. ha ido dejando desperdigados por ahí.

“Legendary Classics, Vol. 1”, que incluye un DVD con material visual del artista, siempre imprescindible y altamente provocador, no es la recopilación perfecta ni la mejor carta de presentación posible de R.A. The Rugged Man. Sobran algunas canciones que se pueden encontrar con facilidad, faltan otras que no hay forma de dar con ellas (intuyo que se las ha guardado para un segundo volumen), el orden es caótico, sin mucho sentido, y no ha habido ningún esfuerzo por remasterizar y mejorar la calidad de sonido de las piezas más viejas y polvorientas. Pero a quién le importan esos detalles secundarios cuando se trata de descubrir o redescubrir a un personaje de estas características, genio absoluto de la rima, capaz de recitarte letras enteras, sin error, de Masta Ace o Kool G Rap, escribir con profundidad y emoción sobre los veteranos de guerra, relatar su fascinación por los coños como si se acabara el mundo, describir y maldecir el mecanismo de funcionamiento de las grandes multinacionales de la industria musical con un jugoso contrato recién firmado, superar a cada uno de los rappers con los que colabora, sin excepción, cagarse en la familia de grandes celebridades del género, con nombre y apellido, confesar interminables borracheras y viajes nocturnos por la perdición, rememorar distintas fases de ruina económica con honestidad o analizarte la filmografía entera de Dario Argento.

Y todo ello con juegos de palabras inigualables, con incesantes guiños cien por cien hip hop, con sentido del humor, cinismo y mala leche, siempre con la misma intensidad límite, como si fuese el último golpe de aliento de su trayectoria, como si no fueran a llegar más canciones, más versos. Es el grado supremo al que puede acceder un rimador, la sumisión incondicional al lenguaje y sus malabarismos, la reivindicación total del rapper como una figura cuya única misión es estrujarse las neuronas y el corazón para escupir rimas de altísima graduación. No se puede describir con palabras el talento sobrenatural de este perdedor, uno sólo puede recomendar, hasta la saciedad, hasta el agotamiento, con toda la pasión que haga falta, que cualquier interesado en la historia del hip hop escuche “Every Record Label Sucks Dick”, su gran himno, para entender en qué consiste esta película, de qué va todo esto del hip hop y lo que es y debería ser un MC. Hoy, tantos años después, esta animalada sigue poniendo los pelos de punta.

En resumen, y por si todavía alguien necesita un empujón más, es conveniente señalar que R.A. The Rugged Man es el anti-glamour y el anti-rapper, sobre todo tal y como contemplamos actualmente este concepto de artista. Va por libre, tiene pinta de sucio, no se casa con nadie, viste como un pordiosero, no enseña oro ni coches de lujo en sus apariciones públicas, sus canciones no tienen estribillos, sus vídeos son pura serie B, no utiliza melodías, sus disses rara vez obtienen respuesta y su discografía se reduce a un álbum oficial y esta recopilación de clásicos perdidos. Y pese a todo, o gracias a todo esto, por qué no, nos encontramos ante uno de los pocos MCs por los que puedes jugarte el cuello, independientemente de con quién grabe o de lo que haga. Uno de los pocos MCs que podría grabar un disco entero con Steve Angello y aun así te comprarías el álbum a ciegas, sin dudarlo. Por si no había quedado suficientemente claro: a día de hoy, una estrofa de R.A. The Rugged sigue valiendo por el 80% de la producción anual del género.

David Broc

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