Legacy Legacy

Álbumes

RP Boo RP BooLegacy

6.8 / 10

Para el que haya seguido la estela jukera de Planet Mu, RP Boo no debe ser un desconocido. Y el que haya ido más allá del catálogo del sello de Mike Paradinas en busca de saciar su hambre de 160 bpms seguramente sepa que este productor está considerado el hacedor del género. Para los neófitos (que no deben ser muchos si han entrado a leer esta review): a finales de los noventa, este señor de Chicago llevó el ghetto-house de los barrios de su ciudad a un nivel más allá, acelerándolo y reinventando tanto los patrones rítmicos como el sampleo tradicional. La evolución se puede apreciar desde los primeros temas documentados de RP Boo (“Baby Come On” y “Ice Cream”) hasta el célebre “11-47-99” con el épico sample del “Simon Says” de Pharoahe Monch. Si uno escucha estos temas, podrá ver claramente la filiación genética del material de Dancemania de la época con los nuevos muchachos del footwork que ya pertenecen a la siguiente generación. Precisamente por su estatus de gurú, este “Legacy” despierta especial interés en los interesados por el footwork. Tras haber saboreado estos míticos temas de RP Boo en bastantes podcasts y haber disfrutado de sus aportaciones para los dos volúmenes de “Bangs & Works”, Kevain Space (así se llama nuestro hombre) sirve 15 temas en formato de álbum.

El título del disco, además, impone el respeto inherente con el que se debe digerir. En efecto, las canciones que aquí caben son fieles a esos signos que marcaron la diferencia entre el ghetto house y el footwork moderno. Una librería de clásicos recortados al detalle entremezclada con extractos vocales –a veces fraseos de canciones, a veces material cinematográfico y onomatopéyico, como Tarzán gritando en “Battle In The Jungle”–. Todo servido sobre las celebradas bases sincopadas, aunque las formas de RP Boo no son tan frenéticas como las de otros productores más jóvenes (véase el tarado de EQ-Why). Y, por esta razón, no resultan tan efectivas si el objetivo es poner la pista patas arriba –hay excepciones, lo veremos adelante–. Sin embargo, hay un grado de solemnidad en las formas del productor, una retentiva de los golpes, el zumbido ceremonial, un patrón de drum kit apocado pero suntuoso capaz de hacerte sentir la euforia sin necesidad de moverte. El mejor ejemplo se encuentra en el ecuador del disco, con “Speakers R-4”, un corte tan minimalista como grandioso.

RP Boo también sabe ganarse el favor del oyente con sampleos de temas archiconocidos y archiadorados. En “187 Homicide” recurre al “Cry Me A River” de Justin Timberlake; en “The Opponent” es el “Try Again” de Aaliyah el que sirve de ingrediente principal. Si más allá de interesarte la arqueología musical del footwork, te apetece bailarlo, estos tres temas son lo más interesante del disco. Y las excepciones antes mentadas, dos cortes que tienen más del ghetto y hard-house de DJ Slugo que del catálogo juke contemporáneo: “There U’Go Boi” y “Red Hot” exaltan el palmeo cuadriculado y el bombeo rítmico, más que el pedaleo colérico. Retoman la fórmula previa, el gen, para dar más sentido si cabe al título de este disco. “Legacy” es una nomenclatura pragmática, tiene la intención de ponerle forma a las raíces del género que ha agitado la escena global de baile y que ha enamorado a muchos productores de música bass. Es pasado, bien documentado y disfrutable; pero no es el futuro ni el camino evolutivo del género. Y eso pesa en la digestión.

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