Leche Leche

Álbumes

Gregory And The Hawk Gregory And The HawkLeche

6.5 / 10

Gregory And The Hawk Leche FAT CAT

Los orígenes de Gregory And The Hawk se encuentran en el prejuicio de que los críticos catalogaran la música de Meredith Godreau como la de otra fémina cantautora del montón. Así que Meredith cogió el nombre de su hermano y su halcón imaginario y se bautizó a sí misma como Gregory And The Hawk. Y la verdad es que no cuela, como no coló en su tiempo que Backstreet Boys fueran unos chicos indie del callejón de atrás, supuestamente antisistema y quizás prófugos de unos suburbios como los que describen los sí muy auténticos Arcade Fire. Simple y llanamente, pues, Godreau es una artista intimista y sentimental cuyo mayor valor reside en tocarnos la parte tierna del corazón y hacer que nos sangre algo por ahí. Sus bazas son una voz prodigiosamente dreampopera y una producción pausada y detallista que va a la par con lo que se supone que un consumidor de dream pop y cantautorismo light deba esperar de su género favorito. Además, Gregory and the Hawk lleva(n) unos años en el mundillo habiendo editado ya dos largos, “In Your Dreams” (2007) y “Moenie And Kitchi” (2008).

Entrando ya en la opinión del trabajo que nos ocupa, de portada cautivadora y fantasiosa, “Leche”, entenderán por qué me he detenido en explicar la anécdota de cómo escogió su nombre artístico Godreau. Todo el álbum es un manual de estilo para iniciados en guitarra lamentosa, voz incorpórea y arreglos saltarines. Un sprint que se escucha de corrido, fácil, digestivo y con ese toque indie profesional que basta para que uno atesore Gregory And The Hawk como su descubrimiento secreto del año... hasta que lo escucha por sexta vez y se da cuenta de que se agota como un anciano subiendo cuatro pisos y no queda más que el “sonido bonito”. Y cuidado, que “sonido bonito” no es algo malo (léase una artista similar pero mucho más refinada, como Kaki King). Es un producto bien acabado, y la voz de Godreau espumea sobre la mezcla y las colaboraciones de miembros de Felice Brothers, Amazing Baby y Mice Parade se notan lo suficiente, pero a uno le da la sensación que la vida de las canciones es más corta que la de una abeja, y además ninguna tiene un aguijón, una ayudita, para que queden en el recuerdo. Es cierto que la sombra informe de la Björk de “Vespertine” es alargada (ejemplos en “Landscapes” y “Geysir Nationale”), y que voces como las de Sophie Michalitsianos (Sol Seppy), Hope Sandoval (Mazzy Star) o incluso Ambrosia Parlsey (Shivaree), son el camino a seguir. Pero lo que Godreau pretende a veces (cuando se pone un poco oscura o misteriosa), lo hace mejor Annie Erin Clark (St. Vincent), como podemos comprobar en “Paris Is Burning”. Y cuando se pone facilona, no sabe caer de pie (conatos a la primera época de The Corrs en “Soulgazing”). En suma, manual de estilo, como decíamos, del género, pero sin sobresalir en nada concreto. Ahí están las voces, los temas, los ritmos pausados. Falta el gancho o el erotismo (la antítesis del erotismo es la canción de siesta de sobremesa “Frebeight”), y el empleo inteligente de los ecos y las atmósferas envolventes (demasiado fácil en “Hard To Define”, con ecos ambient de una clase de primaria, y el mix de ecos de “Dream Machine”, convertida en el típico souvenir del dream pop). De hecho, no hay que dejarse engañar ni tan siquiera por la graciosa melodía vocal de “Leaves”. En algunos momentos, uno cree estar escuchando una demo. Si quieren darle una oportunidad, adelante. Pero sepan que éste “Leche” no deja huella: no emborrona ni ojos ni corazones.

Jordi Guinart

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