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7 / 10

Después de que el monstruo “The English Riviera” devorara todo el currículum previo de Metronomy, esta nueva entrega de Late Night Tales no hace más que evidenciar que el nuevo Joseph Mount, lejos de querer ser un iluminado de la vanguardia electrónica, se encuentra más que cómodo en su papel de arqueólogo sonoro. En las entrevistas promocionales de su último álbum de estudio afirmaba que aquellas canciones con aroma a sal marina eran como un homenaje a las melodías que de pequeño oía en la radio de su pueblo. Ciertamente, no hay duda de ello si atendemos a que en esta compilación tanto caen hits incuestionables del AOR como “Eye In The Sky” de The Alan Parsons Project como gemas de soft-pop proclive a la diabetes del estilo de “Seabird” de Alessi Brothers (ésta última bien podría haber servido de guía espiritual para “Everything Goes My Way”).

Pero no todo queda en eso (llamémosle: lo previsible). En el resto de temas, más allá de esos minutos finales en los que se extiende la mano a las tonalidades más folk de Herman Dune ( “Winners Lose”) o la Cat Power de melenazo al viento ( “Werewolf”), se articulan dos elementos bien diferenciados que también podían encontrarse de algún modo en “The English Riviera”. Por un lado, el bajo eléctrico como gran sazonador del groove más actual. Y, por el otro, la confesa admiración por todo aquello que resuene a sintetizador analógico (tanto actual como primitivo). En el primer grupo uno se puede topar con la siempre a reivindicar “Love Caboose” de Geneva Jacuzzi, la hipersexuada “Prototype” de Outkast o aquel “Drunk” con el que Tweet debutaba hace una década. Sin embargo, en la segunda categoría magna es donde Mount ha disparado con mayor atino sus a fetiches personales.

Pese a recurrir al intrascendente reclamo de firmar una versión exclusiva calcada al dedillo y poco sorpresiva de aquel “Hypnose” con el que Jean Michel Jarre, en 1972, aún no había chocado con su megalomanía, lo más interesante del recopilatorio está en el resto de temas del mismo pelaje que se desempolvan para la ocasión. El mejor Chick Corea del aún recordado “My Spanish Heart” que editó en 1976 (concretamente, “El Bozo”), aquel “Cybernaut” con el que Tonto’s Expanding Head Band replicaron las partituras de Jarre desde Inglaterra (antes de que Stevie Wonder les usara como perro lazarillo para su funk galáctico) o el elegante abrigo sintético con el que Appaloosa vistieron hace tres años “The Day (We Fell In Love)”, evidencian a Mount como uno de los mayores rastreadores en la actualidad de las atmósferas sintéticas de ayer, hoy y siempre. Desconocemos qué papel puede jugar la acuosa IDM de los Autechre de “Fold4, Wrap5” en un futuro álbum de Metronomy, pero lo más lógico es pensar que se ha incluido en la compilación porque simplemente le pirra a Mount. Así de simple.

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