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Ryan Hemsworth Ryan HemsworthLast Words

8 / 10

Qué fácil es meterse en el bolsillo a los sibaritas del beat con un primer track de la categoría de “Charly Wingate”: en los casi tres minutos de duración de esta maravilla se compactan con increíble fluidez las constantes de la obra que nos ocupa. Espinazo hip hop diluido en un caldo vibrante de sintetizadores tostadísimos. Tambores de guerra sazonados con líneas hipnóticas, chops de rap y voces femeninas. Y lo más importante, la sensación de que lo que estás escuchando escapa de las coordenadas del hip hop instrumental clásico y se muestra como una canción mutante, llorosa, una historia con principio nudo y desenlace. En “Last Words” la idea principal es esta: coger las migajas del new beat y reconstruir la hogaza psicodélica con un lenguaje más cercano al relato otoñal que a la sucesión lineal de break, loop y sample.

Ryan Hemsworth tiene suerte. Lo que otros tardan Dios y ayuda en conseguir, él se lo saca de la chistera sin esfuerzo. El Hado de la Lisergia Californiana le ha concedido el don de la sensibilidad. Una sensibilidad artificial, digital, robótica, pero no por eso menos efectiva. Su capacidad para hurgar en la región cerebral donde reside la nostalgia es increíble. Todas y cada una de las cinco pistas que incluye este artefacto invitan a la exploración interior, al fantaseo emo, al puchero nocturno, pero sin recursos facilones, sin guitarritas acústicas, el tipo lo hace hablando siempre en la jerga de los psiconautas electrónicos angelinos.

“Slurring”, por ejemplo, roza la obra maestra. Lo digo en serio. Una progresión a ritmo de caracol con momentos de épica digital que te dejan congelado en el sofá. Es hip-hop, es pop ártico, es ‘emostep’, es algo que repta con movimientos bellísimos y se crece en tu oído a medida que avanza la canción y se superponen los claps en un final apoteósico. “Color & Movement”, pese ser el tema más reconocible, podría pasar por una colaboración entre Baths y Gang Colours: amorosa, delicada, futurista, extasiante. “Overthinking” es quizás la pintura que más me atrapa. Loops de voces feéricas y graves acolchados juguetean en un guateque de psicodelia romántica que sabe a poco –podría durar diez minutos y no me cansaría de ella–. Y hay que loar también las polirritmias en cascada de “The Happy Mask Show”: drum’n’bass, hip hop, cantos eclesiásticos, muro de sintetizadores opiáceos…

Definitivamente, Hemswroth tiene algo que le hace distinto. No es de extrañar, pues, que Sholohmo le haya reclutado para engrosar la familia Wedidit. De hecho, el beatmaker cubista también zurce un enorme remix de “Colour & Movement” con altas dosis de bass cavernoso en slow motion e IDM de nueva generación. Apasionante resulta también la remezcla de Baauer de “Slurring”, un magnífico giro trap con aromas a AraabMuzik que desfigura por completo el original sin restarle poder. “Supreme Cuts” por su parte hace magia con “Overthinking”, regando con efectos trance, hip hop electrónico y sintetizadores invernales el molde primigenio. Demasiada calidad en el apartado de reconstrucciones como para que brille el curioso experimento de dub gutural que Sam Tiba & Canblaster se marcan en “Charly’s Mask Shop”. Es la única mácula de “Last Words”, una obra corta, pero enorme. En cuanto estampe mi nombre en esta crítica, el otoño habrá empezado de verdad.

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